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miércoles, 22 de febrero de 2012

NOTICIAS DE CUENTOS DE NIÑOS


Inaugura Calderón biblioteca en Ciudad Juárez; les lee cuentos a niños
Milenio
El mandatario se sentó en el piso y leyó el cuento "El vampiro vegetariano" a niños que se encontraban en el lugar que forma parte de la estrategia de seguridad para reconstruir el tejido social en esta zona.
Una gaditana crea cuentos para niños autistas que repartirá gratis
ABC.es
La joven gaditana Miriam Reyes Oliva ha diseñado una colección de cuentos con pictogramas que facilitan el aprendizaje y el entretenimiento a niños autistas y repartirá cerca de 20.000 ejemplares de forma gratuita entre asociaciones y familias con ...
''Filma un cuento'' buscará llevar a niños al mundo del Séptimo Arte
Informador.com.mx
Con el objetivo de llevar a los niños por el mundo del Séptimo Arte se abre el taller "Filma un cuento", el cual iniciará el 17 de marzo próximo y concluirá actividades el 28 de abril. El Centro Cultural de los Amigos de la Letra Impresa AC será la ...

Informador.com.mx
950 niños de un colegio de Valladolid convertidos en personajes de ...
Radio televisión Castilla y León
http://www.rtvcyl.es/Noticias.aspx | 950 niños de un colegio de Valladolid se han disfrazado, todos, de personajes de cuentos. Una hazaña que sólo cabe en un libro, el guinness de los records.
25 historias contra el cáncer
El Mundo.es
Todos los miembros de la sociedad tenemos en cierta manera el deber de aliviar, cada uno según sus posibilidades, el sufrimiento que nos rodea, sobre todo, cuando sus víctimas son niñosinocentes. Medio centenar artistas, escritores e ilustradores, ...
Meriendas en las que los cuentos cobran vida
CanariasAhora
Esta escritora invita a niños y no tan niños a su casa de Gran Canaria, donde tiene montados los escenarios en los que se desarrollan sus historias. A la escritora Melu Vallejo no le basta con que los cuentos queden en la página impresa.

CanariasAhora
Niños de todo el país compartirán cuentos, poemas y leyendas en ...
Oaxaca Profundo / Cultura y Turismo de Actualidad
Para reconocer, preservar y difundir el uso de las lenguas maternas en México, 30 niños hablantes del huichol, maya, náhuatl, tlapaneca, hñâhñu, wixarika, zapoteco, tenek, tzeltal, mayo, chontal y totonaco se darán cita en el Encuentro nacional de ...
Lectura en voz alta involucra a los niños con la literatura
Noticias Voz e Imagen de Oaxaca, Chiapas y Tuxtepec
La lectura en voz alta es un arma poderosa para acercarnos a los niños, confiar en ellos y ellos en nosotros, además de que es un estímulo importante que involucra a los pequeños con la literatura y el lenguaje, señaló la maestra Eva Janovitz Klapp.
Aproveche el tiempo libre con su hijo
impre.com
1. Asegúrese que su hijo siga leyendo. Si usted le lee en voz alta diariamente, el niño empieza a absorber el ritmo de las palabras y la estructura de un cuento. Si su niño ya puede leer, asegúrese de tener libros interesantes para leer.
Lee Felipe Calderón cuento a los niños en Villas de Salvacar
Excélsior
En la recién inaugurada biblioteca pública Villas de Salvácar, donde hace dos años fueron asesinados 16 jóvenes, el presidente Felipe Calderón leyó un cuento infantil a los niños del barrio, acompañado de su esposa Margarita Zavala, el gobernador César...

Excélsior
¿Qué dice Pagina 12 de los Cuentos para los culillos?
Más Reconquista
Cuentos para los culillos (así llaman a los niños en Mendoza) es un trabajo impecable, que reivindica la poesía y la palabra e invita a conocer un poco más sobre el universo de Lima Quintana. Algunos de los relatos infantiles con temáticas sociales que ...
Sólo para adultos
El Mundo.es
Con la firme voluntad de demostrar que el cuento no es una cosa de niños, Patricia Picazo, que se presenta como contadora de historias, promotora de la lectura y gestora cultural, ha sacado adelante el I ciclo internacional de narración oral para ...
Los cuentos de siempre cobran vida en el Ortega
El Norte de Castilla
Las setecientas butacas de la sala uno del teatro Ortega se encontraban en la mañana de hoy abarrotadas de niños y mayores deseosos de disfrutar de las historias de siempre, los cuentosclásicos de toda la vida, en el marco de espectáculo musical ...
Vuelven los cuentos de los abuelitos
levante.emv.com
El último viernes de cada mes Peúcos organiza un cuentacuentos para los niños. levante-emv Hacer un negocio de una ilusión. Adela Rey afirma que siempre quiso ser empresaria: "Por el hecho de montar un negocio de la nada y convertirlo en un referente ...
La bella durmiente
murciaregion.es
Lo importante es que los cuentos de hadas se hunden en lo más profundo de nuestra conciencia cultural porque hablan a los niños ya los adolescentes de una forma directa de sus problemas existenciales. Pero los niños y los adolescentes se hacen muy ...
Andrea Robles y Raúl Cruz ganan el certamen de cuentos infantiles
El Periódico de Aragón
Unas 400 personas acudieron ayer al pabellón Siglo XXI a la entrega de premios del IX CertamenCuentos Actur, en el que han participado más de 150 niños. Los ganadores fueron Andrea Robles Forcén en la categoría de 1° a 4° de Primaria, una alumna del ...
Entrega de los premios de la tertulia Rita Caveda
El Comercio Digital (Asturias)
La Tertulia Rita Caveda Solares ha entregado en el Teatro Riera, los premios del V Concurso deCuentos Ilustrados 'Les Comadres', Memorial Nieves Meana Gómez. En esta edición participaron 252 niños. Además, 35 de los cuentos fueron presentados en ...
Homenaje a Nersys Felipe en Feria del Libro
Diario Granma
Al reconocimiento de toda una vida dedicada a la creación literaria para los más pequeños, se sumó la Compañía de Teatro Infantil La Colmenita, que convirtió la ocasión en una verdadera fiesta para losniños con canciones, cuentos y juegos que también ...
Mónica Calvo: «No hay crisis que pueda con quien trabaja ...
La Razón
Fue divertido hacerlo… La literatura infantil se ha suavizado. Los cuentos de los Grimm, por ejemplo, son terribles… El culpable es Disney. Ahora se da la tendencia a enseñar un poco a los niños la verdad de las cosas. Por ejemplo, Barba Azul, ...

La Razón
Comienzan las actividades de animación a la lectura y bebeteca en ...
el periodic
La Animación a la lectura, destinada a niños de 4 a 8 años, pretende enseñar las posibilidades que tiene la biblioteca a través de la narración de cuentos. El programa de este años se titula En busca de los libros perdidos y los participantes tendrán ...

el periodic
Celebrará octavo aniversario periódico infantil 'Alas de papel'
Informador.com.mx
En abril próximo se festeja el octavo aniversario de la creación del periódico sinaloense infantil "Alas de papel", el único realizado y dirigido para niños. Financiado por el programa Alas y Raíces del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes ...

Informador.com.mx
Fin de semana con niños
El Mundo.es
Sábados de cuento en El Corte Inglés. Barcelona Cada sábado por la mañana durante el mes de febrero, El Corte Inglés de Barcelona ofrece un Cuentacuentos en sus instalaciones. Los más pequeños de la casa podrán disfrutar de emocionantes historias ...
Cuentos de bichos, historias para niños con música de Ravel y Liszt
La Crónica de Hoy
Aunque, reconoce que su propósito es que los niños se diviertan y reciban una semilla con este proyecto, sin pontificar ni mostrarse como algo pedagógico. Así que todos los domingos de febrero y marzo presentará Cuentos de Bichos y para los meses de ...
Los videojuegos pueden ayudar a un niño a aprender más
La Nación Costa Rica
Storybook Workshop Es un juego educativo para el Wii en el cual el niño podrá, junto con sus padres, estudiar y mejorar en comprensión de lectura del inglés, por medio de gran variedad de canciones y 16 cuentos infantiles. Además, podrá aprender los ...
FETEN hace de Gijón la capital de las Artes Escénicas para niños y ...
Artez
Teatro, musicales, adaptaciones de cuentos, danza, ópera, circo y clown, magia, títeres y objetos serán los protagonistas de la mano de compañías como la de Roberto G. Alonso, La Maquiné, Nats Nus SL o ZigZag Danza, entre otras.

Artez
Actividades y talleres gratuitos para niños en "ShowMe Baby"
MadridOut!
Entre las diferentes actividades programadas, el público podrá inscribirse desde la web para participar en talleres de decoración de galletas infantiles, cursos de inglés con Vaughan, Cuentacuentos, Diseño de cuentos digitales, demostraciones de Yoga ...
Pep Duran, un librero que encanta a los niños en Hay Festival ...
ABC.es
Estos niños de Puerto Rey son un buen semillero para Plan, para Pep. «Los niños escribirán una frase, un cuento. Ustedes, ilustradores, transformarán palabras en imágenes. Dejen un margen para que podamos encuadernar. Este libro se quedará aquí», ...
La lectura, esencia de la condición humana: HGV
Ciudadania Express
Una casa sin libros es garantía de que los niños jamás se acercarán a los libros. Eso empieza en casa, los padres leyendo, leyéndoles a los niños antes de dormirse, por ejemplo, la vieja ceremonia de leer un cuento de hadas para que los niños duerman ...


Ciudadania Express
Martes de Feria con literatura infantil cubana y escritores de la ...
Chaco Dia Por Dia
El primero, Cuentos de terror y aventuras para niños, se desarrollará en el Patio Bar de la Universidad Popular. El segundo, Cuentos Cubanos, en el Bar de la Casa de las Culturas. A las 22, en la vereda de la Casa de las Culturas se vivirá la segunda ...

Chaco Dia Por Dia
"Lucky Fred", la serie española multipremiada, se emite hoy en ...
Qué.es
Creada por Imira Entertainment, estudio español responsable de producciones que han triunfado en el mercado como "Lola & Virginia" o "Sandra, detective de cuentos", "Lucky Fred" es una serie para niños de entre 9 y 12 años, dijo a Efe Myriam Fernández, ...

Qué.es
El Teatro Municipal de Benicàssim apuesta por el teatro ...
el periodic
La compañía italiana Raffaello Sanzo presenta la primera de ellas para el público infantil, “Buchettino”, versión teatral del cuento de Pulgarcito, y que transporta al los niños a través de la imaginación y los sentidos al mundo de este entrañable ...
De fiesta literatura infantil en Feria del Libro Cuba 2012
Radio Santa Cruz
... en niños y jóvenes. Durante los días de Feria oleadas de pequeños inquietos, acompañados de sus padres, inundan los espacios reservados a la venta de libros, con esa alegría contagiosa, deseando todo título inédito, o los tradicionales cuentos de ...
Beneficios de leer un cuento a los niños antes de dormir ...
El cuento fue, es y será una estupenda forma de estimular la creatividad y de crear un vínculo irrompible con tus hijos.
www.guioteca.com/.../beneficios-de-leer-un-cuento-a-los-nino...
CARNAVAL – CUENTOS PARA NIÑOS « EL TAULER DE CLASSE
Jose Vte. Kelly y Steve corren detrás del gato negro, entonces Steve se encuentra un patinete que lleva un motor y va mas deprisa que el gato negro, se tira ...
eltaulerdeclasse.wordpress.com/.../carnaval-cuentos-para-ninos...
Cuentos/Juegos Niños 18-36 meses. Español/Inglés :: Calendario ...
Libros, rimas, música, movimiento y mucho más para los pequeños de 18 a 36 meses y sus cuidadores. Diversion bilingüe para los pequeños.
sfpl.org/index.php?pg=1010147802
Cuento bilingüe CUENTOS PARA NIÑOS - Actividades para ...
Cuento bilingüe CUENTOS PARA NIÑOS. Leer siempre es positivo, si además podemos hacerlo en otro idioma es fantástico, pero lo ideal es tenerlo en los 2, ...
actividadeseducainfantil.blogspot.com/.../cuento-bilingue-cuen...
Directorio de 150 cuentos para niños « dormir… soñar
Directorio de 150 cuentos para niños. 15/02/2012 Dejar un comentario. En esta web encontraréis un ámplio listado de cuentos con breve resumen, imágenes ...
norkid.wordpress.com/.../directorio-de-150-cuentos-para-nino...
¿conoces a un buen ilustrador de cuentos para niños? cuales ...
Respuestas a la pregunta ¿conoces a un buen ilustrador de cuentos para niños? cuales?♥? en la categoría Libros y autores en Yahoo! Respuestas. gracias a ...
es.answers.yahoo.com/question/index?qid...
¿a mi me interesa saber sobre el Lenguaje especial de los cuentos ...
Respuestas a la pregunta ¿a mi me interesa saber sobre el Lenguaje especial de los cuentos paraniños!? por favoooor ! algunos artículos? en la categoría ...
es.answers.yahoo.com/question/index?qid...
Cómo Escribir Cuentos Infantiles En Línea | Los Cuentos Infantiles
Decida qué tipo de cuento para niños quiere escribir. Busque libros en la biblioteca o en cualquier librería que detalle los aspectos específicos de la escritura ...
www.loscuentosinfantiles.com/como-escribir-cuentos-infantile...
Cuentos para Aprendices Visuales
Los cuentos para niños autistas también pueden utilizarse con cualquier persona que tenga necesidades especiales de aprendizaje, Síndrome de Down, ...
pequelia.es/72219/cuentos-para-aprendices-visuales/
Concurso de cuentos para niños hispanos “Tooth Be Told”
Concurso en español de cuentos para niños menores de 12 años. Termina el 28 de febrero de 2012.
concursos.about.com/.../Concurso-De-Cuentos-Para-hispanos...
Nuevos cuentos y dinámicas en Tour Prensita 2012 « La Prensa ...
según Nazareth Marroquín
Para Óscar Guardado, cuenta cuentos del tour, esta es una oportunidad para que los alumnos desarrollen sus habilidades motrices y practiquen valores en beneficio de la comunidad estudiantil. “Los niños y niñas son indispensables en la ...
La Prensa Gráfica - Móvil
TEO juega en casa. Serie infantil, capítulo 11 | SUR Cultural
según aggregator
TEO es un inquieto y curioso niño de cuatro años, un simpático pelirrojo protagonista de una serie de cuentos para niños. http://feedads.g.doubleclick.net/~a/EZLczZAH5. El artículo completo puede ser leido en su página original: ...
SUR Cultural
Princesas de cuento con final mortal
Vivelo Hoy
El fotógrafo Thomas Czarnecki "mató" a las heroínas de cuentos en su proyecto "From Enchantment to Down", donde muestra un lado tenebroso y hasta mórbido de las dulces figuras de historias para niños. Czarnecki es un director artístico francés parte ...

Vivelo Hoy
Sigue a pleno la Feria del Libro
Datachaco.com
Tambíen presentaciones de la Zicosur, juegos para niños y espectáculos. La charla sobre Literatura infantil es a las 19, en el Auditorio Juan Ramón Lestani de la Universidad Popular. Nacido en La Habana en 1958, Enrique Pérez Días tiene un hijo, ...
Niña zapoteca reivindica su lengua materna
Ciudadania Express
La niña Emma Coyolicatzin Hernández Solórzano (11 años), de la Sala de Lectura “Ra roonda nee ra riisidi binni”, narró el cuento Lexu ne gueu' (Conejo y coyote) en zapoteco y poco a poco cada uno de los niños de los 23 estados participantes ...

Ciudadania Express
Comparte Hugo Gutiérrez Vega su pasión por la lectura
El Diario de Yucatán
Recordó que su gusto por la lectura inició cuando era muy pequeño, desde los cuatro o cinco años, en que ya leía con bastante soltura, recuerdo que tenía lecturas de cuentos de hadas con hermosas ediciones de Molino, una editorial española, ...
Doctora de mi barrio
180
Después Malena se ubica junto al lector para disfrutar cada historia y, está claro, se ubica también desde la música, con un disco que acompaña a los textos y les da una perfecta banda sonora a cada uno de los cuentos. Joel Rosenberg: Estamos junto a ...
Premio a la creatividad y la imaginación de los mayores
EL Dia Digital
Los participantes en el concurso de disfraces mostraron una gran variedad de trajes distintos, desde animales a personajes de películas y cuentos como “Cantando bajo la lluvia” o Caperucita roja”. El Carnaval de Guadalajara está pensado para que todos ...
Dibujos contra la marginación
El País.com (España)
... que se encontraba en la capital francesa para explicar su obra en los centros de enseñanza, por qué en Los niños del mar, el cuento de Jaume Escala al que había puesto imágenes en 1991, aparecía una mujer tirada la arena de una playa.
Inaugura Calderón biblioteca en Ciudad Juárez; les lee cuentos a ...
Milenio.com
Dicho lugar se encuentra en Villa de Salvárcar, ahí el presidente leyó el cuento “El vampiro vegetariano” a los niños asistentes. Ciudad Juárez • El presidente Felipe Calderón inauguró la biblioteca de Villa de Salvárcar donde el 31 de enero de 2010 ...

Milenio.com
Página de cuento 393
Diario de Madryn
Detrás de ella, un montón de niños (pude contar cinco) como un racimo de uvas que se desgrana, salía a borbotones por la puerta de la casa. Era tan fuerte la presencia del aura, que varios minutos después de haberse desvanecido, todavía en el aire ...
Los cuentos premiados del concurso “Contá tus derechos”
La Mañana Neuquén
Neuquén > Del certamen participaron alumnos del segundo ciclo de las escuelas primarias de la ciudad con el único requisito de producir un cuento ilustrado citando algunos de los derechos de la niñez. Se presentaron 140 trabajos.
Todo por la sonrisa de un niño
levante.emv.com
Para ello, realizan "actuaciones personalizadas con marionetas, canciones, actos de magia,cuentos y música en cada una de las habitaciones de los niños hospitalizado", pero siempre adaptando la actuación "al estado anímico de los pequeños ya su ...
Calderón lee cuentos a niños en salvarcar - YouTube
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www.youtube.com/watch?v=3Bygtz9D3Mc
CEREFETON | Cuentos Infantiles Cortos
Cuento infantil de un niño llamado Cerefeton que vivia en el planeta Zoroebra y siempre habia soñado con ir a la Tierra para tener un perro. Valores: amistad.
www.cuentosinfantilescortos.net/cuentoinfantil-cerefeton/
Mi aula de clases: "Cuentos cortos para niños"
"Cuentos cortos para niños". "Cuentos cortos para niños". Un lugar para niños y adultos!!!..visitalo!!!! http://xn--cuentoscortosparanios-ubc.com/. Publicado por ...
luisenrique17.blogspot.com/.../cuentos-cortos-para-ninos.html
Una gaditana crea cuentos para niños autistas que repartirá ... - Qué!
Miriam Reyes Oliva ha diseñado una colección con pictogramas que facilitan el aprendizaje y el entretenimiento ofrecerá cerca de 20.000 ejemplares ...
www.que.es/.../201202191118-gaditana-crea-cuentos-para-nin...
Libro De Cuentos Y Leyendas Open Library | Home Decorating Ideas
Cuentos, mitos y leyendas para niños de América Latina ... Regional para el fomento del libro en América Latina y el ... Library: Shelf Location Status: Date .
www.thehomedecoratingideas.com/.../libro-de-cuentos-y-leye...
Cómo enseñar a leer a niños de 3 años | eHow en Español
Elige libros de cuentos que le interesen a tu hijo. Si tu hijo piensa que los trenes son aburridos, por ejemplo, elige libros con animales o astronautas. A un niño ...
www.ehowenespanol.com/ensenar-leer-ninos-3-anos-como_3...
Concurso Departamental de Cuento Infantil para Niños y Niñas ...
Plazo: 11/04/2012 - Cuento Infantil. - $500.000, $300.000, $150.000. - Pueden participar: Niñosentre 7 a 13 años, de instituciones educativas públicas y ...
www.tregolam.com/seccion/actualidad/12120/...de.../1
Los cuentos premiados del concurso “Contá tus derechos”
La Mañana Neuquén
Neuquén > Del certamen participaron alumnos del segundo ciclo de las escuelas primarias de la ciudad con el único requisito de producir un cuento ilustrado citando algunos de los derechos de la niñez. Se presentaron 140 trabajos.
Todo por la sonrisa de un niño
levante.emv.com
Para ello, realizan "actuaciones personalizadas con marionetas, canciones, actos de magia,cuentos y música en cada una de las habitaciones de los niños hospitalizado", pero siempre adaptando la actuación "al estado anímico de los pequeños ya su ...
Calderón lee cuentos a niños en salvarcar - YouTube
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CEREFETON | Cuentos Infantiles Cortos
Cuento infantil de un niño llamado Cerefeton que vivia en el planeta Zoroebra y siempre habia soñado con ir a la Tierra para tener un perro. Valores: amistad.
www.cuentosinfantilescortos.net/cuentoinfantil-cerefeton/
Mi aula de clases: "Cuentos cortos para niños"
"Cuentos cortos para niños". "Cuentos cortos para niños". Un lugar para niños y adultos!!!..visitalo!!!! http://xn--cuentoscortosparanios-ubc.com/. Publicado por ...
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Una gaditana crea cuentos para niños autistas que repartirá ... - Qué!
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www.que.es/.../201202191118-gaditana-crea-cuentos-para-nin...
Libro De Cuentos Y Leyendas Open Library | Home Decorating Ideas
Cuentos, mitos y leyendas para niños de América Latina ... Regional para el fomento del libro en América Latina y el ... Library: Shelf Location Status: Date .
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Cómo enseñar a leer a niños de 3 años | eHow en Español
Elige libros de cuentos que le interesen a tu hijo. Si tu hijo piensa que los trenes son aburridos, por ejemplo, elige libros con animales o astronautas. A un niño ...
www.ehowenespanol.com/ensenar-leer-ninos-3-anos-como_3...
Concurso Departamental de Cuento Infantil para Niños y Niñas ...
Plazo: 11/04/2012 - Cuento Infantil. - $500.000, $300.000, $150.000. - Pueden participar: Niñosentre 7 a 13 años, de instituciones educativas públicas y ...
www.tregolam.com/seccion/actualidad/12120/...de.../1

miércoles, 15 de febrero de 2012

TONY Y LOS ESCARABAJOS Philip K. Dick




TONY Y LOS ESCARABAJOS
Philip K. Dick


La luz amarillo rojiza del sol se filtraba por las gruesas ventanas de cuarzo del dormitorio. Tony Rossy bostezó, se removió un momento, abrió sus ojos negros y se incorporó al instante. De un sólo movimiento apartó las sábanas y puso los pies sobre el cálido suelo de metal. Desconectó el despertador y abrió el ropero.
El día era espléndido. El paisaje estaba inmóvil, sin que lo perturbaran vientos ni corrientes de polvo. El corazón del muchacho saltaba dentro de su pecho. Se puso los pantalones, subió la cremallera de la malla reforzada, luchó hasta ajustarse la pesada camisa de lona, y después se sentó en el borde de la litera para calzarse las botas. Cerró las costuras superiores e hizo lo mismo con los guantes. A continuación, ajustó la presión de su unidad respiratoria y la sujetó con correas entre los omóplatos. Tomó el casco que había dejado sobre la cómoda y se dispuso a iniciar el día.
Sus padres habían terminado de desayunar en el compartimiento-comedor. Oyó sus voces mientras bajaba la rampa. Un murmullo airado. Se detuvo a escuchar. ¿De qué estaban hablando? ¿Había hecho algo malo otra vez?
Y entonces, lo comprendió. Otra voz que dominaba las suyas. Estática y crujidos. La emisora de Rigel IV. La habían puesto a todo volumen. La voz del locutor atronaba el compartimiento. La guerra. Siempre la guerra. Suspiró y entró en el compartimiento.
—Buenos días —murmuró su padre.
—Buenos días, querido —dijo su madre, como ausente.
Estaba sentada con la cabeza vuelta a un lado, la frente surcada por arrugas de concentración. Sus labios delgados formaban una línea apretada que delataba preocupación. Su padre había apartado los platos sucios y fumaba, los codos apoyados sobre la mesa, con los peludos y musculosos brazos al aire. Toda su atención estaba concentrada en el altavoz que tronaba sobre el fregadero.
—¿Cómo va? —preguntó Tony. Ocupó su silla y alargó la mano de forma automática hacia los pomelos sintéticos—. ¿Alguna noticia de Orión?
Nadie respondió. Ni siquiera le habían oído. Empezó a comer el pomelo. Ruidos indicadores de actividad se escuchaban en el exterior de la pequeña unidad de alojamiento, hecha de plástico y metal. Gritos y estampidos ahogados, procedentes de los camiones de mercaderes rurales que se arrastraban por la autopista hacia Karnet. La luz rojiza del día aumentó de intensidad. Betelgeuse ascendía con lentitud y majestuosidad.
—Bonito día —dijo Tony—. Ni una pizca de viento. Creo que iré un rato al centro. Estamos construyendo un espaciopuerto, una maqueta, por supuesto, pero hemos conseguido obtener suficientes materiales para poner tiras de...
Su padre lanzó un salvaje alarido y descargó el puño sobre el altavoz. La transmisión enmudeció al instante.
—¡Lo sabía! —Se levantó de la mesa, enfurecido—. Les dije que ocurriría. Se fueron demasiado pronto. Antes tenían que haber construido bases de aprovisionamiento de clase A.
—Pero nuestra flota principal ha salido de Bellátrix para intervenir. —La madre de Tony manoteó, nerviosa—. Según el resumen de anoche, lo peor que puede pasar es que Orión IX y X caigan.
Joseph Rossi lanzó una áspera carcajada.
—Al infierno el resumen de anoche. Saben tan bien como yo lo que está pasando.
—¿Y qué está pasando? —preguntó Tony, mientras apartaba el pomelo y se servía cereales—. ¿Estamos perdiendo la batalla?
—¡Sí! —Su padre torció los labios—. Terrestres, derrotados por... escarabajos. Se los dije, pero no pudieron esperar. Dios mío, diez años desperdiciados en este sistema. ¿Por qué tuvieron que apresurarse? Todos sabíamos que Orión sería difícil. Toda la maldita flota de escarabajos nos había rodeado, esperándonos. Y nos lanzamos contra ella.
—Pero nadie pensaba que los escarabajos lucharían —protestó sin convicción Leah Rossi—. Todo el mundo pensó que dispararían unos cuantos rayos y luego...
—¡Tienen que luchar! Orión es el último baluarte. Si no luchan aquí, ¿dónde demonios van a hacerlo? Pues claro que luchan. Hemos capturado todos sus planetas, excepto el anillo interior de Orión. Si hubiéramos construido bases de aprovisionamiento fuertes, habríamos hecho trizas la flota de escarabajos.
—No digas «escarabajos» —murmuró Tony, mientras terminaba sus cereales—. Son pas-udeti, lo mismo que aquí. La palabra «escarabajo» proviene de Betelgeuse. Es una palabra árabe que nosotros mismos inventamos.
La boca de Joe Rossi se abrió y cerró.
—¿Qué pasa? ¿Te gustan los escarabajos?
—Joe, por el amor de Dios —le reprendió Leah.
Rossi se encaminó a la puerta.
—Si tuviera diez años menos, estaría ahí fuera. ¡Les enseñaría lo que es bueno a esos insectos de caparazón brillante! A ellos y a sus cascarones de nuez. ¡Cargueros reconvertidos! —Echaba chispas por los ojos—. Cuando pienso que están disparando contra los cruceros terranos, con nuestros chicos dentro...
—Orión es su sistema —murmuró Tony.
—¡Su sistema! ¿Desde cuándo eres una autoridad en materia de ley espacial? Debería... —Se interrumpió, estremecido de cólera—. Mi propio hijo —masculló—. Una imbecilidad más y te doy una que no podrás sentarte en toda la semana.
Tony empujó su silla hacia atrás.
—Me voy a Karnet con mi EEP.
—¡Sí, a jugar con tus escarabajos!
Tony no dijo nada. Se puso el casco y lo aseguró con las abrazaderas. Mientras pasaba por la puerta posterior a la membrana de enlace, desenroscó el tapón de oxígeno y conectó el filtro del depósito. Un acto reflejo, condicionado por toda una vida pasada en un planeta de un sistema extraterrestre.
Una leve corriente de aire agitó polvo rojo amarillento alrededor de sus botas. El sol arrancaba destellos del tejado metálico de su unidad de alojamiento, una más entre las interminables filas de cajas cuadradas que se extendían a lo largo de la pendiente arenosa, protegidas por las numerosas instalaciones para refinamiento de minerales que se recortaban contra el horizonte. Hizo un ademán de impaciencia y su EEP salió del cobertizo de almacenamiento. El sol se reflejó sobre su chapa de cromo.
—Nos vamos a Karnet —dijo Tony, adoptando sin darse cuenta el dialecto de los pas—. ¡De prisa!
El EEP se situó detrás de él y se encaminaron sin demora hacia la carretera. Se veían pocos comerciantes. Era un buen día para ir al mercado. Sólo se podía viajar durante una cuarta parte del año. Betelgeuse era un sol errático, imprevisible, en nada parecido al Sol terrano, según las educacintas que pasaban a Tony cuatro horas al día, seis días a la semana. De hecho, él jamás había visto el Sol.
Llegó a la ruidosa carretera. Había pas-udeti por todas partes. Grupos compactos, con sus primitivos camiones de combustión, destartalados y sucios, cuyos motores protestaban y chirriaban. Movió la mano en dirección a los camiones. Al cabo de un momento, uno de los vehículos aminoró la marcha. Iba abarrotado de tis, montones de verduras grises, secas y preparadas para servir. El elemento principal de la dieta pas-udeti. Tras el volante se acomodaba un pas de edad avanzada y rostro oscuro, con un brazo apoyado en la ventanilla abierta y una hoja enrollada entre los labios. Era como los demás pas-udeti: flaco y con caparazón, embutido en una vaina quebradiza en la que vivía y moría.
—¿Quieres que te lleve? —murmuró el pas.
Era el protocolo acostumbrado cuando se topaban con un terrícola que iba a pie.
—¿Hay sitio para mi EEP?
El pas hizo un ademán de indiferencia con su garra.
—Que corra detrás. —Una expresión sardónica se dibujó en su rostro viejo y feo—. Si llega a Karnet, lo venderemos como chatarra. Aprovecharemos los condensadores y los cables. Estamos escasos de material eléctrico.
—Lo sé —afirmó con gravedad Tony, mientras trepaba a la cabina del camión—. Todo ha sido enviado a la gran base de reparaciones de Orión I. Para la flota de guerra.
El rostro correoso perdió su expresión alegre.
—Sí, la flota de guerra.
Apartó la cabeza y puso en marcha el camión. En la parte trasera, el EEP de Tony había tropezado con la carga de tis y se aferraba precariamente con sus cabos magnéticos.
Tony reparó en el súbito cambio de humor del pas-udeti, y se quedó asombrado. Se disponía a hablar de nuevo con él, pero se dio cuenta del extraño silencio que guardaban los pas de los demás camiones que les precedían o seguían. La guerra, por supuesto. Había barrido este sistema un siglo antes; esta gente había quedado olvidada. Ahora, todos los ojos estaban fijos en Orión, en la batalla librada entre la flota militar terrana y los cargueros armados de los pas-udeti.
—¿Es verdad que van ganando? —preguntó Tony con cautela.
El pas gruñó.
—Hemos oído rumores.
Tony reflexionó unos momentos.
—Mi padre dice que Terra se precipitó. Dice que teníamos que habernos consolidado. No construimos las bases de aprovisionamiento adecuadas. Cuando era más joven, fue oficial. Estuvo dos años en la flota.
El pas permaneció unos instantes en silencio.
—Es cierto que, cuando te encuentras lejos de casa, el aprovisionamiento es un gran problema —dijo por fin—. Nosotros, por otra parte, no tenemos ese problema. No debemos salvar ninguna distancia.
—¿Conoces a alguien en el frente?
—Tengo parientes lejanos.
La respuesta era vaga; era evidente que al pas no le gustaba hablar del tema.
—¿Has visto alguna vez tu flota?
—Tal como es ahora, no. Cuando este sistema cayó derrotado, la mayoría de nuestras unidades fueron destruidas. Los supervivientes se unieron a la flota de Orión.
—¿Tus parientes se contaban entre los supervivientes?
—Exacto.
—Entonces, ¿estabas vivo cuando conquistaron este planeta?
—¿Por qué lo preguntas? —replicó con furia el viejo pas—. ¿Qué más te da a ti?
Tony se asomó por la ventanilla y vio que los muros y edificios de Karnet se alzaban ante ellos. Karnet era una ciudad antigua. Se había erigido miles de años antes. La civilización pas-udeti era estable; había alcanzado cierto nivel de desarrollo tecnocrático, para estancarse a continuación. Los pas poseían naves intersistemas que habían transportado gente y mercancías entre los planetas durante los días anteriores a la Confederación Terrana. Tenían coches de combustión, audiófonos, una red energética de tipo magnético. Sus instalaciones sanitarias eran satisfactorias y su medicina muy avanzada. Poseían formas de arte, conmovedoras y sensibles. Tenían una vaga religión.
—¿Quién crees que ganará la batalla? —preguntó Tony.
—No lo sé. —El viejo pas detuvo el camión de repente—. Hasta aquí hemos llegado. Sal y llévate a tu EEP, por favor.
—Tony se encogió, sorprendido.
—¿Pero no ibas...?
—¡Ni un metro más!
Tony abrió la puerta. Estaba algo inquieto. Había una expresión dura y fija en el rostro correoso, y en su voz vibraba un tono cortante que nunca había oído.
—Gracias —murmuró.
Saltó al polvo rojizo y llamó al EEP con una señal. El robot liberó sus cabos magnéticos, y el camión arrancó con gran estrépito, penetrando en la ciudad.
Tony lo vio alejarse, todavía perplejo. El caliente polvo se pegó a sus tobillos. Movió los pies y se sacudió los pantalones de forma automática. Sonó un bocinazo y el EEP le apartó de la carretera y le condujo hacia la rampa peatonal. Enjambres de pas-udeti, interminables filas de campesinos se dirigían a Karnet como cada día. Un inmenso autobús se detuvo ante el portal y descargó pasajeros. Pas de ambos sexos, y niños. Reían y chillaban; sus voces se fundían con el rumor sordo de la ciudad.
—¿Vas a entrar? —Una aguda voz pas-udeti resonó a su espalda—. No te detengas, estás bloqueando la rampa.
Era una joven que sostenía un gran bulto entre sus garras. Tony se sintió violento. Las mujeres pas poseían cierto don telepático, una característica de su sexualidad. Era efectivo en los terrestres a distancias cortas.
—Échame una mano —dijo la hembra.
Tony asintió y el EEP tomó el pesado bulto.
—Vengo de visita a la ciudad —explicó Tony, mientras avanzaban entre la multitud hacia las puertas—. Me recogió un camión, pero el conductor me bajó aquí.
—¿Eres de la colonia?
—Sí.
Ella le dirigió una mirada crítica.
—Siempre has vivido aquí, ¿verdad?
—Nací aquí. Mi familia llegó de la Tierra cuatro años antes que yo naciera. Mi padre era oficial de la flota. Consiguió una Prioridad de Emigración.
—Eso quiere decir que nunca has visto tu planeta. ¿Cuántos años tienes?
—Diez años. Terranos.
—No tendrías que haber hecho tantas preguntas al camionero.
Pasaron el filtro de descontaminación y entraron en la ciudad. Había un panel informativo más adelante, rodeado de hombres y mujeres pas. Rampas móviles y coches de transporte retumbaban por todas partes. Edificios, cintas transportadoras y máquinas que funcionaban al aire libre; la ciudad estaba encerrada en una envoltura protectora a
prueba de polvo. Tony se quitó el casco y lo colgó del cinturón. El aire era enrarecido, artificial, pero respirable.
—Voy a decirte algo —continuó la joven, mientras subía la rampa al lado de Tony—. Me pregunto si has venido a Karnet en un día intempestivo. Sé que vienes con frecuencia para jugar con tus amigos, pero tal vez hoy deberías haberte quedado en casa, en tu colonia.
—¿Por qué?
—Porque hoy todo el mundo está de mal humor.
—Lo sé. Mi madre y mi padre estaban de mal humor. Escuchaban las noticias de nuestra base en el sistema de Rigel.
—No me refiero a tu familia. También las escuchaba otra gente. La gente de aquí. Mi raza.
—Ya sé que están disgustados —admitió Tony—, pero siempre vengo aquí. En la colonia no puedo jugar con nadie y, en cualquier caso, estamos trabajando en un proyecto.
—La maqueta de un espaciopuerto.
—Exacto. —Tony experimentó cierta envidia—. Ojalá fuera telépata. Debe ser divertido.
La hembra pas-udeti guardó silencio, absorta en sus pensamientos.
—¿Qué pasaría si tu familia se marchara y regresara a la Tierra? —preguntó.
—Eso es imposible. En la Tierra no hay sitio. Las bombas C destruyeron la mayor parte de Asia y América del Norte en el siglo veinte.
—¿Y si tuvieran que regresar?
Tony no comprendió la pregunta.
—Si no podemos. Las partes habitables de la Tierra están superpobladas. El principal problema que tenemos los terranos es encontrar sitios donde vivir, en otros sistemas. En cualquier caso, no tengo ganas de ir a la Tierra. Estoy acostumbrado a esto. Todos mis amigos están aquí.
—Tomaré mis paquetes —dijo la hembra—. Me voy por esta rampa del tercer nivel.
Tony cabeceó en dirección a su EEP y éste depositó los bultos en las garras de la hembra. Ésta vaciló un momento, como si intentara encontrar las palabras precisas.
—Buena suerte —dijo.
—¿En qué?
La hembra sonrió casi con ironía.
—En tu maqueta de espaciopuerto. Espero que tú y tus amigos consigan acabarla.
—Pues claro que la terminaremos —dijo Tony, sorprendido—. Casi lo está.
¿Qué quería decir aquella pas-udeti?
La hembra se alejó antes que pudiera preguntárselo. Tony estaba preocupado, indeciso, acosado por las dudas. Al cabo de un momento pasó a la cinta que conducía a la parte residencial de la ciudad, más allá de las fábricas y las tiendas, el lugar donde vivían sus amigos.
El grupo de niños pas-udeti le miró en silencio cuando se acercó. Estaban jugando a la sombra de un inmenso bengelo, cuyas viejas ramas caían y oscilaban al compás de las corrientes de aire que se bombeaban en la ciudad. Se quedaron inmóviles.
—No te esperaba hoy —dijo B’prith, con voz inexpresiva.
Tony se detuvo, sin saber qué hacer, y su EEP le imitó.
—¿Cómo va todo? —murmuró.
—Bien.
—Hice una parte del trayecto en camión.
Tony se acuclilló a la sombra. Ningún niño pas se movió. Éstos eran más pequeños que los niños terranos. Sus caparazones aún no se habían endurecido, no se habían vuelto oscuros y opacos, como el cuerno. Esto les dotaba de una apariencia suave, informe, pero al mismo tiempo aligeraba su peso. Se movían con más agilidad que sus mayores; aún podían saltar y brincar. Sin embargo, ahora estaban quietos.
—¿Qué pasa? —preguntó Tony—. ¿Qué les pasa a todos?
Nadie contestó.
—¿Dónde está la maqueta? —insistió—. ¿Han continuado trabajando?
Al cabo de un momento, Llyre asintió levemente.
Tony empezó a enfadarse.
—¡Digan algo! ¿Qué pasa? ¿Por qué están enfadados?
—¿Enfadados? —coreó B’prith—. No estamos enfadados.
Tony removió la arena por hacer algo. Ya sabía lo que pasaba. La guerra, una vez más. La batalla que tenía lugar cerca de Orión. Su rabia estalló de repente.
—Olvídense de la guerra. Todo iba bien ayer, antes de la batalla.
—Claro —dijo Llyre—. Todo iba bien.
Tony captó su tono seco.
—Ocurrió hace cien años. No es culpa mía.
—Claro —dijo B’prith.
—Ésta es mi patria, ¿no? Tengo los mismos derechos que cualquiera. Nací aquí.
—Claro —repitió Llyre, en tono indiferente.
Tony apeló a su amistad.
—¿Tienen que comportarse así? Ayer era diferente. Ayer estuve aquí... Todos estuvimos aquí. ¿Qué ha pasado desde entonces?
—La batalla —contestó B’prith.
—¿Y eso qué más da? ¿Por qué lo cambia todo? Siempre hay guerra. Siempre ha habido batallas, hasta donde alcanzan mis recuerdos. ¿Cuál es la diferencia?
B’prith arrancó un trozo de tierra con sus fuertes garras. Al cabo de unos segundos lo tiró lejos y se puso poco a poco en pie.
—Bien —dijo, en tono pensativo—, según nuestra emisora de radio, da la impresión que nuestra flota va a ganar esta vez.
—Sí —admitió Tony, sin comprender—. Mi padre dice que no construimos las bases de aprovisionamiento adecuadas. Es probable que debamos retroceder a... —Y entonces, todo quedó claro—. ¿Quieres decir que por primera vez en cien años...?
—Sí —respondió Llyre, y también se levantó. Los demás le imitaron. Se alejaron de Tony, hacia la casa cercana—. Estamos ganando. Forzaron el flanco terrano hace media hora. El ala derecha de ustedes ha sido desmantelada por completo.
Tony se quedó de una pieza.
—Y eso es importante. Es importante para todos ustedes.
—¡Importante! —saltó B’prith, enfurecido—. ¡Claro que es importante! Por primera vez, en un siglo. La primera vez en nuestra vida que les vencemos. Huyen a la desbandada, pandilla de... —Casi escupió la palabra—, ¡gusanos blancos!
Desaparecieron en el interior de la casa. Tony siguió sentado. Contempló la tierra, atontado; después movió las manos sin objeto. Había oído antes la expresión, la había visto garrapateada en las paredes y en el polvo, cerca de la colonia. Gusanos blancos. El término despectivo con que los pas se referían a los terranos. A causa de su piel blanca y blanda, la falta de caparazones duros. Sin embargo, nunca se habían atrevido a pronunciarla en voz alta delante de un terrano.
A su lado, el EEP se agitó, inquieto. Su complejo mecanismo de radio percibía el ambiente hostil. Relés automáticos se conmutaron; los circuitos se abrieron y cerraron.
—No pasa nada —murmuró Tony, y se reincorporó sin prisa—. Será mejor que regresemos.
Caminó con paso inseguro hacia la rampa, aturdido. El EEP le precedió con calma, su rostro metálico inexpresivo y confiado, sin sentir nada, sin decir nada. La cabeza de Tony era un remolino de pensamientos. La agitó, pero el huracán no amainó. No conseguía calmar su mente, doblegarla.
—Espera un momento —dijo una voz.
Era la voz de B’prith, desde la puerta abierta. Fría y contenida, casi desconocida.
—¿Qué quieres?
B’prith se acercó, las garras enlazadas a la espalda, la postura formal utilizada por los pas-udeti para hablar con desconocidos.
—Hoy no tenías que haber venido.
—Lo sé.
B’prith sacó un trozo de su tallo de tis y empezó a enrollarlo. Fingió concentrarse en el trabajo.
—Escucha, dijiste que tenías derecho a estar aquí, pero te equivocas.
—Yo... —murmuró Tony.
—¿Entiendes el motivo? Dijiste que no era culpa tuya. Yo opino lo mismo, pero tampoco es culpa mía. Tal vez no sea culpa de nadie. Hace mucho tiempo que te conozco.
—Cinco años. Terranos.
B’prith enderezó el tallo y lo tiró.
—Ayer jugamos juntos. Trabajamos en la maqueta del espaciopuerto. Pero hoy no podemos jugar. Mi familia no quiere verte nunca más por casa. —Titubeó, sin mirar a Tony—. Quería decírtelo yo, antes que ellos.
—Ah.
—Todo lo que ha ocurrido hoy, la batalla, el éxito de nuestra flota... No lo sabíamos. No nos atrevíamos a abrigar la menor esperanza. ¿Lo entiendes? Un siglo huyendo. Primero de este sistema, después del sistema de Rigel, de todos los planetas. Luego, de las demás estrellas de Orión. Hemos librado batallas aisladas, un poco en todas partes. Los que huyeron se unieron a la base de Orión. Ustedes no lo sabían. Sin embargo, no había esperanza; al menos, nadie pensaba que la hubiera. —Se produjo un momento de silencio—. Es curioso lo que ocurre cuando estás acorralado contra una pared, y no hay otro lugar al que puedas ir. En esos casos, hay que luchar.
—Si nuestras bases de aprovisionamiento... —empezó Tony con voz ronca, pero B’prith le interrumpió con brusquedad.
—¡Sus bases de aprovisionamiento! ¿Es qué no lo entiendes? ¡Les estamos dando una paliza! Ahora, tendrán que largarse. Todos los gusanos blancos. ¡Fuera del sistema!
El EEP de Tony avanzó con aire amenazador. B’prith se dio cuenta. Se agachó, tomó una piedra y la tiró contra el EEP. La piedra rebotó en la superficie metálica. B’prith tomó otra piedra. Llyre y los demás salieron a toda prisa de la casa, seguidos de un pas adulto. Todo sucedía a demasiada velocidad. Más piedras se estrellaron contra el EEP. Una alcanzó a Tony en el brazo.
—¡Vete! —chilló B’prith—. ¡No vuelvas! ¡Éste es nuestro planeta! —Sus garras se clavaron en Tony—. Te despedazaremos si...
Tony le golpeó en el pecho. El suave caparazón cedió como si fuera de goma y el pas cayó al suelo, lanzando fuertes gemidos y chirridos.
—Escarabajo —dijo Tony con voz ronca.
Estaba aterrorizado. Una multitud de pas-udeti se había concentrado a gran velocidad. Surgían de todos lados, rostros hostiles, sombríos y coléricos, una creciente oleada de furor.
Cayeron más piedras. Algunas se estrellaron contra el EEP, otras cayeron alrededor de Tony, cerca de sus botas. Una rozó su cara. Se colocó el casco. Estaba asustado. Sabía que el EEP ya había enviado la señal, pero la nave tardaría unos minutos en llegar. Además, había que proteger a otros terrestres en la ciudad. Había terrestres por todo el planeta. En otras ciudades. En los veintitrés planetas de Betelgeuse. En los catorce planetas de Rigel. En los otros planetas de Orión.
—Debemos salir de aquí —susurró al EEP—. ¡Haz algo!
Una piedra le alcanzó en el casco. El plástico se rompió. Se escapó aire, pero el sellado automático funcionó. No cesaban de caer piedras. Los pas se aproximaban, una masa vociferante de seres quitinosos. Percibió su acre olor a insecto, oyó el chasquido de sus garras, notó su peso.
El EEP lanzó su rayo energético. El rayo describió una amplia curva y se dirigió hacia la muchedumbre de pas-udeti. Hicieron aparición toscas armas manuales. Una lluvia de balas cayó alrededor de Tony; estaban disparando contra el EEP. Apenas era consciente del cuerpo metálico erguido a su lado. Un repentino estruendo: el EEP se derrumbó. La muchedumbre se lanzó sobre él, ya no pudo ver el bulto metálico.
La muchedumbre, como un animal enloquecido, descuartizó al EEP, que se revolvió en vano. Algunos le aplastaron la cabeza; otros arrancaron piezas y partes de los brazos. El EEP se quedó inmóvil. La multitud, jadeante, con restos del robot en la mano, se apartó. Vieron a Tony.
Cuando los primeros estaban a punto de atraparle, la envoltura protectora se rompió. Una nave terrana descendió como una furia y barrió el suelo con rayos energéticos. La masa se disolvió en total confusión. Algunos dispararon, otros tiraron piedras, la mayoría buscó refugio.
Tony consiguió serenarse y avanzó con paso vacilante hacia el sitio en que había aterrizado la nave.
—Lo siento —dijo Joe Rossi con dulzura. Tocó el hombro de su hijo—. No tendría que haberte dejado ir. Debí figurármelo.
Tony estaba sentado en la butaca de plástico. Se mecía adelante y atrás, aún pálido del susto. La nave que le había rescatado había regresado de inmediato a Karnet. Tenían que sacar a los demás terrestres. El muchacho no decía nada. Tenía la mente en blanco. Aún oía el rugido de la multitud, percibía su odio, un siglo de furia y rencor reprimidos. Sus recuerdos no abarcaban otra cosa; todo seguía vivo en su memoria, incluso ahora. Y la visión del EEP caído, el sonido metálico de las piernas y brazos a medida que eran arrancados.
Su madre curó sus cortes y rasguños con un antiséptico. Joe Rossi encendió un cigarrillo con mano temblorosa.
—Si no te hubiera acompañado el EEP, te habrían matado. Escarabajos. —Se estremeció—. No debí dejarte ir, nunca. Todos estos años... Podrían haberlo hecho en cualquier momento, cualquier día. Apuñalarte, destriparte con sus asquerosas garras.
El sol amarillo rojizo arrancaba destellos de los cañones. Sordas detonaciones despertaban ecos en las colinas circundantes. El anillo defensivo había entrado en acción. Formas oscuras corrían por la ladera de la pendiente. Manchas negras salían de Karnet en dirección a la colonia terrana, atravesaban la línea divisoria que los supervisores de la
Confederación habían trazado un siglo antes. Karnet bullía de actividad. Toda la ciudad era presa de un entusiasmo febril.
Tony levantó la cabeza.
—Han..., han forzado nuestro flanco.
—Sí. —Joe Rossi aplastó su cigarrillo—. Ya lo creo. A la una. A las dos rompieron el centro de nuestra línea. Partieron la flota en dos. Huimos. Nos fueron cazando de uno en uno. Son como maníacos, maldición. Ahora que han probado el sabor de nuestra sangre, han enloquecido.
—La situación mejora —murmuró Leah—. Las unidades de nuestra flota principal están empezando a intervenir.
—Acabaremos con ellos —dijo Joe—. Tardaremos un tiempo, pero por Dios que les borraremos del espacio. Hasta el último de ellos. Aunque tardemos mil años. Seguiremos a todas y cada una de las naves. Les cazaremos a todos. —Su voz adquirió un tono de histeria—. ¡Escarabajos! ¡Repugnantes insectos! Cuando pienso en ellos intentando hacer daño a mi chico, con sus asquerosas garras negras...
—Si fueras más joven, estarías en el frente —dijo Leah—. No es culpa tuya que seas demasiado viejo. La tensión sería demasiado fuerte para tu corazón. Ya cumpliste tu cometido. No pueden permitir que una persona mayor corra el riesgo. No es culpa tuya.
Joe apretó los puños.
—Me siento tan... inútil. Si pudiera hacer algo...
—La flota se ocupará de ellos —le calmó Leah—. Tú mismo lo has dicho. Los cazarán a todos. Los destruirán. No hay por qué preocuparse.
Joe se derrumbó.
—Es inútil. Dejémoslo correr. Dejemos de engañarnos.
—¿Qué quieres decir?
—¡Hagámosle frente! Esta vez no vamos a ganar. Hemos ido demasiado lejos. Nuestra hora ha llegado.
Se hizo el silencio.
Tony se incorporó un poco.
—¿Cuándo lo supiste?
—Lo sé desde hace mucho tiempo.
—Yo lo he averiguado hoy. Al principio, no lo entendía. Vivimos en una tierra robada. Nací aquí, pero es una tierra robada.
—Sí, es robada. No nos pertenece.
—Estamos aquí porque somos más fuertes, sólo que ahora ya no lo somos. Nos están derrotando.
—Saben que es posible liquidar a los terranos. Como a todo el mundo. —Joe Rossi estaba pálido—. Les robamos sus planetas. Ahora, los están recuperando. Tardarán un tiempo, desde luego. Nos iremos retirando poco a poco. Tardaremos otros cinco siglos. Hay muchos sistemas entre éste y Sol.
Tony meneó la cabeza, aún sin comprender.
—Incluso Llyre y B’prith. Todos. Esperaban que llegara su momento. Que perdiéramos y nos marcháramos a nuestro lugar de origen.
Joe Rossi paseaba de un lado a otro.
—Sí, a partir de ahora retrocederemos. Cederemos terreno, en lugar de conquistarlo. Será como hoy... Combates perdidos, retiradas y cosas peores.
Levantó sus ojos febriles hacia el techo de la pequeña unidad de alojamiento, el rostro descompuesto.
—¡Pero por Dios que se los haremos pagar caro! ¡Cada centímetro del camino!
FIN

EL REY DE LOS ELFOS Philip K. Dick





EL REY DE LOS ELFOS
Philip K. Dick


Llovía y empezaba a anochecer. Enormes gotas de agua caían sobre los postes de la gasolinera; el viento doblaba los árboles al otro lado de la carretera.
Shadrach Jones se guareció en el portal de un pequeño edificio y se apoyó en un bidón de aceite. La puerta estaba abierta y ráfagas de lluvia mojaban el suelo de madera. Era tarde; el sol se había puesto y cada vez hacía más frío. Shadrach metió la mano bajo la chaqueta y sacó un puro. Cortó un extremo y lo encendió con cuidado, apartándose de la puerta. La punta del cigarro brilló en la oscuridad. Shadrach aspiró profundamente. Se abrochó la chaqueta y salió al exterior.
—Maldita sea —gruñó—. ¡Vaya nochecita!
La lluvia y el viento le azotaron el rostro. Escudriñó la carretera en ambas direcciones, pero no se veía ningún coche. Meneó la cabeza y cerró los postes.
Regresó al edificio y aseguró la puerta. Abrió la caja registradora y contó el dinero recaudado aquel día. No era mucho.
No era mucho, pero suficiente para un viejo, suficiente para comprar tabaco, leña y revistas, y sentirse a gusto mientras aguardaba a que algún coche se detuviera. El número de coches que circulaban por la carretera disminuía lenta pero sensiblemente. La carretera empezaba a estar muy descuidada, con grietas y socavones, y la mayoría de los coches preferían la autopista estatal que pasaba tras las colinas. Derryville no ofrecía el menor atractivo para que se desviaran. Derryville era una pequeña ciudad, demasiado pequeña para que las grandes industrias se establecieran en ella, demasiado pequeña para importarle a alguien. A veces, las horas se sucedían sin que...
Shadrach se sobresaltó. Sus dedos se cerraron sobre el dinero. El tintineo metálico del hilo del sistema de alarma instalado en el pavimento resonó en el silencio.
«¡Dinnnng!»
Shadrach devolvió el dinero a la caja y la cerró con llave. Se levantó poco a poco y se acercó a la puerta, con el oído atento. Apagó la luz y esperó en la oscuridad, tratando de ver lo que pasaba afuera.
No vio ningún coche. La lluvia remolineaba en el viento, como una cortina de agua. Nubes de niebla invadían la carretera. Y había algo junto a los postes.
Abrió la puerta y salió. Al principio no pudo distinguir nada. Después, el anciano tragó saliva.
Dos diminutas figuras estaban de pie bajo la lluvia, sosteniendo una especie de plataforma. Sus vestidos debieron ser brillantes y de colores vivos en alguna ocasión, pero ahora colgaban sucios y empapados del agua de lluvia. Miraron a Shadrach con inquietud. Enormes gotas de agua se estrellaban contra sus menudos rostros. Sus túnicas chasqueaban y se agitaban con el viento.
Algo se movió en la plataforma. Se asomó una cabecita que miró con preocupación a Shadrach. Un casco mojado centelleó vagamente en la penumbra.
—¿Quiénes usted? —preguntó Shadrach.
—Soy el rey de los elfos y estoy empapado —dijo la figura de la plataforma, irguiéndose.
Shadrach parpadeó de estupor.
—Es verdad —dijo uno de los porteadores—. Todos estamos empapados.
Un pequeño grupo de elfos se acercó con timidez y se arracimó en torno a su rey. Se apretaron unos contra otros, en silencio, con aspecto malhumorado.
—El rey de los elfos —murmuró Shadrach—. Que me cuelguen.
¿Sería posible? Eran muy pequeños, de acuerdo, y sus mojadas vestimentas tenían un corte extraño y exhibían colores extravagantes.
¡Pero, elfos!
—Que me cuelguen. Bueno, quienquiera que seáis, no deberíais estar fuera en una noche así.
—Desde luego que no —musitó el rey—, pero no es culpa nuestra. No es culpa... —un acceso de tos le interrumpió.
Los soldados elfos volvieron con ansiedad los ojos hacia la plataforma.
—Sería mejor que entrarais —dijo Shadrach—. Vivo un poco más arriba. Vuestro rey no debe continuar bajo la lluvia.
—¿Crees que nos gusta estar fuera en una noche así? —rezongó uno de los porteadores—. ¿Por dónde vamos? Guíanos.
Shadrach señaló la casa con el dedo.
—Por allí, seguidme. Encenderé un fuego.
Siguió la carretera y tanteó con el pie el primero de los escalones de piedra que Phineas Judd y él habían colocado durante el verano. Miró hacia atrás desde lo alto de la escalera. La plataforma se acercaba poco a poco, balanceándose de un lado a otro, seguida por los soldados elfos, una diminuta columna de mojadas y silenciosas criaturas, malhumoradas y ateridas de frío.
—Encenderé el fuego —dijo Shadrach, y entró corriendo en la casa.
El rey de los elfos, agotado, se recostó contra la almohada. Después de beber un tazón de chocolate caliente se había tranquilizado, y ahora su pesada respiración recordaba sospechosamente a un ronquido.
Shadrach cambió de postura, incómodo.
—Lo siento —dijo de pronto el rey de los elfos, abriendo los ojos. Se frotó la frente—. Creo que me he dormido. ¿Dónde estaba?
—Su Majestad haría bien en retirarse —aconsejó uno de los soldados, medio dormido—. Es tarde y los tiempos son duros.
—Cierto —asintió el rey de los elfos—, muy cierto. —Miró la alta figura de Shadrach, de pie junto al hogar con un vaso de cerveza en la mano—. Mortal, te agradecemos tu hospitalidad. Por regla general, no solemos imponernos a los seres humanos.
—Es a causa de los trolls —dijo otro de los soldados, acurrucado sobre un almohadón del sofá.
—Exacto —aprobó otro soldado. Se sentó y aferró su espada—. Esos asquerosos trolls, que cavan y gruñen...
—Has de saber —dijo el rey de los elfos— que nuestra partida se dirigía por los Grandes Escalones Bajos hacia el Castillo, sepultado en el fondo de las Montañas Majestuosas...
—Quieres decir el Monte Azúcar —rectificó amablemente Shadrach.
—Las Montañas Majestuosas. Avanzábamos poco a poco. Se desencadenó un aguacero. Nos perdimos. De repente apareció un grupo de trolls, que se escabulló entre los matorrales. Dejamos atrás los bosques y buscamos la seguridad del Sendero Interminable...
—La autopista veinte.
—Y así llegamos hasta aquí —el rey de los elfos hizo una pausa—. Cada vez llovía más. El viento, frío y desagradable, no cesaba de azotarnos. Vagamos durante un tiempo incalculable. No teníamos ni idea de adónde íbamos ni de lo que nos podía ocurrir —miró a Shadrach—. Sólo sabíamos una cosa: los trolls nos perseguían, deslizándose por el bosque, avanzando bajo la lluvia y destrozándolo todo a su paso.
Se llevó una mano a la boca y tosió, casi doblado en dos. Todos los elfos esperaron con ansiedad a que terminara. Por fin alzó la cabeza.
—Fue muy amable de tu parte invitarnos a tu casa. No te molestaremos mucho tiempo. No es costumbre de los elfos...
Tosió de nuevo y se cubrió el rostro con la mano. Los elfos se acercaron con la preocupación pintada en sus rostros. El rey se irguió y suspiró.
—¿Qué pasa? —preguntó Shadrach.
Se agachó y retiró la taza de chocolate de la frágil mano. El rey de los elfos se reclinó y cerró los ojos.
—Ha de descansar —dijo uno— Donde está tu habitación. El dormitorio.
—Arriba —indicó Shadrach—. Os lo enseñaré.
Avanzada la noche, Shadrach se sentó en la oscura y vacía sala de estar y se sumió en profundas meditaciones. Los elfos dormían en su alcoba; el rey, en la cama, y los demás apelotonados sobre la alfombra.
La casa estaba silenciosa. La lluvia caía sin parar, repiqueteando en las paredes. El viento agitaba las ramas de los árboles. Shadrach movía las manos sin cesar. Qué situación tan extraña... Los elfos, su enfermo y viejo rey, sus agudas vocecitas... ¡Se les veía tan inquietos y quisquillosos!
Aunque también patéticos; tan pequeños y mojados, empapados por la lluvia, con sus alegres vestimentas húmedas y deslustradas.
Los trolls... ¿qué aspecto tendrían? Desagradables y poco limpios. Por lo visto, cavaban y atravesaban los bosques arrasándolo todo a su paso.
Shadrach rió en voz baja, desconcertado. ¿Sería posible que creyera en esas tonterías? Tiró el puro con rabia; tenía las orejas encarnadas. ¿Qué estaba pasando? ¿Qué clase de broma era ésta?.
¿Elfos? Shadrach gruñó, indignado. ¿Elfos en Derryville? ¿En el corazón de Colorado? Quizá había elfos en Europa, en Irlanda, por ejemplo. Algo había oído, pero ¿aquí? ¿En su propia casa, en su propia cama?
—Empiezo a estar un poco harto —dijo—. No soy idiota, ¿sabéis?
Caminó hacia la escalera y tanteó el pasamano en la oscuridad. Empezó a subir.
Arriba, se encendió una luz de repente y se abrió una puerta.
Dos elfos aparecieron en el rellano y le miraron. Shadrach se detuvo en mitad de la escalera, alarmado por la expresión de sus rostros.
—¿Qué pasa? —preguntó en seguida.
No contestaron. La casa estaba fría, fría y oscura, con el frío de la lluvia en el exterior y el de lo desconocido en su interior.
—¿Qué pasa? —insistió.
—El rey ha muerto —dijo uno—. Murió hace unos momentos.
—¿Ha muerto? Pero...
Shadrach les contempló con los ojos abiertos de par en par.
—Tenía mucho frío y estaba muy cansado.
Los elfos se giraron y volvieron a entrar en la habitación. Cerraron la puerta lenta y silenciosamente.
Shadrach permaneció inmóvil con la mano sobre la baranda, con sus largos dedos, esbeltos y fuertes, crispados.
Meneó la cabeza en señal de asentimiento.
—Entiendo —dijo a la puerta cerrada—. Ha muerto.
Los soldados elfos le rodearon, formando un solemne círculo. El sol inundaba la sala de estar con el resplandor frío y pálido del amanecer.
—Esperad un momento —dijo Shadrach mientras se arreglaba la corbata—. He de ir a la gasolinera. Hablaremos cuando vuelva. Los rostros de los soldados elfos estaban serios y graves.
—Escucha —dijo uno—, por favor, escúchanos. Es muy importante para nosotros.
Shadrach desvió la vista hacia la ventana y vio la carretera, que centelleaba a causa del calor, y un poco más lejos la estación de servicio, brillando al sol. Un coche frenó y tocó el claxon con impaciencia. Como nadie salía de la gasolinera, el coche prosiguió su camino.
—Te lo suplicamos —dijo un soldado.
Shadrach contempló el círculo de rostros preocupados e inquietos que le rodeaba. Siempre había pensado en los elfos como seres al margen de todo problema, alegres y...
—Adelante —se resignó—. Os escucho.
Se sentó en la butaca. Los elfos se aproximaron. Conversaron un momento entre ellos, intercambiando susurros y murmullos. Luego se dirigieron a Shadrach.
El anciano aguardaba con los brazos cruzados.
—No podemos seguir sin un rey —dijo un soldado—. No sobreviviríamos, y menos en estos días.
—Los trolls —añadió un segundo— se multiplican con mucha rapidez. Son bestias terribles. Son fuertes, corpulentos, groseros, huelen mal...
—Un hedor espantoso. Surgen de lugares oscuros y húmedos, bajo tierra, donde plantas ciegas crecen en silencio, lejos del sol, a mucha distancia de la superficie.
—Bien, deberíais elegir un rey —sugirió Shadrach—. No veo ningún problema.
—No elegimos al rey de los elfos —dijo un soldado—. El rey anterior elige a su heredero.
—Oh, en realidad —replicó Shadrach—, no me parece un mal método.
—Mientras nuestro rey agonizaba, unas pocas palabras brotaron de sus labios. Nos acercamos, asustados y tristes, y escuchamos.
—Hicisteis muy bien —aprobó Shadrach—. Podía ser importante.
—Pronunció el nombre de su sucesor.
—Estupendo. Ya lo sabéis. ¿Dónde está la dificultad?
—El nombre que pronunció... era el tuyo.
—¿El mío? —se asombró Shadrach.
—El rey dijo en su agonía: «Haced del majestuoso mortal vuestro rey. Ocurrirán grandes acontecimientos si conduce a los elfos a la guerra contra los trolls. El imperio de los elfos resurgirá de nuevo, como en los viejos días, como antes...».
—¡Yo! —Shadrach se puso en pie de un salto—. ¿Yo? ¿El rey de los elfos?
Shadrach paseó por la sala con las manos en los bolsillos.
—Yo, Shadrach Jones, rey de los elfos —esbozó una sonrisa—. Nunca lo había pensado.
Se plantó frente al espejo situado sobre el hogar y se examinó. Contempló su escaso pelo gris, sus ojos brillantes, su piel tostada, su gran nuez de Adán.
—Rey de los elfos —murmuró—. Rey de los elfos. Espera a que Phineas Judd se entere. ¡Espera a que se lo diga! ¡Seguro que Phineas Judd se iba a quedar boquiabierto!
El sol brillaba en lo alto del cielo azul despejado sobre la estación de servicio.
Phineas Judd jugaba con el acelerador de su viejo camión Ford. El motor aumentaba y disminuía de potencia. Phineas se inclinó y cortó el contacto, y luego bajó la ventanilla.
—¿Qué decías? —preguntó.
Se quitó las gafas y empezó a limpiarlas con sus dedos finos y hábiles, pacientes tras muchos años de práctica. Apoyó las gafas sobre la nariz y alisó el pelo que le quedaba.
—¿Qué dijiste, Shadrach? Repítelo otra vez.
—Soy el rey de los elfos —declaró Shadrach. Cambió de postura y colocó el otro pie sobre el estribo—. ¿Quién lo hubiera pensado? Yo, Shadrach Jones, rey de los elfos.
—¿Desde cuándo eres... el rey de los elfos, Shadrach? —preguntó con cautela Phineas.
—Desde anoche.
—Entiendo. Desde anoche —Phineas asintió con la cabeza—. Entiendo. ¿Y qué sucedió anoche, si me permites la pregunta?
—Los elfos vinieron a mi casa. Cuando el viejo rey murió, les dijo que...
Un camión se acercó con un ruido sordo y el conductor se apeó.
—¡Agua! —gritó—. ¿Dónde diablos está la manguera?
Shadrach se volvió a regañadientes.
—Ahora se la traigo —luego se dirigió de nuevo a Phineas—. Hablaremos esta noche cuando vuelvas de la ciudad. Quiero contarte el resto. Es muy interesante.
—Claro —dijo Phineas, poniendo el motor en marcha—, claro, Shadrach. Ardo en deseos de oírlo.
La camioneta se alejó por la carretera.
Más tarde, Dan Green aparcó su viejo y estropeado coche junto a los postes.
—¡Oye, Shadrach, ven aquí! —gritó—. Quiero preguntarte algo.
Shadrach salió del cobertizo con un trapo manchado de grasa en las manos.
—¿Qué quieres?
—Acércate. —Dan se asomó por la ventana con una sonrisa de oreja a oreja—. ¿Puedo preguntarte algo?
—Claro.
—¿Es verdad que eres el rey de los elfos?
Shadrach enrojeció.
—Creo que sí —admitió, desviando la vista—. Eso es lo que soy, ni más ni menos.
La sonrisa de Dan se desvaneció.
—Oye, ¿me estás tomando el pelo? ¿Qué clase de broma es ésta?
—¿Qué quieres decir? —se enfadó Shadrach—. Claro que soy el rey de los elfos, y cualquiera que me contradiga...
—Vale, Shadrach, no te irrites —le tranquilizó Dan mientras ponía en marcha el motor —Sólo era una pregunta.
Shadrach parecía muy raro.
—De acuerdo. Olvida lo que dije, ¿eh?
Antes de terminar el día, todo el mundo en las cercanías se había enterado de que Shadrach se había convertido repentinamente en el rey de los elfos. Pop Richey, el propietario del almacén Lucky de Derryville, pretendía que se trataba de un truco de Shadrach para atraer a la clientela.
—Es un viejo muy listo —dijo Pop—. Ya no van muchos coches a la gasolinera. Sabe muy bien lo que hace.
—No sé —replicó Dan Green—. Tendrías que haberle oído. Da la impresión de que se lo cree en serio.
Todo el mundo estalló en carcajadas.
—¿Rey de los elfos? A ver cuál es la próxima.
Phineas Judd reflexionó.
—Hace años que conozco a Shadrach. Nunca me lo hubiera imaginado —frunció el ceño con aire de desaprobación—. No me gusta.
—¿Piensas que lo dice en serio? —preguntó Dan Green.
—Pues sí. Quizá me equivoque, pero creo que lo dice en serio.
—Pero ¿cómo es posible que crea eso? —preguntó Pop—. Shadrach no es tonto, lleva mucho tiempo en el negocio. A mi modo de ver, piensa sacar tajada, un reclamo para la gasolinera.
—¿No te das cuenta de lo que va a sacar? —rió Dan Green, exhibiendo su diente de oro.
—¿Qué? —se interesó Pop.
—Todo un reino para él solito, para hacer lo que quiera. ¿Qué te parece, Pop? ¿No te gustaría convertirte en rey de los elfos y no tener que preocuparte más de tu vieja tienda?
—No hay nada malo en mi tienda —protestó Pop—. No me avergüenzo de ella; es mejor que ser representante de confección.
Dan enrojeció.
—Tampoco tiene nada de malo eso —miró a Phineas—. ¿No es cierto? ¿Verdad que no hay nada de malo en vender ropa, Phineas?
Phineas contemplaba el suelo, distraído. Levantó los ojos.
—¿Qué? ¿Qué decías?
—¿En qué piensas? —quiso saber Pop—. Pareces preocupado.
—Me preocupa Shadrach. Se está haciendo viejo. Sentado todo el rato, sin nadie que le haga compañía, haga frío o llueva..., llueve espantosamente en invierno sobre la carretera...
—¿Así que estás convencido de que se lo cree? —insistió Dan—. ¿Que no es un truco para obtener algún beneficio?
Phineas meneó la cabeza.
Las risas enmudecieron. Todos se miraron entre sí.
Esa noche, mientras Shadrach aseguraba los postes, una diminuta figura se le acercó en la oscuridad.
—¡Hola! —gritó Shadrach—. ¿Quién va?
Un soldado elfo se hizo visible y parpadeó. Iba vestido con una pequeña túnica gris, ceñida a la cintura con una faja de plata. Calzaba botitas de cuero, y una espada corta colgaba en su costado.
—Te traigo un mensaje muy importante —dijo el elfo—. Por cierto, ¿dónde te lo dejo?
Rebuscó en su túnica mientras Shadrach aguardaba. El soldado extrajo un rollo de pergamino que desplegó, rompiendo con pericia el lacre, y lo tendió a Shadrach.
—¿Qué dice? —preguntó el mortal. Se inclinó, con los ojos muy cerca del pliego—. Apenas puedo descifrar estas letras tan pequeñas.
—Los trolls están a punto de llegar. Ha llegado a sus oídos que el viejo rey ha muerto, y la sublevación se extiende por valles y colinas. Intentarán fragmentar el reino de los elfos y dispersarnos.
—Entiendo —dijo Shadrach—. Antes de que el nuevo rey entre en acción:
—Exacto —asintió el soldado—. Es un momento crucial para los elfos. Nuestra existencia ha sido precaria durante siglos. Los trolls se multiplican por doquier, mientras que los elfos son frágiles y enferman a menudo.
—Bien, ¿qué debo hacer? ¿Alguna sugerencia?
—Te encontrarás con nosotros esta noche al pie del Gran Roble. Te conduciremos al reino de los elfos y diseñarás, junto con tu estado mayor, la mejor estrategia para defender el reino.
—¿Qué? Si aún no he cenado... ¿Qué pasará con la gasolinera? Mañana es sábado, y muchos coches...
—Pero eres el rey de los elfos —recordó el soldado.
Shadrach llevó su mano al mentón y se lo frotó lentamente.
—Eso es cierto. Lo soy, ¿verdad?
El soldado elfo hizo una inclinación.
—Tenía que imaginarme que sucederían cosas parecidas —dijo Shadrach—. No suponía que ser rey de los elfos...
Se interrumpió, esperando una reacción, pero el soldado elfo le contempló sin demostrar la menor emoción.
—Quizá deberíais elegir otro rey —decidió—. No entiendo mucho de guerras y similares, de combatir y todas esas cosas —hizo una pausa y se encogió de hombros—.
La verdad es que nunca lo he echado de menos. No hay guerras en Colorado, quiero decir que no hay guerras entre seres humanos.
El soldado siguió en silencio.
—¿Por qué fui yo el elegido? —continuó Shadrach, indeciso, retorciéndose las manos—. No sé nada de estas cosas. ¿Por qué tuvo que elegirme? ¿Por qué no eligió a otro?
—Confiaba en ti—.dijo el elfo—. Le cobijaste de la lluvia en tu casa. Sabía que no esperabas nada a cambio, que no querías nada. Había conocido a muy pocos que dieran algo sin esperar recompensa.
—Ya. —Shadrach reflexionó unos instantes y después levantó la vista—. ¿Qué pasará con mi gasolinera? ¿Y con mi casa? ¿Qué dirán los demás, Dan Green, Pop, el de la tienda...?
El soldado elfo se apartó de la luz.
—He de marcharme. Se hace tarde, y los trolls salen de noche. No quiero estar muy lejos de los demás.
—Claro —dijo Shadrach.
—Ahora que el viejo rey ha muerto, los trolls ya no temen a nada. Merodean por todas partes. Nadie está a salvo.
—¿Dónde dijiste que era la cita? ¿Y a qué hora?
—En el Gran Roble. Cuando la luna se oculte esta noche, en el preciso momento en que desaparezca del cielo.
—Casi seguro que estaré allí. Supongo que tienes razón. El rey de los elfos no puede permitirse el lujo de abandonar su reino cuando más le necesita.
Miró a su alrededor, pero el soldado elfo ya se había ido.
Shadrach subió hasta su casa, lleno de dudas y preguntas. Cuando puso el pie en el primer escalón, se detuvo.
—El viejo roble está en la granja de Phineas... ¿Qué dirá Phineas?
Pero él era el rey de los elfos y los trolls acechaban en las colinas. Shadrach escuchó el silbido del viento que se movía entre los árboles al otro lado de la carretera y azotaba las lejanas colinas.
¿Trolls? ¿Habría trolls realmente, alzándose en rebelión, audaces y confiados en la oscuridad de la noche, sin miedo a nada ni a nadie?
Y esta historia de ser el rey de los elfos...
Subió los escalones con los labios apretados. Los postreros rayos del sol se desvanecieron cuando puso el pie en el último. Era de noche.
Phineas Judd miró por la ventana. Blasfemó y meneó la cabeza. Después, se precipitó hacia la puerta y salió al porche. Divisó a la pálida luz de la luna una figura confusa que atravesaba los campos y se aproximaba a la casa por el sendero de las vacas.
—¡Shadrach! —gritó Phineas—. ¿Pasa algo? ¿Qué haces a estas horas de la noche?
Shadrach se detuvo y puso los brazos en jarras con aire decidido.
—Vuelve a casa —dijo Phineas—. ¿Qué se te ha metido en la cabeza?
—Lo siento, Phineas —contestó Shadrach—, lo siento, pero he de pasar por tus tierras: debo encontrarme con alguien al pie del viejo roble.
—¿A estas horas?
Shadrach asintió con la cabeza.
—¿Qué te pasa, Shadrach? ¿Con quién demonios has de encontrarte en mitad de la noche justo en mi granja?
—He de encontrarme con los elfos. Vamos a preparar la guerra contra los trolls.
—Oh, que me cuelguen —exclamó Phineas Judd. Entró en la casa y cerró la puerta de golpe. Estuvo pensando durante mucho rato. Después salió al porche otra vez—. ¿Qué me dijiste que ibas a hacer? No tienes ninguna obligación de repetirlo, claro, pero...
—He de encontrarme con los elfos al pie del viejo roble. Hemos convocado una asamblea general para planear la guerra contra los trolls.
—Sí, claro. Los trolls. Hay que controlar a los trolls cuanto antes.
—Están por todas partes —asintió Shadrach—. Nunca me había dado cuenta. No puedes olvidarlos o ignorarlos, porqué nunca se olvidan de ti. Siempre están haciendo planes, espiando...
Phineas, boquiabierto, le miró sin poder articular palabra.
—Por cierto —dijo Shadrach—, es posible que me ausente durante un tiempo. Depende de lo que se alargue este asunto. Como no tengo mucha experiencia en luchar contra trolls no te lo puedo asegurar, pero me gustaría que le echaras un vistazo a la gasolinera un par de veces al día, quizá una por la mañana y otra por la noche, más que nada para comprobar que nadie rompa las cosas.
—¿Te marchas? —Phineas bajó rápidamente la escalera—. ¿Qué es toda esta historia de los trolls? ¿Por qué te marchas?
Shadrach repitió lo que había dicho.
—Pero ¿por qué?
—Porque soy el rey de los elfos. He de guiarles.
Se hizo el silencio.
—Entiendo —dijo Phineas al fin—. Claro, ya lo habías mencionado antes, ¿verdad? Bueno, Shadrach, ¿por qué no entras un rato en casa, te tomas un café y me cuentas con más detalle lo de los trolls...?
—¿Café?
Shadrach levantó la vista hacia la pálida luna y el cielo oscuro. El mundo estaba tranquilo, muerto, la noche era muy fría y la luna tardarla en desaparecer.
Shadrach se estremeció.
—Hace frío esta noche —comentó Phineas—, demasiado frío para estar a la intemperie. Vamos adentro...
—Sólo un ratito —condescendió Shadrach—. Una taza de café me sentará bien, pero no puedo quedarme mucho tiempo...
Shadrach estiró las piernas y suspiró.
—Está muy bueno este café, Phineas.
Phineas bebió un poco y dejó la taza sobre la mesa.
La sala era confortable y cálida. Era un pulcro saloncito con las paredes cubiertas de pinturas solemnes, cuadros grisáceos sin el menor interés. En un rincón había un pequeño órgano con partituras cuidadosamente alineadas.
Shadrach reparó en el órgano y sonrió.
—¿Todavía tocas, Phineas?
—No mucho. Los fuelles no funcionan muy bien. Uno ya no sube.
—Creo que podría arreglarlo... si aún sigo por aquí.
—Sería estupendo. Quería pedírtelo.
—¿Te acuerdas cuando tocabas Vilia y Dan Green venía con aquella chica que trabajaba para Pop los veranos? ¿La que quería abrir una tienda de cerámica?
—Claro que sí.
Shadrach dejó la taza y se agitó en la silla.
—¿Quieres más café? —preguntó Phineas en seguida. Se levantó—. ¿Un poco más?
—Un poquito, pero no tardaré en marcharme.
—Hace mala noche.
Shadrach miró por la ventana. Estaba oscuro; la luna casi había desaparecido. Los campos se veían desolados. Shadrach experimentó un escalofrío.
—No seré yo quien te lo discuta.
—Oye, Shadrach, vete a casa, que estará calentita. Ya lucharás contra los trolls otro día. Siempre habrá trolls, tú mismo lo dijiste. Tendrás mucho tiempo cuando la temperatura mejore, cuando no haga frío.
Shadrach se frotó la frente con aire de preocupación.
—Todo esto me parece un sueño demencial. ¿Cuándo empecé a hablar de elfos y trolls? ¿Cuándo empezó todo? —su voz se quebró—. Gracias por el café —se puso lentamente en pie—. Me ha reconfortado mucho, y también la charla, como en los viejos tiempos, cuando nos sentábamos aquí a hablar.
—¿Te vas? —vaciló Phineas—. ¿A casa?
—Será lo mejor. Es muy tarde.
Phineas se levantó. Acompañó a Shadrach hasta la puerta, con un brazo sobre el hombro.
—Muy bien, Shadrach, vete a casa y tómate un baño caliente antes de meterte en la cama; te dejará como nuevo. Y un sorbito de coñac para calentarla sangre.
Phineas abrió la puerta del frente y bajaron los peldaños del porche hacia la tierra fría y tenebrosa.
—Sí, creo que será lo mejor —dijo Shadrach—. Buenas noches...
—Vete a casa —Phineas le palmeó el hombro—. Vete corriendo y tómate un buen baño caliente, y a la cama.
—Es una buena idea. Gracias, Phineas, te agradezco la hospitalidad.
Shadrach contempló la mano de Phineas posada sobre su hombro. No habían estado tan cerca durante años.
Shadrach examinó con más atención la mano. Alzó una ceja, desconcertado.
La mano de Phineas era grande y peluda, y sus brazos cortos. Los dedos eran gordezuelos, con las uñas rotas y negras a la luz de la luna.
Shadrach levantó los ojos hacia Phineas.
—Qué raro —murmuró.
—¿El qué, Shadrach?
El rostro de Phineas parecía singularmente grosero y bestial a la luz de la luna. Shadrach nunca había reparado en la enérgica mandíbula proyectada hacia adelante. La piel era áspera y amarillenta, como de pergamino. Detrás de las gafas, los ojos recordaban dos piedras, frías y desprovistas de vida. Las orejas eran inmensas, el pelo, correoso y enmarañado.
Era extraño que nunca se hubiera dado cuenta. Pero nunca había visto a Phineas a la luz de la luna.
Shadrach se apartó unos pasos para examinar con más detenimiento a su amigo. Desde esa distancia, Phineas parecía inverosímilmente bajo y rechoncho, de piernas algo arqueadas. Sus pies eran enormes. Y algo más...
—¿Qué pasa? —preguntó Phineas, receloso—. ¿Ocurre algo?
Ocurría algo muy grave, y nunca lo había descubierto en todos los años de amistad con Phineas. Éste desprendía un débil pero penetrante hedor a putrefacción, a carne descompuesta, a moho.
Shadrach miró a su alrededor.
—¿Ocurre algo? —repitió como un eco—. No, yo no diría eso.
Shadrach se acercó a un viejo barril medio roto apoyado en un costado de la casa.
—No, Phineas, yo diría que no ocurre nada.
—¿Qué haces?
—¿Yo? —Shadrach arrancó una de las duelas del barril y volvió hacia Phineas, balanceando la duela—. Yo soy el rey de los elfos. ¿Quién... o qué eres tú?
Phineas emitió un rugido y atacó con sus mortíferas manos, grandes como palas.
Shadrach le golpeó con la duela en la cabeza. Phineas bramó de rabia y de dolor.
Al sonar el grito se produjo un tumulto y una horda furiosa surgió de debajo de la casa, una horda de criaturas deformes y oscuras que avanzaban a saltos, de cuerpo rechoncho y pies y cabezas inmensos. A Shadrach le bastó un vistazo para saber lo que era el torrente de criaturas negras que surgía del sótano de Phineas.
—¡Socorro! —chilló Shadrach—. ¡Socorro, trolls!
Los trolls le rodearon, agarraron y tironearon, se le subieron encima y le golpearon la cara y el cuerpo.
Shadrach blandió la duela, la volteó sobre su cabeza y la descargó sobre los trolls una y otra vez, al tiempo que soltaba puntapiés a diestro y siniestro. Los trolls se multiplicaban, brotaban como una marea negra del subterráneo de Phineas, con sus grandes ojos y dientes centelleando a la luz de la luna.
—¡Socorro! —gritó de nuevo Shadrach con voz débil.
Empezaba a perder el aliento, y el corazón le latía locamente. Un troll se le colgó del brazo y le golpeó la muñeca. Shadrach lo lanzó por los aires y consiguió liberarse de la horda que tiraba de sus pantalones. La duela no cesaba de subir y bajar.
Uno de los trolls asió la duela, auxiliado por un grupo numeroso que intentaba arrancarla de las manos de Shadrach. Éste resistió con desesperación. Los trolls se le subían a la espalda, le agarraban de la chaqueta, trepaban por sus brazos y piernas, le estiraban del pelo...
Percibió a lo lejos el sonido agudo de un clarín, una trompeta de oro que despertaba ecos en las colinas.
Los trolls cesaron de súbito su ataque. Uno dejó de apretarle el cuello, y otro le soltó el brazo.
El sonido se repitió, esta vez más fuerte.
—¡Los elfos! —gritó un troll con voz estrangulada.
Se volvió en dirección al sonido, haciendo chirriar los dientes y escupiendo de rabia.
—¡Los elfos!
Los trolls, una creciente ola de dientes y garras aceradas, se precipitaron hacia las columnas de los elfos. Éstos rompieron filas y atacaron, gritando con salvaje alegría. Ambos bandos se enfrentaron, troll contra elfo, uñas en forma de pala contra espadas de oro, mandíbulas devoradoras contra dagas.
—¡Matad a los elfos!
—¡Muerte a los trolls!
—¡Adelante!
—¡Adelante!
Shadrach rechazó a los trolls que todavía le sujetaban. Estaba exhausto, falto de aire, sin aliento. Pateó y se debatió ciegamente, lanzó a los trolls por el aire y los aplastó contra la tierra.
Shadrach nunca supo cuánto tiempo duró la batalla. Estaba perdido en un océano de cuerpos oscuros, rechonchos y malolientes que saltaban sobre él, le arañaban, golpeaban y le tiraban de la nariz, los cabellos y los dedos. Combatió en silencio y con denuedo.
Legiones de elfos se enfrentaban contra la horda de trolls; se veía rodeado por todas partes de grupos de guerreros.
Shadrach dejó de combatir. Levantó la cabeza y miró en torno suyo, desconcertado. Nada se movía. Todo estaba en silencio. La batalla había terminado.
Algunos trolls colgaban todavía de sus brazos y piernas. Shadrach golpeó a uno con la duela. Aulló y cayó al suelo. Se tambaleó y luchó contra el último troll, agarrado tenazmente a su brazo.
—¡Basta! —jadeó Shadrach.
Consiguió lanzar al troll por los aires. Rodó por el suelo y se escabulló en las tinieblas.
Ahí acabó todo. Los trolls habían desaparecido. Los campos bañados por la luz de la luna quedaron en silencio.
Shadrach se desplomó sobre una piedra. Le dolía el pecho al respirar. Lucecitas rojas danzaban ante sus ojos. Sacó el pañuelo del bolsillo y se secó el cuello y la cara. Cerró los ojos y agitó la cabeza de un lado a otro.
Cuando los abrió, vio que los elfos se acercaban formando un grupo compacto. Estaban despeinados y heridos, con las armaduras medio destrozadas. La mayoría había perdido el casco o lo llevaba abollado. Habían perdido las plumas escarlatas, y las que quedaban estaban rotas o colgaban lamentablemente.
Pero la batalla había terminado. Habían ganado. Los trolls estaban derrotados.
Shadrach se puso en pie poco a poco. Los guerreros elfos formaron un círculo silencioso y respetuoso a su alrededor. Uno le ayudó a guardar el equilibrio cuando devolvió el pañuelo a su bolsillo.
—Gracias —murmuró Shadrach.
—Los trolls han sido derrotados —declaró un elfo, todavía asombrado por la forma en que se habían desarrollado los acontecimientos.
Shadrach advirtió que había más elfos de los que imaginaba. Todos los elfos habían acudido a participar en la batalla. Se mostraban circunspectos, serios, agotados por la terrible contienda.
—Sí, se han ido; es cierto —dijo Shadrach. Empezaba a recuperar el aliento—. Nos ha ido de poco. Llegasteis en el momento justo. Yo solo no hubiera podido resistir mucho tiempo más.
—El rey de los elfos consiguió rechazar sin ayuda la invasión troll —proclamó un elfo.
—¿Eh? —se asombró Shadrach. Luego sonrió—. Es cierto, me enfrenté a ellos solo un ratito. Yo me basté para rechazar a los trolls, a todo su maldito ejército..
—Y aún hay más —dijo un elfo.
—¿Más? —parpadeó Shadrach.
—Mira hacia allí, oh, rey, el más poderoso de los elfos. Por aquí, a la derecha.
Los elfos guiaron a Shadrach.
—¿Qué es eso? —murmuró Shadrach, sin ver nada al principio, intentando escudriñar en las tinieblas—. ¿Alguien puede acercar una antorcha?
Trajeron unas diminutas antorchas..
Sobre la tierra helada yacía de espaldas Phineas Judd. Tenía los ojos entornados y la boca entreabierta. No se movía. Su cuerpo estaba frío y rígido.
—Está muerto —anunció solemnemente un elfo.
Shadrach tragó saliva, alarmado. Un sudor frío le brotó de la frente.
—¡Mi compadre! ¡Mi viejo amigo! ¿Qué he hecho?
—Has matado al Gran Troll, el jefe de todos los troles.
—Jamás había sucedido algo semejante —exclamó otro elfo—. El Gran Troll ha vivido durante siglos. Nadie imaginaba que pudiera morir. Éste es nuestro momento más histórico.
Todos los elfos se inclinaron hacia la forma silenciosa con reverencia, reverencia mezclada con algo más que un poco de miedo.
—¡Oh, vamos! —se indignó Shadrach—. ¡Éste es Phineas Judd!
Pero, mientras hablaba, un escalofrío recorrió su espina dorsal. Recordó lo que había presenciado un rato antes, cuando los últimos rayos de la luna iluminaron el rostro de su viejo amigo.
—Mira —uno de los elfos desabrochó la chaqueta de sarga azul de Phineas—. ¿Lo ves?
Shadrach se agachó para mirar.
Tragó saliva.
Bajo la chaqueta de sarga azul de Phineas Judd había una cota de malla, un entramado de hierro viejo y oxidado que se ajustaba apretadamente al enjuto cuerpo. En el centro de la malla destacaba una insignia grabada, oscura y corroída por el tiempo, cubierta de suciedad y orín: el emblema representaba una pata de búho cruzada sobre una seta venenosa.
El emblema del Gran Troll.
—¡Dios mío! —exclamó Shadrach—. Y yo lo he matado.
Mantuvo la mirada fija en el cadáver durante mucho tiempo. Luego, poco a poco, comprendió. Se puso en pie y esbozó una pálida sonrisa.
—¿Qué sucede, oh, rey?
—Estaba pensando en algo. Acabo de darme cuenta de que... de que si el Gran Troll ha muerto y el ejército de los trolls ha huido...
Se interrumpió. Todos los elfos aguardaban.
—Pensé que quizá... quizá ya no me volváis a necesitar...
Los elfos le escuchaban respetuosamente.
—Sigue, poderoso señor, no te detengas.
—Pensé que quizá ahora pueda volver a mi gasolinera y dejar de ser rey —Shadrach les miró con aire confiado—. ¿No os parece? La guerra ha terminado, él está muerto... ¿Qué decís?
Los elfos no respondieron. Bajaron la vista con tristeza y nadie dijo ni una palabra. Por fin empezaron a moverse, y recogieron sus banderas y estandartes.
—Sí, puedes volver —contestó un elfo—. La guerra ha terminado. Los troles han sido derrotados. Vuelve a tu gasolinera, si ésa es tu voluntad.
Un gran alivio descendió sobre Shadrach. Se irguió y sonrió de oreja a oreja.
—¡Gracias, es estupendo! Es magnífico, la mejor noticia que he oído en mi vida.
Se apartó de los elfos, unió las manos y les saludó de tal guisa.
—Muchísimas gracias —sonrió a los silenciosos elfos—. Bueno, entonces me marcho. Es muy tarde y hace frío. Ha sido una noche muy dura. Ya... ya nos veremos.
Los elfos asintieron sin pronunciar palabra.
—Estupendo. Bien, buenas noches —Shadrach se volvió y empezó a caminar por el sendero. Se paró un momento y agitó la mano en dirección a los elfos—. Fue una gran batalla, ¿verdad? Les dimos su merecido— se adentró en el sendero, pero volvió a detenerse para saludarles—. Me alegro de haberos echado una mano. Bien, ¡buenas noches!
Uno o dos elfos respondieron a su saludo, pero ninguno dijo nada.
Shadrach Jones regresó sin prisas hacia su casa. La vio desde lejos, así como la carretera tan poco frecuentada, la gasolinera medio en ruinas, la casa que no duraría tanto como él; carecía de dinero para arreglarlas o trasladarse a otro lugar.
Dio media vuelta y regresó sobre sus pasos.
Los elfos continuaban agrupados en el silencio de la noche. No se hablan movido.
—Confiaba en que no os hubierais marchado —dijo Shadrach con un suspiro de alivio.
—Y nosotros confiábamos en que volvieras —replicó un soldado.
Shadrach lanzó un puntapié contra una piedra, que rodó unos metros. Los elfos le miraban fijamente.
—Claro —dijo Shadrach—. ¿No soy acaso el rey de los elfos?
—¿Seguirás siendo nuestro rey? —gritó un elfo.
—A un hombre de mi edad le cuesta mucho cambiar de costumbres, dejar de vender gasolina para convertirse en rey. Me asusté por un momento, pero ya ha pasado.
—¿Lo serás? ¿Lo serás?
—Claro —aseguró Shadrach Jones.
El pequeño circulo de antorchas centelleó alegremente. Vio a su luz una plataforma como la que había transportado al viejo rey de los elfos, pero mucho más grande, lo suficiente para que cupiera un hombre. Docenas de soldados aguardaban orgullosamente bajo los palos.
Un soldado hizo una reverencia.
—Para vos, señor.
Shadrach trepó. Era menos cómodo que caminar, pero adivinó que así deseaban conducirle al País de los Elfos.
FIN