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jueves, 1 de mayo de 2008

ANTIGUOS CUENTOS POPULARES DEL JAPON



Antiguos cuentos del Japon
Cuentos populares


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Los seis Jizos y los sombreros de paja

Erase una vez un abuelito y una abuelita. El abuelito se ganaba la vida haciendo sombreros de paja. Los dos vivían pobremente, y un año al llegar la noche vieja no tenían dinero para comprar las pelotitas de arroz con que se celebra el Año Nuevo. Entonces, el abuelito decidió ir al pueblo y vender unos sombreros de paja. Cojió cinco, se los puso sobre la espalda, y empezó a caminar al pueblo.
El pueblo caía bastante lejos de su casita, y el abuelito se llevó todo el día cruzando campos hasta que por fin llegó. Ya allí, se puso a pregonar:

" ¡Sombreros de paja, bonitos sombreros de paja!
¿Quién quiere sombreros?"

Y mira que había bastante gente de compras, para pescado, para vino y para las pelotitas de arroz, pero, como no se sale de casa el día de Año Nuevo, pues, a nadie le hacía falta un sombrero. Se acabó el día y el pobrecito no vendió ni un solo sombrero. Empezó a volver a casa, sin las pelotitas de arroz.
Al salir del pueblo, comenzó a nevar. El abuelito se sentía muy cansado y muy frío al cruzar por los campos cubiertos ahora de nieve. De repente se fijó en unos Jizos, estatuas de piedra representando unos dioses japoneses. Había seis Jizos, con las cabezas cubiertas de nieve y las caras colgadas de carámbanos.
El viejecito tenía buen corazón y pensó que los pobrecitos Jizos debían tener frío. Les quitó la nieve, y uno tras uno les puso los sombreros de paja que no pudo vender, diciendo: " Son solamente de paja pero, por favor, acéptenlos...:
Pero solo tenia cinco sombreros, y los Jizos eran seis. Al faltarle un sombrero, al último Jizo el viejecito le dio su propio sombrero, diciendo: "Discúlpeme, por favor, por darle un sombrero tan viejo ." Y cuando acabó, siguió por entre la nieve hacia su casa.

El abuelito llegaba cubierto de nieve. Cuando la abuelita le vio así, sin sombrero ni nada, le pregunto que qué pasó. El le explicó lo que ocurrió ese día, que no pudo vender los sombreros, que se sintió muy triste al ver esos Jizos cubiertos de nieve, y que como eran seis tuvo que usar su propio sombrero.
Al oír esto, la abuelita se alegró de tener un marido tan cariñoso:
"Hiciste bien. Aunque seamos pobres, tenemos una casita caliente y ellos no." Abuelito, como tenía frío, se sentó al lado del fuego mientras abuelita preparó la cena. No tenían bolitas de arroz, ya que abuelito no pudo vender los sombreros de paja, y en vez comieron solamente arroz y unos vegetales en vinagre y se fueron a cama tempranito.

A la media noche, el abuelito y la abuelita fueron despiertos por el sonido de alguien cantando. A lo primero, las voces sonaban lejos pero iban acercándose a la casa y cantaban:

"¡Abuelito dio sus sombreros
A los Jizostodos enteros
Alijeros, a su casa, alijeros!"

El abuelito y la abuelita estaban sorprendidos, aún más cuando oyeron un gran ruido, "¡Bum!" Corrieron para ver lo que era, y vaya sorpresa les dio al abrir la puerta.
Paquetes y paquetes montados uno sobre otro, y llenos de arroz, vino, pelotitas de arroz, decoraciones para el Nuevo Año, mantas y quimonos bien calientes, y muchas otras cosas. Al buscar quien les había traído todo esto, vieron a los seis Jizos, alejándose con los sombreros de abuelito puestos. Los Jizos, en reconocimiento de la bondad del abuelito, les habían traído estos regalos para que los abuelitos tuvieran un prospero Nuevo Año.


La Grulla Agradecida

Erase una vez había un joven que vivía solo en una casita al lado del bosque. De regreso a casa durante un día de invierno bastante nevoso, oyó un ruido extraño. Se puso a caminar hacia un campo lejano de donde venía el sonido, y allí descubrió una grulla tumbada sobre la nieve llorando de dolor. Una flecha incada en la ala tenía, pero el joven, muy cariñoso, se la quitó con mucho cuidado. El pájaro, ya libre, voló hacia el cielo y desapareció.
El hombre volvió a casa. Su vida era muy pobre. Nadie le visitaba, pero esa noche a la puerta sonó un frap-frap-frap. "¿Quién será, a esta hora y en tanta nieve?" pensó él. ¡Qué sorpresa al abrir la puerta y ver a una mujer joven y bonita! Ella le dijo que no podía encontrar su camino por la nieve, y le pidió dejarla descansar en su casa, para lo cual él fue muy dispuesto. Se quedó hasta el amanecer, y también el día siguiente.

Tan dulce y humilde era la mujer que el joven se enamoró y le pidió ser su esposa. Se casaron, y a pesar de su pobreza, se sentían alegres. Hasta los vecinos se alegraban de verlos tan contentos. Pero el tiempo vuela y pronto llegó otro invierno. Se quedaron sin dinero y comida, tan pobres como siempre.

Un día, para poder ayudar un poco, la mujer joven decidió hacer un tejido y su marido le construyó un telar detrás de la casa. Antes de empezar su trabajo ella pidió a su marido prometerla nunca entrar al cuarto. El lo prometió. Tres días y tres noches trabajó ella sin parar y sin salir del cuarto. Casi muerta parecía cuando la mujer joven por fin salió, pero a su marido le presentó un tejido hermoso. El lo vendió y consiguió un buen precio.

El dinero les duró bastante tiempo pero cuando se acabo todavía seguía el invierno. Ya que, otra vez se puso a tejer la mujer joven, y otra vez su marido le prometió no entrar al cuarto. Fueron no tres sino cuatro días cuando ella, viéndose peor que la vez siguiente, salió del cuarto y le dio a su marido un tejido de tan gran maravilla que, al venderlo en el pueblo, consiguieron dinero suficiente para dos inviernos duros.

Mas seguros para el futuro que nunca, desafortunadamente el hombre se hizo avaro. Tormentazo, tanto por el deseo de ser rico como por los vecinos siempre preguntándole que cómo se podía tejer sin comprar hilo, el joven le pidió a su señora hacer otro tejido. Ella pensaba que tenían bastante dinero y que no había necesidad, pero el avaricioso no dejaba de insistir. Puesto que, después de recordarle a su marido la promesa, la mujer se metió en el cuarto a trabajar.

Esta vez la curiosidad no le dejaba al hombre en paz. Ignorando su promesa, fue al cuarto donde su señora trabajaba y abrió un poquito la puerta. La sorpresa de lo que vio le hizo escapar un grito. Manejando el telar estaba no su señora sino un pájaro hermoso, cual de las plumas que se iba arrancando de su propio cuerpo hacia un tejido igualmente hermoso. Cuando el pájaro, al oírle gritar, se dio cuenta de que alguien la miraba dejó de trabajar y de repente su forma se convirtió a la de la mujer joven.

Entonces, ella le explicó su historia, que ella era esa grulla cual él ayudó y que, agradecida, se convirtió a mujer, y que empezó a tejer para ayudarle no ser pobre, esto a pesar del sacrificio que tejer con las plumas de su propio cuerpo le costaba. Pero, ahora que él sabía su secreto, tendrían que dejar de ser juntos. Al oír esto, el prometió que la quería más que todo el dinero del mundo, pero ya no había remedio. Cuando acabó su historia, ella se convirtió a grulla y voló hacia el cielo.


Issunboshi

Erase una vez un viejecito y una viejecita. Nunca pudieron tener niños, y esto les hacia sentir muy tristes, tal que le pidieron a los dioses que le dieran un niño: "Aunque no fuera ni mas grande que un dedo, estaríamos contentos."
Y un día, tuvieron un bebe tan alto como un dedo. El viejecito y la viejecita estaban muy contentos, tanto tiempo habían esperado. Al bebé le llamaron "Issunboshi", que quiere decir pequeño y chiquitito, y le cuidaron con mucho cariño. Los años pasaron pero Issunboshi no crecía. A los tres años de edad, a los cinco, a los diez, siempre tenia la misma talla que tuvo el día que nació, es decir, la talla de un dedo. Sus papás se preocupaban mucho por esto. Le hinchaban de comida e hicieron todo lo posible, pero sin remedio. El chiquitito no crecía ni un pelo.
Tan pequeñito era Issunboshi que no podía ayudar a la viejecita en la casa, y al salir al campo con el viejecito Issunboshi solamente podía portar una brizna de hierba a la vez. Issunboshi era buen cantante y bailarín, pero a pesar de esto le caía muy malamente el no poder ayudar a sus papás. Además, los otros niños del pueblo siempre se reían de él y le burlaban con Œenanito¹. Todo esto le dejaba muy triste, y decidió hacer un viaje. Le dijo al viejecito y la viejecita: "He decidido ir a la capital para buscar empleo."
El viejecito y la viejecita se sentían tristes al oír esto, pero le dieron un plato de sopa, un palillo de comer, y una aguja, y le desearon buena suerte. El chiquitito se puso el plato de sopa como gorro, la aguja como espada en la cintura y el palillo como caña de caminar, y se fue.

Caminaba y caminaba pero la capital caía muy lejos. En medio camino se encontró con un una hormiga y le preguntó si la ciudad estaba aún lejos.
La hormiga contestó:

"Vaya a través los dientes de león,
cruza el campo de girasoles,
y siga hacia el río."
Issunboshi le dio gracias a la hormiga y camino por entre los dientes de león y los girasoles hasta llegar al río. Allí, el plato de sopa que usaba como paraguas se convirtió ahora a barco y el palillo a palo para empujar, e Issunboshi se embarcó sobre el río. Después de un rato llegó a un puente grande sobre cual había mucha gente. Al ver esta multitud, Issuboshi se imaginó que está era la capital y se bajó del barco.
La capital era muy grande, llena con muchísima gente de aspecto muy ocupado. Para el pequeñito Issunboshi, era un sitio peligroso, ya que a cualquier momento alguien podría pisarle sin ni darse cuenta. Issunboshi pensó que tendría que tener mucho cuidado, y que sería mejor caminar por las calles mas calladas. Mientras se paseaba dio con una casa grande; era la residencia de un rico y poderoso señor. Issunboshi se presento al portal y llamó: "¡Por favor! ¿Hay alguien?"
Un hombre se asombró pero no vio al pequeñito Issunboshi y volvió murmurando: "Pensé que oí alguien pero no hay nadie.:
Otra vez Issunboshi llamó: "Aquí estoy, al lado de los zapatos."
El hombre miró hacia los zapatos y por fin vio a Issunboshi. Jamás vio alguien tan pequeño. El hombre se agachó, recogió al chiquitito y le puso en la mano, mirándole con gran interés. Al fin, le llevó al cuarto de la princesa. Allí, Issunboshi bailó y cantó con tanta gracia que todos en el cuarto se encantaron de él. En particular a la princesa le gustó tanto este niñito de tamaño dedo que decidió mantenerle siempre con ella.

Issunboshi continuó a vivir en la gran casa del señor, como ayudante de la princesa: cuando ella leía, él daba vuelta a las paginas; cuando ella practicaba la caligrafía, él le hacía la tinta. A la misma vez, Issunboshi practicaba la esgrima con la aguja. Issunboshi siempre permanecía al lado de la princesa, y ella nunca faltaba de traerle durante su paseo.

Un día al regreso a casa después de visitar el templo Kiyomizu un bandido la ataco y trató de secuestrarla. Pero Issunboshi la acompañaba y en voz alta exclamó: "¡Déjala en paz! ¡Yo, Issunboshi, estoy aquí! ¡Cuídate, maldito!"
El bandito, al ver el pequeñito Issunboshi, se puso a reír: "¿Tú, enanito? ¿Qué me vas a hacer, morderme el tobillo? Y, ¡se lo tragó! Pero Issunboshi era bravo. Le hincó la aguja en el estómago y siguió hincándole con toda su fuerza mientras subía la garganta. El bandito se retorcía de dólar y gritaba: "¡Ay, ay!" Pero Issunboshi no paró hasta que por fin dio un salto afuera por la nariz del bandito, quien se escapó corriendo.

La princesa, ya salvada, recogió algo que el bandito abandonó al huirse. ¡Era un martillo mágico! Ella le explicó a Issunboshi que: "Esto es un martillo mágico. Con solamente sacudirlo, cualquier deseo que tengas será cumplido." La princesa reconoció que Issunboshi le había rescatado, y le preguntó a Issunboshi: "¿Cuál es tu deseo?"
El pequeñito Issunboshi, tamaño dedo, contestó inmediatamente: "Mi deseo es ser grande."
La princesa sacudió el martillo mágico y repetía las palabras:

"Grande, grande.
Que el pequeñito Issunboshi se haga mas grande."
Issunboshi empezó a crecer y crecer, y pronto delante de la princesa había un hombre joven encantador.
Cuando llegaron a la gran casa, la princesa le contó a su papá, el gran señor, las hazañas de Issunboshi y su metamorfosis. El señor, agradecido, le dio permiso a su hija para casarse con Issunboshi, e Issunboshi invitó a su viejecito papá y mamá a la capital para vivir todos juntos. Todos se quedaron muy alegres. Colorin, colorado, este cuento se ha acabado.


La Montaña Crujiente

Erase una vez un abuelito y una abuelita vivían solitos en una casita. Cada día el abuelito se iba a trabajar en el campo, y mientras sembraba arroz cantaba:

"Un grano, y de él miles."

Cada día también venía después de el abuelito un tejón, que cantaba:
"Un grano y uno solo. Y todos me los comeré."
Y cuando el viejecito volvía al campo el día siguiente, veía que no le quedaba ni un solo grano. Por culpa de esto, los abuelitos vivían pobremente.

Un día el abuelito, al ver que otra vez el tejón se había comido todo, se enfadó tanto que decidió atrapar al tejón. El abuelito empezó a sembrar y cantar, como siempre, hasta que por fin llegó el tejón. De repente, el abuelito dio un salto, y en un abrir y cerrar de ojos atrapó al tejón malo y le ató con una cuerda fuerte.

Cuando el abuelito llego a casa con su prisionero, le dijo a la abuelita: "Abuelita, ven y mira lo que cogí hoy. Calienta la cazuela y haznos un buen cocido de tejón." y el abuelito volvió al campo.
La abuelita empezó a moler arroz para hacer galletas para la cena.

El tejón, que era muy taimado, le dijo a la abuela: "Abuelita, mira que eso de moler arroz, usted solita, a sus añitos, deberá ser mucho trabajo. ¿Por qué no me desata para poder darle una mano?" La abuela vacilo, pensando que el abuelito se enfadaría. Pero él tejón insistía tanto como quería ayudarla que, al fin, la abuelita decidió dejarle suelto para un poquito. A lo primero el tejón fingió ayudarla y cogió el mano de mortero; pero en vez de moler arroz le dio un bastazo a la abuelita sobre la cabeza y se fugó corriendo. Cuando el viejecito llegó a casa y encontró a la viejecita ya muerta, se puso a llorar. Una liebre, viéndole llorar, le pregunto el por qué de sus lagrimas, y el viejecito le contó su historia. "Vale, yo me vengar por ti." dijo la liebre, y se fue hacia las montañas.

La liebre se puso a recoger leña. Después de un rato, el tejón se acerco y le preguntó que qué hacía. "Este invierno va a ser muy frío, y me estoy preparando," le contesto. El tejón pensó que esto era una buena idea y empezó a ayudar a la liebre. Pronto, tenían un buen montón de leña. Se montaron la leña sobre la espalda y empezaron a bajar la montaña. A medio camino, la liebre empezó a quejarse: "¡Como pesa! ¡Ay, como pesa!" El tejón, para ayudar a su nuevo amigo tanto como para no oírle quejar todo el tiempo, tomó todo la leña de la liebre y se la puso sobre su propia espalda. Al seguir el camino, la liebre, quien caminaba detrás del tejón, comenzó a chocar unas piedras sobre la leña para que se prendiera en fuego.

Cuando el tejón le preguntó que qué era ese ruido, la liebre le contestó que ésta era la Montaña Crujiente, y que el sonido era de los pájaros pegando a loas árboles con los picos. Por fin la leña empezó a quemarse, y al oír las llamas del fuego el tejón le preguntó otra vez a su nuevo amigo lo que era.
"Ese sonido es el llanto de los pájaros, y por eso también le llaman a esta montaña la Montaña de los Pájaros que Llantan." Al quemarle la piel, el tejón comenzó a gritar pero la liebre se escapó corriendo.

El día siguiente, la liebre se puso esta vez a recoger pimientos rojos para hacer picante. AL verlo el tejón, éste se enfado y le chilló que por su culpa la espalda se le había quedado horriblemente quemada.
La liebre se hizo el tonto y le contestó:

"Las liebres de la Montaña Crujiente son las liebres de la Montaña Crujiente.
Los de la Montaña de los Pimientos son los de la Montaña de los Pimientos.
No sé de lo que hablas."
El tejón pensó que éso tenía razón. Le pidió en vez a la liebre si por acaso tenía alguna medicina para las quemaduras.
"Vaya suerte, ahora mismo la estoy preparando", le dijo la liebre al tejón y empezó a cubrirle la espalda con la pimienta. Al principio el tejón no sentía nada, pero poco a poco la pimienta le dejó en peor dolor que antes. En ese momento, la liebre corrió y se escapó otra vez.

El día siguiente la liebre se fue a la montaña de nuevo. Esta vez empezó a cortar árboles, pare hacerse un barco. El tejón llegó, la espalda doliéndole muchísimo, chillándole a la liebre que por culpa de su medicina casi se murió ayer en la montaña de los Pimientos.
La liebre, como si nunca le hubiera conocido, contesto:

"Las liebres de la Montaña de los Pimientos son las liebres de la Montaña de los Pimientos.
Las de la Montana de los Cedros son las de la Montaña de los Cedros.
¿Tú quien eres?"
O la liebre era buen actor o el tejón era bastante crédulo, la cosa es que otra vez el tejón se creyó lo que la liebre le decía. Al enterarse de que la liebre planeaba hacerse un barco, le pregunto por qué.

Cuando la liebre le dijo que era para ir de pesca en el río, el tejón quiso un barco también. "Bueno, yo me hago el barco de color blanco por que la piel la tengo blanca. Tú, ya que tienes pelo marrón, te vendría mejor hacer el barco de tierra.", le explicó la liebre al tejón. Cada uno acabó de construirse su propio barco y se fueron juntos al río. Ya en el agua, el barco de tierra del badger comenzó a disolverse. En muy poco tiempo, el tejón se encontró hundiéndose en el agua. Se ahogaba y gritaba:"¡ Socorro, socorro, ayudame!" Pero la liebre, impasible, le dijo: "Recuerdate ahora de la pobre abuelita que murió por tu culpa," y le abandonó.
La liebre se fue al abuelito. Le anunció que el tejón estaba muerto. Pero en vez de alegrarse el viejecito se entristeció. Pensó que la muerte del tejón no le devolvería la abuelita, y que la venganza no valía para nada.

lunes, 24 de marzo de 2008

ADIVINAS Y ACERIJOS POPULARES HISTORICOS ESPAÑOLES -- SOLUCIONES

Adivinas y acertijos populares
***



Adivina
Yo vi un toro bramar desde una nube.
Vi salir fuego de una cantimplora.
Vi salir agua, es cierto, de un arado.
Vi dos bueyes hablar a una señora.
Vi dos hombres comiéndose un caballo.
Vi unos perros jugando a la pelota.
Vi unos niños tragarse tres navíos.
Vi el alto mar de leche abastecido.
Vi una taza de cien codos.
Vi una torre que andaba por un prado.
Vi una vaca tocar la chirimía.
Vi un sacristán verdad, por vida mía.



Acertijos populares
***
1. Un tercero en este mundo
a Dios limosna pidió;
Dios le dio lo que pedía,
mas de un cuarto no pasó;
y al regocijo del cuarto,
se gastó más de un millón.

2. De bronce el tallo,
las hojas de esmeralda,
de oro el fruto,
las flores de plata.

3. Una estancia abovedada,
donde el eco se recrea;
un batallón de soldados
repartido en dos hileras;
no son los más fuertes machos,
que son las más fuertes hembras;
está una mujer entre ellas
por parlanchinota presa.

4. Cuando más chicos, más grandes;
cuando más grandes, más chicos.

5. Soy alguacil de las damas
y ministro singular,
ando cargado de varas,
sin prender ni castigar.

6. Yo y mi hermana, diligente,
andamos por un compás,
con el pico por delante
y los ojos hacia atrás.

7. En Francia fuí fabricado,
en España soy vendido,
y con afán por las damas
siempre he sido pretendido.
Si me prenden, prendo;
si me sueltan, soy perdido.

8. Somos muchas compañeras,
que unidas y de un color,
gastamos de tres maneras,
aunque alguna tal cual vez
trastornamos la mollera.

9. Es una red bien tejida,
cuyos nudos no se ven,
y duran toda la vida.
En esta red de pescar,
unos claman por salir,
y otros claman por entrar.

10. En el aire me crié
sin generación de padre,
y soy de tal condición,
que muero y nace mi madre.

11. Di la muerte al concebir
al que me vino a buscar,
cuya muerte he de pagar
al tiempo de yo parir.

12. La última soy en el cielo,
con Dios en tercer lugar,
me embarco siempre en navío,
y nunca estoy en la mar.

13. Una, una y una,
una, dos y tres,
contaban dos amantes,
contaban veintitrés,
contaban dos amantes,
y no contaban cien.

14. Me llaman pan, sin ser pan.
tengo voces de alegría,
y me sacan en los días
de mayor celebridad;
de bofetadas me dan,
y yo, puesto en un madero,
pienso de que fuí cordero,
mas no soy Dios ni soy pan.

15. Preñado dicen que estoy,
y jamás a parir vengo;
lomos y cabeza tengo,
y aunque vestido no estoy,
muy grandes vidas mantengo.

16. Ayer era, hoy no soy,
ayer no era, hoy sí.

17. ¿Quién fue el que no nació,
y su madre se lo comió?

18. Mi ser por un punto empieza,
por un punto ha de acabar;
el que mi nombre acertare,
sólo dirá la mitad.

19. En el campo me crié,
metida entre verdes lazos;
aquel que llora por mí,
ese me hace pedazos.

20. Soy alto y hermoso,
ando a la ventura,
por do paso corto,
y coso sin costura.

21. Justo me llaman, y doquier
soy alabada sin tasa;
a todos parezco bien,
nadie me quiere en su casa.

22. Dime, si eres entendido,
esto cómo puede ser,
que ni tres son más que dos,
ni dos son menos que tres.

23. El boticario y su hija,
el médico y su mujer,
se comieron nueve huevos,
y les tocaron a tres.

24. Dos son tres, si bien se advierte;
tres son cuatro, si se mira;
cuatro, seis, y de esta suerte,
seis son cuatro, sin mentira.

25. Un convento chiquitito;
las monjas son de marfil;
más arriba dos ventanas
más arriba dos espejos,
y más arriba la plaza del pensamiento.

26. El que la hace, la hace cantando;
el que la busca, la busca llorando;
el que la disfruta no la ve.
¿Qué es?

27. Al ver dos hombres que venían,
dos mujeres, una a otra, decían:
Allí vienen nuestros padres,
maridos de nuestras madres,
padres de nuestros hijos
y nuestros propios maridos.

28. Más de veinte vecinos
en una sala,
los que nunca se juntan,
y nunca se hablan.

29. Encerrada siempre estoy,
en invierno y en verano,
y sólo me dejó ver
de médico y cirujano.

30. Limpio, claro, acrisolado
es mi ser, y aunque estoy muerto,
en toditas mis acciones
alma parece que tengo;
si se ríen, yo me río;
si lloran, hago lo «mesmo»,
sólo me falta el hablar;
en lo demás, estoy diestro.

31. En el cielo no lo hubo,
en la tierra se encontró,
Dios, con ser Dios, no lo tuvo,
y un hombre a Dios se lo dio.

32. De arena un grano
puede pararme,
mas a quien sigo no hay quien lo ataje
ni en el cielo, ni en la tierra,
ni en el agua, ni en el aire.

33. Quien la hace, no la quiere;
quien la ve, no la desea;
quien la goza, no la ve.

34. Sirvo al Rey y sirvo al Papa,
al con capa, al sin ella,
tengo una mella,
y no puedo pasar sin ella.

35. ¿Cuál es el hijo cruel
que a su madre despedaza,
y la madre con mil trazas
se lo va comiendo a él?

36. Con mí nadie está contento,
me rechazan con enojo;
yo mismo visito al viejo,
y a mí me visita el mozo.

37. Dos buenas piernas tenemos
y no podemos andar
sin el hombre, que sin nosotros
no se puede presentar.

38. En una cumbre me ponen
para que el aire me dé,
sirvo de guía a los hombres,
y me sostengo en un pie.

39. El enamorado esté advertido,
que queda dicho mi nombre
y el color de mi vestido.

40. Yo los sesos me devano
y en pensar me vuelvo loca,
la suegra de mi cuñada,
¿qué parentesco me toca?

41. Una serpiente feroz y ligera,
que nunca se aparta de su madriguera,
y que metida en su rincón
a muchos le causa su perdición.

42. Soy chica, y soy ligera,
y a pesar de esto, es muy cierto
que no puede ningún vivo
tomarme un ratito en peso.

43. Dime cómo podrá ser
que una planta de la tierra,
en dejándola crecer,
de macho se vuelva hembra.

44. Yo me crío en Berbería
y me compran los cristianos,
si quieres saber mi nombre,
asido estoy a tus manos.

45. Redonda como la bola
me mantengo por la cola,
tantos hijos como tengo,
a todos les doy corona,
y a mi amo pesadumbre
cuando me caigo en el suelo.

46. Príncipe fuí sin ser noble
de un Estado muy pequeño,
me concedieron poder
de predicar sin ser clérigo;
mi nombre lleva una silla,
donde me senté el primero.

47. ¿Quién es el ser infeliz
que hasta la gloria llegó,
y por querer subir más
para siempre se perdió?

48. ¿Qué cosa tiene el molino
precisa y no necesaria,
que no molerá sin ella,
y no le sirve de nada?

49. Más alta que Dios subí,
y en el cielo y en la tierra,
nadie se encuentra sin mí.

50. Soy clara y espero yema.

51. Iba yo por un camino
y sin querer me la hallé,
me puse a buscarla
y no la encontré;
y como no la hallé,
me la llevé.

52. Me hice un hombre de arte,
por mí el caudal más crecido,
a veces se desmorona;
yo de Reyes no he nacido
y tengo cuatro coronas.

53. Yo tengo una tía que quiero, y se llama
con nombre que a hombre
yo nunca aplicara,
porque desde luego
a mal lo tomara.

54. Estoy de día y de noche
en continuo movimiento,
siempre acortando las horas;
mira que no soy el tiempo.

55. En la ventana soy dama,
en el balcón soy señora,
en la mesa cortesana
y en el campo labradora.

56. Siempre quietas,
siempre inquietas,
durmiendo de día,
de noche despiertas.

57. Hembra soy que por la posta
ando diversos caminos,
los hombres bastos y finos
se divierten a mi costa.
En una prisión angosta
me meten sin compasión,
y todos estos tormentos
me los dan por diversión.

58. Una salita entrelarga,
en medio, una celosía;
cinco muertos le acompañan
y un vivo le da la vida.

59. En medio del mar estoy,
no soy de Dios ni del mundo,
ni del infierno profundo,
y en todas partes estoy.

60. Mi primera es madre
y nunca ha parido;
mi segunda, selva
que a nadie dio abrigo;
nace mi todo y no sabe andar,
pero por doquier se pone a trepar.

61. ¿Qué cosa es la más sutil
y penetra por doquier,
y se pone junto a mí
aunque lejos está de ti?

62. Estudiantes que estudiasteis
el libro de teología,
decidme, ¿cuál es el ave
que no tiene pecho y cría,
que a los vivos da sustento
y a los muertos da alegría?

63. Volando nací, señores,
para cernirme en el viento,
y después, andando el tiempo,
pobre me veo y desnudo.
Si alguna mano me ayuda,
lágrimas voy derramando,
las cuales quedan impresas
y hablando van, y aunque mudas,
se expresan como discretas.

64. Vuelan sin que tengan alas,
dan sombra sin tener cuerpo,
son ligeras o pesadas,
tímidas o deseadas,
matan sin hierro ni espada
y resucitan al muerto.

65. Una cosa angosta y larga,
como varón soy muy dulce,
como hembra soy amarga.

66. Soy consultor de las damas
y por ellas muy querido;
nunca hablo la verdad
ni en mentira me han cogido.

67. Cabra y leña me dio el ser
y sin ellas nada soy.
Sin pie caminando voy;
susténtome sin correr;
obedécenme temblando,
y muchos pierden la vida
por no hacer lo que yo mando;
mi amo no es caballero
y se llama como yo.

68. En Granada hay un convento
con muchas monjitas dentro,
con un velo tan delgado,
que ni es de lana ni es helado.

69. Verde se nace,
negro se crían,
y entra en la plaza
con fantasía.

70. ¿Quién es una hembra triste
muy secreta y reposada, de cuerpo y alma privada
que de negro siempre viste?

71. En continuo movimiento
estoy de noche y de día,
siempre acortando la vida;
mira que no soy el tiempo.

72. En medio del cielo estoy
sin ser lucero ni estrella,
sin ser sol ni luna bella;
aciérteme usted quién soy.

73. En el campo me crié
entre matas y lentiscos,
nunca zapatos calcé,
hábito franciscano visto,
dos martirios pasaré
pero no será por Cristo,
y así al cielo no iré.

74. Un pastor vio en la montaña
lo que no vio el Rey en Castilla,
ni el Pontífice en su silla,
ni Dios con ser Dios lo vio.

75. A la inquisición llevaron
a una porción de sujetos,
y muertos que fueron estos,
sus restos depositaron,
y a otro año de ellos sacaron
al origen de sus pleitos.

76. Cinco compañeros juntos
por lo regular vivimos,
y cuando nos dividimos
es para varios asuntos;
sirvo al vivo y al difunto,
siempre en movimiento estoy,
de una parte a otra voy
por mandato de los hombres
a quien serví, no te asombres,
aun antes de ser quien soy.

77. Añade a la letra B
el romper de una limeta,
y sabrás cómo se nombra
la que a mí me desatienda.

78. Una dama que anda siempre
por tejados y azoteas,
doce galanes rondan,
a una toma y a otra deja.

79. M. V. G. E. R.
(Anagrama.)
La M, muerte publica;
vicio la V. bien formada;
la G, guerra; la E, espada,
y la R, rayo indica.
De modo que si me ensayo
a unirlas como se advierte,
dicen estas letras: «Muerte,
vicio, espada, guerra y rayo».

¿Qué ingenio torpe e inmundo
mujer así disfrazó
y de tal modo ultrajó
la mejor cosa del mundo?
¿No fuera más cierto y fijo
que dejara descifrado
mujer, maravilla, vida,
gloria, estrella y regocijo?»

80. Es nada mi segunda,
y de tal modo,
que mi primera
viene a ser mi todo.

81. Agua bebo
porque agua no tengo;
si agua tuviera,
vino bebiera.

82. Yo he visto un cuerpo sin alma
dando voces sin cesar,
puesto al viento y al sereno
en ademán de bailar.

83. Salí de tierra
sin yo quererlo,
y maté a un hombre
sin yo saberlo.

84. No soy cruz, ni voy al hombro;
no soy Espíritu Santo,
y hablo con lengua de fuego.

85. Ya me llevan, ya me traen,
y es darme mayor tormento,
porque el fuego en que me abraso
arde con el movimiento.

86. De lejas tierras me traen
a servir a un gran señor,
y sus ministros me queman
sin la menor compasión.

87. De la iglesia mayor vengo
de ver el mundo al revés,
el penitente sentado
y el confesor a sus pies.

88. Soy huésped aborrecible
y nadie quiere tenerme,
mas no se acuerdan de mí
sino cuando ya me tienen.

89. Delgada, gruesa o mediana,
y con los ojos de un tuerto,
con las mujeres estoy
en la ciudad y en el huerto.

90. Palmo, palo y plomo soy,
y soy cosa tan ligera,
que cuando quiero me marcho
sin tocar los pies en tierra.

91 Un hombre murió sin culpa
cuya madre no nació,
la abuela quedó doncella
hasta que el nieto murió.

92. Soy redonda como el mundo;
clara que eso no se diga,
y me hacen de por fuerza
que mi propio nombre «escriba».

93. ¿Cuál será la muy mentada
que se halla al fin de la vida,
no halla en el mundo cabida
ni en el cielo tiene entrada,
que no se encuentra en los meses
y en la semana dos veces?

94. En mí trabajan
mujeres y hombres:
ellos me muelen
ellas me escogen; (8)

comer un conejo hoy
y que se mate mañana.

106. Sale de su sepultura
con la santa cruz a cuestas,
unas veces salva al hombre,
y otras, la vida le cuesta.

107. Yo tengo calor y frío,
y no frío sin calor.

108. Apellídanme Rey, y no tengo reino:
dicen que soy rubio, y no tengo pelo;
afirman que ando, y no me meneo;
relojes arreglo, sin ser relojero.

109. Cualesquiera que me viera
entre cadenas metido,
creerá que contra la iglesia
algún mal he cometido.
Pues jamás cometí daño,
ni en obra, ni en pensamiento,
y estoy, por decreto humano,
condenado a fuego eterno.
Suélenme sacar al aire,
y es para mí más tormento,
pues el fuego en que me abraso
crece con el movimiento.

110. Es santa, y no es bautizada,
y trae consigo el día,
gorda es y colorada
y tiene la sangre fría.

111. Yo tengo nombre de santa,
y en mi hermosura y olor,
merezco ser comparada
con la que es madre de Dios.

112. Un árbol con doce ramas,
cada una tiene un nido,
cada nido, siete pájaros,
y cada cual su apellido.

113. En medio del mar estoy y no me mojo,
en brasas me colocan y no me abraso,
en el aire me hallo y no me caigo,
sin que puedas echarme me tienes en tus brazos.

114. ¿Cuál es aquel asmastrote,
ídolo de la mujer,
por cuyos costados entran
dos a dos, y tres a tres?
Dos cosas tiene de llave,
y de Fortuna una y tres,
dos del juego de ajedrez,
tiene una de hombre armado,
y otra que si le falta
ya no se puede mover.

115. Mil veces doy alegría,
y otras mil causo dolor,
y aunque saben que yo engaño,
todos me tienen amor.

116. Una dama muy delgada
y de palidez mortal,
que se alegra y reanima
cuando la van a quemar.

117. ¿Cuál es el bicho feroz
que anda sin tener pies,
con las alas arrastrando
y el espinazo al revés?

118. Un cercado bien arado, bien binado,
y reja en él no ha entrado.

119. Verde me crié en el campo,
negra fue mi mocedad,
y ahora me visten de blanco
para llevarme a quemar.

120. Vino cierto anciano un día,
y ufano con su valía,
me aseguró que en su nombre
un gran misterio hallaría;
en confusión me habéis puesto,
diga hermano la verdad;
diré que en el primer verso
la veréis con claridad.

121. En tres meses ha parido
una casada tres veces,
y cada preñado ha sido
de cabales nueve meses.

122. Muerdo al fuego, y el bocado
es daño y bien del mordido,
no vierte sangre el herido
aunque se ve acuchillado;
mas si es profunda la herida
por mano que no acierte,
causa al herido la muerte
y en la muerte está su vida.

123. ¿Cuál es la dama pulida,
aseada y bien compuesta,
temerosa o atrevida,
pudorosa o descompuesta,
y gustosa o desabrida?
Si son muchos porque asombre
muda de mujer el nombre
en varón, y hay cierta ley
que habla por ella al rey
y la lleva cualquier hombre.

124. De colores muy galano,
soy bruto y no lo parezco;
perpetua prisión padezco,
uso de lenguaje humano,
si bien de razón carezco.

125. Un árbol que Dios crió
de los cielos a la tierra,
si no lo cortan de chico,
de macho se vuelve hembra.

126. Al volver por una esquina
me encontré con un convento;
las monjas vestían de blanco,
la abadesa, de pellejo;
más arriba, dos ventanas;
más arriba, dos espejos.
más arriba, una plazuela
donde pasean los polluelos.

127. Fui al campo,
me encontré un hombre sin brazos;
por sacarle el corazón,
le hice el cuerpo pedazos.

128. Blanco como la leche,
negra como la pez,
habla sin tener lengua,
anda sin tener pies.

129. Una dama de linda lindeza,
con doce galanes se sienta a la mesa;
uno la toma, otro la deja;
con todos se casa y queda doncella.

130. Alicol que no tiene col,
ni alas, ni pies, ni pico,
y su hijo alicantico,
tiene alas, pies y pico.

131. Yo vi venir a un hombre,
un estudiante juró
que venía de comer
lo que Dios nunca crió.

132. Ningún día fuí hija,
ahora soy madre,
el príncipe que mis pechos críe
es marido de mi madre;
acertarla, caballeros,
si no dadme a mi padre.

133. Fui al campo,
corté un bastón,
cortarlo pude,
rajarlo no.

134. Vestido de fraile vengo,
a ver al padre prior,
traigo los hábitos blancos,
y amarillo el corazón.

135. En el campo me crié
metido entre verdes ramas,
y ahora me veo aquí
al servicio de estas damas;
ellas me dan de comer
y yo no les pido nada.

136. Por inútil y por viejo,
me apartó el rey de su tropa,
y sin darme pres ni ropa
total me quitó el manejo,
dejándome boca abajo,
en pago de buen servicio.

137. Tan grande soy como el mundo,
y con todo, no me ves;
tiénenme por vagamundo,
cércote de ancho y profundo,
todo de cabeza a pies.

138. Una dama está en faldetas,
un galán está bailando,
y al son de las castañuelas
las tripas le va sacando.

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Soluciones
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1. Carlos III y Carlos IV.
2. Naranjo.
3. Boca y lengua.
4. Chica borrachera y chico es medida de vino.
5. Abanico.
6. Tijeras.
7. Alfiler.
8. Uvas.
9. Matrimonio.
10. La nieve.
11. La víbora.
12. La letra O.
13. Las palabras que son 22.
14. La pandereta.
15. El monte.
16. Las deudas y las pagas.
17. Adán.
18. La media.
19. La cebolla.
20. El navío.
21. La justicia.
22. Porque el dos tiene tres letras.
23. El médico estaba casado con la hija del boticario.
24. Las letras.
25. La boca, ojos y frente.
26. La caja.
27. Dos que enviudaron y se casaron con sus respectivas hijas.
28. Las letras de imprenta.
29. La cañería.
30. El espejo.
31. El bautismo.
32. El reloj y el tiempo.
33. Las cejas.
34. La vasija de afeitar.
35. Arados.
36. La enfermedad.
37. Los pantalones.
38. Veleta.
39. Elena-morado.
40. Madre.
41. Las lenguas.
42. El ascua.
43. Espárrago y esparraguera.
44. La palma.
45. La granada.
46. San Pedro.
47. Lucifer.
48. El ruido.
49. La cruz.
50. Agua bendita.
51. Una espina que se hincó.
52. Naipes y baraja.
53. Barbero.
54. Reloj.
55. El agua.
56. Las estrellas.
57. Las bolas del billar.
58. La guitarra.
59. La letra A.
6o. La madre-selva.
61. Pensamiento.
62. La abeja.
63. La pluma.
64. Las nubes.
65. Río y ría.
66. Espejo.
67. Tambor.
68. Granada.
69. Bastón de alcalde.
70. La noche.
71. Reloj.
72. La letra E.
73. El conejo.
74. Su semejante.
75. Uvas y vino.
76. Papel, cuadernillo.
77. Beatriz.
78. La lima.
79. La mujer.
80. Aguacero.
81. Molinero.
82. La campana.
83. La bala.
84. La escopeta.
85. El incensario.
86. Incensario.
87. El lavatorio.
88. El hambre.
89. La aguja.
90. Las palomas.
91. Abel.
92. La criba.
93. La letra A.
94. El pan.
95. Cabrillas.
96. Grillo.
97. Choco o gibia (penado).
98. Notando las letras de que se componen las palabras.
99. Bellota, chaparro, encina.
100. El reloj.
101. La pera.
102. La bandera.
103. El cuerpo y el alma.
104. La onza de oro.
105. El conejo comía hoy y lo mataron al día siguiente.
106. Espada.
107. La sartén.
108. Sol.
109. El incensario.
110. Sandía.
111. Rosa.
112. El año.
113. La letra A.
114. Coche.
115. Sueño.
116. Vela.
117. El vapor.
118. El tejado.
119. El cigarro de papel.
120. Vino.
121. En el pueblo tres meses.
122. La espaviladera.
123. Las cartas y pliegos.
124. El papagayo.
125. El espárrago.
126. La cara.
127. El palmito.
128. La carta.
129. La botella de vino.
130. El coco de las habas.
131. Las hostias.
132. La caridad romana.
133. El pelo que se corta de la cabeza.
134. El huevo.
135. El torno de las monjas.
136. El cañón.
137. El aire.
138. La rueca.