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lunes, 2 de mayo de 2011

Caroline eres tú


Caroline eres tú

Una niña paseaba por el campo. El cielo azul hacía juego con su cinta de pelo roja, y sus mejillas sonrosadas como amapolas. La niña abrió la mano y de ella voló una mariposa. La mariposa creció sobre su cabeza y tomó forma de mujer.

- Te echaré de menos - dijo la niña - No siempre se tiene en casa un hada.

La mujer sonrió y de su cuerpo emanó una luz. El campo resplandeció y la niña se tuvo que tapar los ojos. Cuando los abrió de nuevo, una pluma dorada caía hacia el suelo. La niña la tomó y leyó una lína de símbolos impresa en ella.

- Pide lo que desees, y yo te lo daré.

La pequeña miró al suelo, "no quiero realmente nada, soy feliz". El hada leyó su pensamiento, volvió a sonreír con gesto maternal y extendió la mano hacia ella. De su palma desnuda surgió una caja de madera, pequeña y redonda, con un cerrojo de oro. La niña cogió la caja con sus manitas.

- Gracias, y buena suerte.

El hada le guiñó un ojo y desapareció como un reflejo en el agua. La pequeña se quedó allá, sin moverse, los ojos clavados en las nubecillas que cruzaban el cielo, y una lágrima en sus ojos de miel.

LOT Y SU FAMILIA


Lot y su familia

LOT Y SU FAMILIA
(Historia Biblica)

El niño de 7 años, Jorel, le trae su Libro de Historias Biblicas a su mama, Elsa, para que le lea el relato que le corresponde para el dia de hoy:
-"Mama, mama..!, puedes leerme la Historia de la Biblia antes de irme a dormir?."
-"Si hijo mio ya termine todos los quehaceres de la casa y tengo tiempo para compartirlo contigo, a ver dame el Libro, cual es la que te toca para hoy?."
-"Mira mama, es la Historia de Lot, el sobrino de Abrahan y la familia de el."
-"Ven, vamos a sentarnos aqui en el sofa de la sala y te la leo ahora mismo."
-"Si mama, vamos."
-"El relato comienza diciendo de esta manera:
"Abrahan y Lot llegaron a tener muchas ovejas y reses. Abrahan fue generoso y permitio que su sobrino eligiera para su ganado la tierra que mas le gustara y Lot escogio la region del rio Jordan, que era mas fertil y se establecio cerca de Sodoma, una ciudad bien grande y muy comercial. Ellos, Abrahan y Lot, habian acordado separarse para evitar las discusiones y problemas entre sus pastores y confusion de su ganado, porque se habian hecho muchos en gran cantidad. Por eso Lot se mudo con su famlia, su esposa y sus dos hijas, para las cercanias de Sodoma y vivieron alli por mucho tiempo.
Aunque las personas que vivian en esta ciudad eran muy malas y ofendian mucho a Dios por sus actos de pecado y desobediencia a Dios, Lot no llego nunca a imitarlos, no siguio la conducta mala e inmoral de estos habitantes. Lo que esta gente hacian molestaba mucho a Dios, por eso cuando Dios decidio destruir a Sodoma y la region alrededor de la ciudad, primero envio a dos angeles para avisarle a Lot que iba a destruir a Sodoma y a la ciudad cercana de Gomorra porque eran muy malos e inmorales, hacian cosas que no eran agradable a Dios.
Los angeles le ordenaron a Lot que saliera huyendo con su familia y que ninguno de ellos mirara hacia atras. Los angeles dijeron estas palabras a Lot escritas en el relato de La Biblia en Genesis 19:15: "'!Levantate!. !Toma a tu esposa y a tus dos hijas que se hallan aqui por temor de que seas barrido en el error de la ciudad!." Y en el versiculo 17 los angeles, cuando sacaron a Lot y a su familia de la ciudad, les dijeron: "'Escapa por tu alma. !No mires atras y no te detengas en todo el distrito. Escapa a la region montañosa por temor de que seas barrido.!'"
Por lo cual Lot, su esposa y sus dos hijas obedecieron y salieron corriendo de Sodoma. No se detuvieron ni por un solo instante y no miraron atras.
Entonces, Dios hizo que del cielo cayera fuego y azufre, aniquilando y matando a todos los malvados e inmorales personas que vivian en todo aquel territorio tanto de Sodoma como de la vecina ciudad de Gomorra.
Pero la esposa de Lot, despues de haber pasado un tiempo corriendo para escapar con vida de aquella destruccion, volvio su mirada atras, tal vez porque añoraba o deseaba las cosas que estaba dejando atras y se estaban perdiendo por la destruccion que Dios estaba causando, pero el hacer eso fue desobedecer lo que Dios les habia pedido que hicieran. Su desobediencia y el mirar atras, le costo la vida. !La esposa de Lot se convirtio en un pilar de sal!.
Lot y sus dos hijas quizas le hayan pedido que no mirara atras para protegerla, pero no lo hizo. Lot y sus dos hijas si se salvaron y llegaron entonces a vivir entre las montañas de aquel lugar.
Que podemos aprender de esta historia de Lot y su familia?. Que Jehova Dios siempre salva a las personas que le obedecen, pero los que no le muestran obediencia ni respeto, pierden su vida.
El profeta Samuel escribio en 1 Samuel 15:22: "Se deleita tanto Jehova en ofrendas quemadas y sacrificios como en que se obedezca la voz de Jehova?. !Mira!. El obedecer es mejor que un sacrificio, el prestar atencion, que la grasa de carneros." Por eso aprende de que siempre debemos ser obedientes a los mandamientos de Dios porque la obediencia a Dios significa vida para nosotros.
Puedes pedir a tus padres que te lean en tu Biblia el relato de Genesis capitulo 19:1 al 38 donde se da esta historia de Lot. Tambien puedes leer el Evangelio de Lucas 17:28 al 32, donde Jesucristo habla de esta historia."
-"Asi termina, hijo mio, la Historia Biblica de hoy. Que aprendistes de ella?."
-"Mama, que tenemos que obedecer a Dios sobre todas las cosas para llegar a no ser destruidos por el como lo hizo con los malvados de Sodoma y Gomorra."
-"Muy bien dicho, Jorel, el obedecer a Dios es mas importante que cualquier tipo de ofrenda o de sacrificio que personalmente podamos darle a el. Pues bien, asi que ya puedes ir a dormir y voy contigo para hacer una oracion de gracias a Dios por este alimento espiritual recibido en esta enseñanza de obediencia que hemos leido esta noche,."

lunes, 25 de abril de 2011

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lunes, 18 de abril de 2011

Oscar Alfaro, príncipe de la poesía para niños -- EL PÁJARO DE FUEGO





EL PÁJARO DE FUEGO
Era un pájaro bellísimo, de color tan rojo que parecía una llamarada volando por el
aire. Si se paraba en un alero, el dueño de la morada inmediatamente salía gritando:
—¡Auxilio! ¡Hay fuego en el techo de mi casa!... —Y al punto le arrojaban chorros de
agua, con lo cual aquella llama viva se lanzaba otra vez al cielo.
Si se paraba sobre un granero, los ratones se llevaban el susto más grande de su
vida.
—¡Sálvese quien pueda! ¡Ha caído una brasa en el granero! ¡Pronto comenzará el
incendio!... —Y escapaban despavoridos.
Una vez se lo vio bajar hasta el borde del río, tocar el agua y levantarse de nuevo.
Entonces se lo creyó una brasa encantada, pues tocaba el agua y no se apagaba, además
de tener la virtud de volar.
Pero aquel pájaro maravilloso no creía ni remotamente estar hecho de fuego y más
bien él soñaba con parecerse a una flor, que él conceptuaba como la encarnación de la
belleza.
—Yo soy la flor del aire. Mi tallo es tan largo como el hilo de un volador y me permite
ir adonde quiero —decía alegremente.
Pero los demás pájaros no creían en su tallo imaginario, además de que sus formas
no tenían nada de común con la flor.
—¿Dónde se ha visto una flor con pico? —decían.
—¿Y una flor que cante?...
El pájaro encendido escapaba entonces de tantos incrédulos y se daba a vagar,
ardiendo, por los aires.
Un día se dijo:
"Me posaré sobre un árbol seco y lo alegraré con mis colores. Él sí creerá que soy
una flor." Y se sentó sobre un ceibo partido por un rayo.
Allí, rojo y vistoso, parecía una extraordinaria flor encarnada. Abrió las dos alas
radiantes y las elevó a los cielos semejando entonces una flor bipétala.
Su identidad era perfecta, pero le faltaba una cosa: el perfume. Se dejó caer entonces
sobre unas flores silvestres que crecían al pie del árbol y aleteó sobre ellas un largo rato.
Cuando se consideró suficientemente perfumado, voló de nuevo a la punta del ceibo y
adoptó la posición anterior, mejorándola todavía, pues se paró sobre una sola patita, que
semejaba muy bien el tallo de una flor.
Estuvo así muchas horas seguidas y empezó a sentir hambre. En esto se presentó una
mariposa, dispuesta a libar la miel de la supuesta flor. El pájaro se la tragó en un santiamén
y volvió a quedar inmóvil.
—¿Qué flor tan extraña es ésa, que se traga a nuestra hermana? —dijeron las demás
mariposas, asombradas.
—Vamos a averiguar lo que pasa. —Una tras otra volaron hacia el pájaro y
corrieron la misma suerte.
Todos los insectos se alarmaron ante aquella flor carnicera que se alimentaba de
mariposas, pero el pájaro estaba radiante. Y después de saciar su apetito cogió a una
mariposa azul y se la colocó al cuello de collar. Luego se puso a cantar alegremente,
olvidándose de su oficio de flor.
—¡Pero qué raro! ¡Es una flor musical! —dijo una avispa.
—No es ella la que canta. Tiene un grillo en el corazón —contestó la libélula.
—Eso es absurdo —dijo la langosta.
—¡Y qué perfume tan exquisito!... —siguió diciendo la libélula.
—¡Y qué color!... ¡Si parece un lucero!...
—Bueno, esta flor se parece a muchas cosas. Iremos a examinarla... —dijeron las
avispas desconfiadas.
Volaron sobre "la flor" y la rodearon.
—Libaremos su miel, que debe ser deliciosa...
Pero apenas se acercó la primera avispa, el pájaro levantó el pico y ésta
retrocedió asombrada.
—¡Vengan todas! ¡No es una flor, sino un pájaro disfrazado!...
—¡Hay que matarlo a flechazos! ¡Es un peligroso impostor!
Y las avispas desenvainaron sus espadas y se lanzaron sobre el ave. En ese momento
el ceibo se estremeció, como volviendo de otra vida, y habló así:
—¡Hermanas avispas,
no sacrifiquen a esa
flor bellísima!...
Las atacantes
pararon el asalto y se
miraron unas a otras,
llenas de sorpresa.
—¡El árbol
muerto ha revivido! —
exclamaron a coro.
—¡Y esa flor
extraordinaria fue quien hizo el milagro de resucitarme! —confesó el ceibo viejo.
—¡Pero si no es una flor sino un pájaro disfrazado!...
—Aunque así sea. Él me revivió con una mentira piadosa. Al sentirlo en mis ramas
creía que era una flor mía y me dije jubiloso: "Aún puedo florecer". Entonces la vida
comenzó a circular otra vez por mis gajos muertos. Y aquí me tienen nuevamente, cubierto
de flores...
Y en efecto, el ceibo repentinamente se había llenado de grandes flores rojas, tan
grandes como el pájaro.
—¡Te perdonamos todo por haber resucitado una vida con sólo una hermosa
mentira! —dijeron entonces las avispas, guardando sus aguijones, y se dedicaron a libar
la miel de las nuevas flores del ceibo.

Oscar Alfaro, príncipe de la poesía para niños -- EL SAPO QUE QUERÍA SER ESTRELLA






EL SAPO QUE QUERÍA SER ESTRELLA
He visto pasar a una víbora con el cuerpo lleno de luces. Parecía una cadena de
estrellas y era porque se tragó a las luciérnagas del huerto.
Así decía el sapo oculto bajo el rosal, que aquella noche estaba constelado de
bichitos de luz.
—Pensar que si yo me trago a las luciérnagas de este rosal brillaré, igual que la
víbora. Y mejor aún, seré un sapo convertido en estrella. Y todos los seres que hoy me
desprecian por mi fealdad se morirán de envidia al verme tan hermoso. Me comeré, pues, a
todas estas luciérnagas doradas.
En ese instante sopló el viento y sacudió el rosal, que derramó una lluvia de luces...
El sapo abrió la boca y la primera luciérnaga le pintó de oro el gaznate y fue a situarse,
como una chispa, al fondo de su panza.
—¡Bravo...! ¡Ya empiezo a brillar!
Siguió lamiendo, una tras otra, las manchitas de luz que salpicaban el césped,
hasta que no quedó una sola.
—¡Esto es maravilloso! Ya nadie brilla en el huerto. ¡El único que brilla soy yo!
Y, en efecto, parecía un sapo de cristal, un hermoso sapo verde, con fuego interior.
Loco de orgullo y de contento se miró en el espejo del agua.
—¡Soy el ser más bello de la naturaleza! —dijo, y se tiró al estanque.
Inmediatamente se alborotaron los peces que allá vivían y dijeron:
—¡Qué milagro! ¡Ha caído una estrella en el agua!
—¡Soy una estrella!... ¡Soy una estrella!...-repetía el sapo, echando chorros de luz por
la boca y por los ojos.
Una guirnalda de peces multicolores comenzó a girar a su alrededor, observándolo.
—¡Qué extraño!... ¡La estrella tiene la forma de un sapo!...
—Pero es una estrella. —Y continuaba la ronda de peces asombrados.
—Sigan girando, sigan girando, que soy una estrella y ustedes son mis satélites —
decía el sapo, delirando de felicidad.
La noche comenzó a desteñirse y el sapo temió que sus reflejos se apagaran con el día,
descubriendo su verdadera identidad. Por eso se fue nadando hacia arriba, seguido por
los peces que le rogaban a coro:
—Estrella hermosa, quédate en el agua.
—Ilumina la oscuridad en que vivimos.
—Serás la reina de este mundo submarino.
Pero el sapo llegó a la superficie y dijo:
—Debo volver al cielo antes de que salga el sol.
Dio un gran brinco y dejó a sus amiguitos con el agua al cuello y la boca abierta de
admiración.
Un gallo viejo y pensativo, que aquella noche no podía conciliar el sueño, vio salir
al extraño sapo del estanque. Abrió y cerró los ojos varias veces, lleno de asombro, y, por
fin, despertó a las gallinas que dormían en el mismo árbol.
—¡Miren, el lucero del amanecer ha caído junto al estanque y está rebotando en el
suelo! ¡Miren, el lucero!
Todas despertaron de golpe y gritaron:
—¡Vamos a verlo de cerca!
Volaron sobre el sapo luminoso y lo detuvieron.
—Tonterías, no es un lucero, sino un sapo.
—¿Y por qué brilla entonces tanto?
—Es un sapo escapado del infierno.
—No sean supersticiosas. Brilla porque se ha tragado a las luciérnagas del huerto.
—¡Qué horror!... ¡Es un sapo asesino!
—Ha matado a esos pobres bichitos para robarles sus joyas de luz.
—Merece la muerte por sus crímenes.
—Sí. ¡Merece la muerte!
Y resolvieron descuartizarlo a picotazos. Pero, apenas recibió los primeros golpes, el
sapo dejó asombrado a todo el mundo: comenzó a volar...
—¡Era una estrella verdadera y nosotros nos atrevimos a picotearla...! —dijeron las
gallinas, deslumbradas.
—¡Yo tengo todavía su
lumbre en el pico! —dijo el
gallo, dándose importancia.
El sapo no salía de su
asombro al verse en el aire.
Lo cierto es que las
luciérnagas que estaban
dentro de él, al sentir los
picotazos, habían resuelto
volar para salvarse, pero
sólo consiguieron levantar
al sapo.
—¿Ahora quién dudará que soy una estrella?... ¡Si ya estoy en el cielo!
Y se puso a cantar, como queriendo llamar la atención de los astros. Pero abrió tanto
el gaznate que las luciérnagas empezaron a fugarse de su panza. Siguió cantando, sin
darse cuenta de nada sino de su felicidad.
Pero de repente se sintió caer. Todas las luciérnagas lo habían abandonado.
—Me estrellaré... —gimió el pobre—. Seré un vulgar sapo aplastado, yo que subí
como una estrella... ¡Qué gloriosa fue mi ascensión y qué pobre es mi caída! ¡Oh vanidad
de vanidades...!

Oscar Alfaro, príncipe de la poesía para niños -- LA LÁMPARA VOLADORA





LA LÁMPARA VOLADORA
La luciérnaga volaba sobre un rosal florido, cuando distinguió a una golondrina
clavada en las espinas. Inmediatamente bajó sobre ella y le dijo:
—¿Qué puedo hacer por ti, hermana?
—Alúmbrame, por favor, para que desprenda mis alas de las espinas.
—Te alumbraré aunque sea toda la noche.
Y allí se quedó derramando su luz a raudales.
La golondrina pronto desclavó sus alas y trató de volar al cielo abierto. La
luciérnaga siguió tras ella, ardiendo como una chispa.
—Te agradezco con toda el alma y no olvidaré este favor en mi vida —dijo entonces
la golondrina.
—No tienes por qué hacerlo. Dime dónde quieres viajar y yo alumbraré tu camino,
hasta que brille el sol y ya no precises de mi humilde fulgor.
—Mis hermanas han volado hacia el Norte y acamparon en el Valle de la Luna.
—Vamos entonces, sin pérdida de tiempo —dijo la luciérnaga y se posó en la cabeza
de la golondrina, como un lunar de oro.
Volaron así y al amanecer llegaron a un hermoso valle cuajado de aromas.
—Aquí están mis hermanas —dijo la golondrina alegremente.
Las demás batieron las alas, en señal de bienvenida.
—Vengan todas, que quiero presentarles a mi salvadora —dijo la recién llegada.
Inmediatamente se reunió el congreso de golondrinas en el mismo árbol, el cual se
tiñó de negro y blanco. Allí nuestra amiga dio cuenta de cómo había sido salvada por la
luciérnaga. Entonces todas agacharon la cabeza en acción de gracias. Pero la pequeña dijo
que había cumplido simplemente su deber y se vino de vuelta.
Cuando ya llegaba a su pueblo natal, la vio un murciélago y la atajó en pleno vuelo.
—¿De dónde vienes tan cansada? —le preguntó.
He volado toda la noche, acompañando a una golondrina extraviada que quería
alcanzar a sus hermanas.
—¿Prestas tu luz a quienes no ven en las noches?
—Así es.
—¡Pero qué buena idea! Yo estoy perdiendo la vista de puro viejo. Y en adelante me
servirás para encontrar a las víctimas que me dan su sangre.
—No daré mi luz para tal cosa.
—Pues lo harás por la fuerza —dijo el murciélago y la atrapó con los dientes.
Desde entonces el vampiro volaba todas las noches echando llamaradas por la boca
como un verdadero demonio. Y la luciérnaga se veía obligada a iluminar su cadena de
delitos. Ella misma estaba manchada de sangre y se sentía culpable.
Una noche pensó en usar de la astucia para librarse de él y le dijo:
—Yo sé de un lugar donde todos los animales tienen la sangre dulce como la miel.
—¡Sangre tan dulce como la miel!... Dime dónde queda ese lugar porque ya estoy
cansado de la mala sangre que aquí chupo de los cerdos y caballos.
—Te llevaré, pero deja de aprisionarme en tu boca, que ya me asfixias, y permite
que me pose en tu frente, como lo hice con la golondrina.
El vampiro accedió y de
inmediato iniciaron el viaje.
Volaron toda la noche y cuando
comenzaba a clarear, descendieron
al Valle de la Luna.
—¡Qué bello lugar! —
comentó el vampiro—. Se me
hace agua la boca, pensando en la sangre que voy a chupar...
—Lo harás a la noche. Ahora acércate a ese árbol grande, donde duermen las
golondrinas.
—¿Para qué?
—Tengo que darles un encargo.
El murciélago se acercó sin la menor sospecha. Y la luciérnaga entonces gritó:
—¡ Socorro! ¡ Sálvenme de este bandido que me tiene cautiva!...
—¡Cállate o te trago entera! —dijo el murciélago y otra vez la atrapó con los
dientes.
Pero las golondrinas habían reconocido a su bienhechora y se lanzaron furiosas
sobre el vampiro.
—¡Ha sonado tu hora, diablo volador!...
Y a picotazos le hicieron abrir la boca. De allí salió la luciérnaga, como un lucero que
salta del cuerpo de la noche.
—Yo soy ahora quien debo agradecerles —dijo la pobrecilla, derramando lágrimas
de luz.
—No tienes por qué. Sólo hemos pagado nuestra deuda —contestaron las
golondrinas.
El murciélago voló a ocultarse en una cueva. Y la luciérnaga, libre, cruzó el cielo
como si fuera la estrellita más pequeña del amanecer.