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domingo, 16 de enero de 2011

RELATOS DE LA CANTINA DE MOS EISLEY -- EL DESTINO DE UN CAZADOR



STAR WARS


RELATOS DE LA CANTINA
DE MOS EISLEY




EL DESTINO DE UN CAZADOR:
EL RELATO DE GREEDO








1. El refugio


¿Oona goota, Greedo? i
La pregunta, dicha temerosamente, fue contestada por los chillidos burlones de los bo-sapos ocultos en la cueva de la montaña, rodeada de la verde y húmeda jungla. Pqweeduk se rascó la picadura que un insecto le había hecho en su hocico, como el de un tapir, e hizo un sonido ululante de valor. Escuchó cómo el sonido resonó con el viento en el oscuro agujero que se había tragado a su hermano mayor.
Pqweeduk sintió un escalofrío recorriéndole su espalda espinosa. Sacudió la antorcha de mano y las ventosas de su mano derecha agarraron fuertemente el brillante cuchillo de caza que su tío Nok le había regalado por su doceavo cumpleaños.
Pqweeduk se metió en la enorme cueva.
Pero la cueva de la jungla no era una cueva, y unos pocos metros adentro, ¡las rocas y la tierra prensada terminaban en una puerta de acero abierta!
Pqweeduk se asomó por la apertura rectangular y alumbró hacia arriba con su antorcha. Estaba bajo una bóveda que llenaba el interior de la montaña. El joven rodiano vio tres grandes naves plateadas que estaban silenciosamente en posición replegada en la inmensidad.
¿Greedo?
¡Nthan kwe kutha, Pqweeduk! ii –Era la voz de su hermano. Pqweeduk vio la mano con la antorcha de Greedo señalando y caminó hacia ella. Sus pies desnudos sentían un suelo liso y frío.
Greedo se paró en la escotilla abierta de una de las grandes naves.
¡Vamos, Pqweeduk! ¡No hay nada que temer! ¡Vamos dentro y echémosle un vistazo!




Sus bulbosos ojos de múltiples caras, ya grandes de por sí, se hicieron incluso mayores cuando los dos jóvenes de piel verde exploraron el interior del navío plateado. Por todos lados era de formas metálicas extrañas y desconocidas que brillaban y relucían a la luz de las antorchas o presentaban oscuras siluetas angulosas llenas de ocultas intenciones. Pero había también algunos lugares para sentarse, y camas para acostarse, y platos para comer.
Greedo tenía una rara sensación de haber estado ahí antes. Pero sólo era una sensación que no estaba acompañada de ningún recuerdo.
En efecto, los únicos recuerdos que tenía eran de la vida en la verde jungla donde su madre recogía nueces de tendril y sus tíos pastoreaban el rebaño de botts arbóreos para leche y carne. Alrededor de doscientos rodianos vivían juntos bajo los grandes árboles tendril. Siempre habían vivido allí, era la única vida que conocían y, en sus quince años de vida, Greedo y su hermano menor habían corrido salvajes en la selva.
Los rodianos no tenían enemigos en ese lugar, excepto por el merodeo ocasional del gato manka en su camino hacia las distantes montañas blancas, durante la temporada de apareamiento.
Los rodianos más jóvenes se quedaban cerca de casa durante esa época del año. Los rugidos salvajes de los mankas advertían a todos de su llegada. Los hombres rodianos sacaban sus armas de los lugares secretos donde las guardaban y se mantenían alerta en el borde del pueblo, esperando a que los mankas pasaran durante la noche.
Durante la temporada de los manka, Greedo podía oír el ruido de los fusiles, acostado en la cama, incapaz de dormir. A la mañana siguiente el cuerpo de un gran manka estaría colgado, para que todos lo vieran, de los árboles cruzados en el centro del pueblo.
Salvo por la matanza de mankas, los rodianos llevaban una tranquila existencia autosuficiente. Los adultos nunca hablaban de ninguna otra vida, al menos no delante de los niños. Pero, cuando ellos creían que estaba dormido, Greedo alcanzaba a oírles hablar de cosas que estaban ocurriendo fuera en las estrellas.
Oía a los adultos usar palabras como “Imperio”, “las guerras de clanes”, “cazarrecompensas”, “naves espaciales”, “Caballeros Jedi”, “hiperespacio”. Estas palabras creaban extrañas imágenes en su mente que no tenían ningún sentido para él, porque la única vida que había conocido era la jungla, los árboles, el agua y los días de juego sin fin.
Pero las charlas secretas de los adultos le llenaban de sentimientos de inexplicable nostalgia. De algún modo sabía que no pertenecía a ese mundo verde. Él pertenecía a algún otro lugar, fuera entre las estrellas.
Las naves plateadas eran la prueba. Sabía con asombrosa seguridad que estas eran las “naves espaciales” de las que había oído hablar a su madre y sus tíos. Seguramente su madre le contaría por qué las naves estaban ocultas debajo la montaña.
«Pqweeduk no es lo suficiente mayor como para saber… pero yo sí lo soy».




La madre de Greedo, Neela, estaba sentada en el suelo frente a su cabaña, a la luz de la lumbre pelando nueces de tendril. Sus manos se movían con rapidez, rajando las gruesas cáscaras con un cuchillo de hueso y volviéndolas a pelar. Ella tatareaba tranquilamente para sí misma mientras trabajaba.
Greedo se puso cerca en cuclillas, tallando un trozo de madera blanca de tendril en forma de una nave espacial plateada. Cuando la nave estaba terminada la levantó y la admiró.
Madre –preguntó repentinamente–, ¿Cuándo me vas a explicar lo de las naves plateadas de la montaña?
El rápido movimiento de las manos de su madre se paró. Sin mirar a su hijo, habló, con una voz que revelaba emoción.
Encontraste las naves –dijo.
Sí, madre. Pqweeduk y yo.
Le dije a Nok que tapara la apertura de la montaña. Pero Nok ama demasiado el pasado. Él siempre está yendo a hurtadillas allí a mirar las naves –suspiró y continuó pelando las ásperas pieles de las grandes nueces.
Greedo se acercó a ella. Sintió que estaba preparado para contarle las cosas que quería saber… cosas que necesitaba saber.
Madre, por favor, háblame acerca de las naves.
Sus húmedos ojos se encontraron con los de él.
Las naves… nos trajeron a este lugar… a este mundo… dos años después de que tú nacieras, Greedo.
¿Yo no nací aquí… en la jungla?
Tú naciste fuera de aquí –apuntó al cielo vespertino, visible a través de los altos árboles tendril, donde las primeras estrellas estaban apareciendo–. En el mundo de los de nuestra especie, el planeta Rodia. Había muchos asesinatos en aquel entonces. A tu padre lo mataron, mientras yo estaba embarazada de tu hermano. Teníamos que irnos… o morir.
No lo entiendo.
Ella suspiró. Vio que tendría que contarle todo. O casi todo. Ya era lo suficientemente mayor para saber lo que pasó.
Nuestro pueblo, los rodianos, siempre fuimos cazadores y luchadores. El amor por la muerte era fuerte en nosotros. Hace muchos años, cuando la carne de caza se acabó, aprendimos a criar nuestra comida. Pero nuestra gente empezó a darse caza los unos a los otros, por deporte.
¿Se… mataban los unos a los otros?
Sí, por deporte. Por un deporte mortal. Algunos rodianos pensaban que era una locura y se negaban a participar. Tu padre fue uno de ellos. Él era un gran cazarrecompensas… pero se negó a unirse a las estúpidas cacerías de gladiadores.
¿Qué es un cazarrecompensas, madre? –Greedo sintió un escalofrío en su columna, esperando la respuesta.
Tu padre cazaba criminales y forajidos… o gente con precio puesto a sus cabezas. Tenía una gran reputación por sus habilidades. Nos hizo muy ricos.
¿Por eso murió?
No. Un malvado líder de clan, Navik el Rojo, llamado así por la mancha de nacimiento roja que cubre su cara, utilizó los juegos de gladiadores como exclusa para hacer la guerra a otros líderes de clan. Tu padre fue asesinado. Nos quitaron nuestras riquezas y nuestro clan, los Tetsus, casi fue aniquilado. Afortunadamente, algunos de nosotros pudimos escapar a la matanza, en las tres naves plateadas que has encontrado.
¿Por qué nunca nos hablaste a Pqweeduk y a mí sobre las naves… y sobre nuestro pueblo?
Hemos cambiado. No había necesidad de desenterrar el oscuro pasado. Aquí nos hemos vuelto pacíficos. Sólo sacamos los fusiles cuando están merodeando los gatos manka. Hicimos un juramento en nuestro consejo, que los niños no sabrían de nuestro terrible pasado, hasta que hubieran crecido por completo. Estoy rompiendo ese juramento ahora, al decirte estas cosas. Pero ya eres… casi tan alto como tu padre.
Los ojos de su madre parecían envolver a Greedo. A él le encantaba la forma en que le miraba. Su piel emanaba un placentero perfume, un fuerte aroma rodiano. La miró asombrado. De repente había mucho más que saber. Quería aprender desesperadamente… todo.
¿Qué es el Imperio, madre?
Frunció el ceño y arrugó su largo y flexible hocico.
Te he contado bastante, Greedo. Otro día quizás responderé a todas tus preguntas. Ahora vete a la cama, hijo mío.
Sí, madre. –Greedo tocó con las ventosas de su mano las de su madre en un gesto tradicional que servía tanto de saludo como de buenas noches. Se fue a su cama llena de paja en la pequeña cabaña, donde su hermano ya estaba durmiendo.
Greedo estuvo acostado durante horas, pensando en las naves plateadas, en su padre el cazarrecompensas… y en la grandeza de la vida en las estrellas.




2 Navik, el Rojo


Un mes y un día después de que Greedo y Pqweeduk encontraran las naves plateadas, Navik el Rojo, líder del poderoso clan Chattza encontró a los Tetsus.
Greedo y su hermano estaban trepando a lo alto de los árboles tendril cuando vieron un destello brillante en el cielo. Miraron con curiosidad en silencio cómo el destello se convertía en una brillante forma roja que se hacía más y más grande, hasta que pudieron ver que era una nave del cielo, veinte veces más grande que las pequeñas naves plateadas de la cueva.
Voces ansiosas llamaban desde abajo. Greedo ululó con excitación y comenzó a deslizarse hacia abajo rápidamente por el liso árbol, usando sus ventosas con habilidad para frenar su descenso. Su hermano estaba justo detrás de él.
Abajo podían ver a la gente saliendo de sus cabañas y señalando a la gran nave en el cielo. El tío Nok y el tío Teeku y otros corrían a coger las armas. Greedo sintió que tenían miedo.
¡Vamos, Pqweeduk! –gritó Greedo, cuando sus pies golpearon el suelo–. ¡Tenemos que salvar a madre! ¡No podemos dejar que la maten!
¿De qué estás hablando, Greedo? ¡Nadie va a matar a nadie! –Pqweeduk descendió al suelo y obedientemente siguió a su hermano mayor.
Mientras corrían entre los árboles, la nave roja descendía más, sacó su tren de aterrizaje y se posó en una nube de humo abrasador al borde del pueblo.
Dos compuertas idénticas silbaron al abrirse. Greedo se paró, se giró y se quedó boquiabierto sobrecogido, cuando cientos de guerreros rodianos con armadura salieron de la nave gigante. Todos llevaban una brillante armadura segmentada y todos portaban un rifle bláster de aspecto mortífero.
La vista de estos asesinos petrificó al joven rodiano. Pasó todo un minuto antes de que sintiera a su hermano tirando de su manga con temor. Y entonces oyó la voz de su madre, urgiéndole para que corriera. Lo último que vio Greedo, antes de volver su cara a la selva, fue la figura de un imponente rodiano con una marca rojo sangre que manchaba la mayor parte de su rostro. El guerrero marcado gritó una orden y los demás levantaron sus armas.
Los sonidos de los disparos láser se mezclaban con los chillidos agonizantes de la gente, mientras Greedo, su hermano y su madre huían a la jungla.




El tío Nok, el tío Teeku y otros veinte también lo hicieron hacia la cueva que estaba enfrente de ellos. Se produjo un gran ruido chirriante y el rugir de un derrumbamiento de tierras, mientras la cima de la montaña se abría, deshaciéndose de su carga de tierra y piedras.
Greedo se quedó sin aliento mientras las tres naves plateadas relucían con la luz del sol de mediodía. Los poderosos motores despiertos ya gemían.
El tío Nok acogía a la madre de Greedo mientras pedía a todos que subieran a bordo lo más rápidamente posible.
¡Neela, ahora ya sabes por qué siempre estaba visitando las naves! ¡Las mantenía a punto precisamente para este día!
La madre de Greedo abrazó a su hermano Nok y le dio las gracias. Entonces todos embarcaron a prisa, seguidos por un flujo de refugiados saliendo de la selva.
Dos de las naves plateadas se elevaron fácilmente sobre columnas de energía repulsora, sus motores propulsados por fisión gemían tan alto que el sonido desapareció fuera del campo auditivo de de Greedo. La tercera nave estaba esperando a los últimos rezagados… los últimos supervivientes de la masacre.
Un corpulento cazador de mankas llamado Skee salió a la carrera del bosque, gritando:
¡Marchaos! ¡Llevaos las naves mientras haya una oportunidad todavía!
La tercera nave nunca consiguió cerrar su trampilla. Un rayo de energía de iones fundió sus estabilizadores en una masa fundida y una fracción de segundo después una poderosa ráfaga de láser hizo estallar el núcleo de energía.
Cuando las primeras dos naves se lanzaron hacia el cielo, explotó una brillante esfera de fuego de fusión detrás en la jungla, imitando el sol del mediodía. La tercera nave ya no existía.
Greedo nunca escuchó la explosión. Estaba en la cabina de mando de El Radián, embobado con las estrellas, mientras la nave plateada del el tío Nok saltaba hacia lo desconocido.




3. Nar Shaddaa


Previendo esta emergencia, Nok había programado las naves rodianas para que saltaran a una región de la galaxia muy transitada, donde los supervivientes de su pequeña tribu pudieran perderse entre la miríada de razas alienígenas dedicadas al comercio interestelar.
Así fue como llegaron a Nar Shaddaa, una luna espaciopuerto que orbita alrededor de Nal Hutta, uno de los principales planetas habitados por los hutt, especie con aspecto de babosas.
Había un continuo zumbido de tráfico espacial entre Nar Shaddaa y los remotos sistemas estelares de la galaxia: enormes naves de transporte transgaláctico y cargueros de mercancías, los ostentosos yates y carabelas de los señores del hampa, las naves corsario con señales de batalla de los mercenarios y cazarrecompensas, los bergantines piratas, e incluso los ocasionales buques de pasajeros comerciales, paquebotes estelares o arcas de migración masiva. Y, por supuesto, siempre presentes, los cruceros estelares y los patrulleros de líneas elegantes de la Armada Imperial.
La superficie de Nar Shaddaa era un entramado de ciudades y estaciones de acoplamiento de millas de altura, acumuladas durante miles años. Nivel sobre nivel de depósitos de mercancías, almacenes e instalaciones de reparación estaban conectados por toscas carreteras que abarcaban el globo, cruzando cañones que llegaban desde los estratos superiores, plagados de vida, a las rebosantes profundidades donde proliferaban varios tipos de subespecies sobre los desperdicios que caían continuamente desde las elevadas alturas.
Greedo, su hermano, su madre y todos los refugiados de aquellas dos naves plateadas llegaron a Nar Shaddaa, fundiéndose con la vida de la gran luna espaciopuerto, encontrando un hogar en el inmenso sector controlado por contrabandistas corellianos.
Los corellianos mantenían las cosas las cosas bajo control de forma razonable en su parte de la luna. El juego era una importante fuente de ingresos para ellos. Todas las especies estaban invitadas a deambular por las avenidas intensamente iluminadas, mirar boquiabiertos, comer y beber y malgastar dinero en los garitos de sabacc. No era de extrañar, de vez en cuando, un duelo con pistolas o un asesinato por una recompensa, y generalmente un hurto insignificante no era tenido en cuenta. Pero había una ley no escrita en el sector corelliano, impuesta por el Control Portuario: si quieres causar un gran problema, más vale que lo hagas en cualquier otro sitio.
Los refugiados rodianos se fundieron con los habitantes de los distritos de lúgubres almacenes del Nivel 88. En los meses siguientes encontraron trabajo como mozos de carga y descarga y en el servicio doméstico, y se ocuparon de sus vidas.
Nok ordenó a todos que se mantuvieran alejados de los niveles públicos, las carreteras y los casinos, ante la posibilidad de que fueran reconocidos por un cazador Chattza. Nok les aseguró que su estancia en Nar Shaddaa sería sólo por una temporada, hasta que pudiera localizar otro planeta selvático donde pudieran vivir en paz.
Para los rodianos adultos no era una época feliz, echaban de menos profundamente el exuberante planeta verde que habían dejado atrás. Pero para Greedo y Pqweeduk, empezaba a revelarse todo un universo de emociones.




Cuatro años después el pueblo de Greedo todavía estaba en Nar Shaddaa, trabajando y sobreviviendo. Greedo tenía diecinueve años, su hermano dieciséis. Los jóvenes verdes se habían integrado con el espectáculo sin límite de la galaxia.




4. Cazadores de recompensas


¡Jacta nin chee yja, Greedo! iii
Greedo saltó hacia atrás mientras tres motos repulsoras pasaban a toda velocidad, brincaban sobre un muro de contención roto y desaparecían en una de las abarrotadas explanadas que habían sido declaradas fuera de los límites por el tío Nok.
Vio a su hermano y a sus amigos virar bruscamente sus motos entre los deslizadores terrestres, antiguos taxis con ruedas, plataformas flotantes hutt, esquivando hábilmente a los jugadores ambulantes, piratas alienígenas, traficantes de especias, vendedores callejeros, vagabundos varios… y cazarrecompensas.
¡Crece, Pqweeduk! –Greedo se apoyó contra un muro, esperando a su amigo Anky Fremp, un biomorfo siona skup que le había enseñado los secretos de la calle.
Greedo, al borde de la edad adulta, había dejado atrás los juegos de la niñez. Había cambiado su moto repulsora por un par de botas de primera calidad. Había robado una valiosa chaqueta de piel de rancor. Había aprendido como desmontar bombas termales y quitar los reguladores de escudo a las plataformas flotantes hutt mientras los señores del crimen locales estaban repatingándose en las casas de baños corellianas, haciendo tratos con sus homólogos interestelares.
Anky Fremp le había enseñado a Greedo los pormenores del mercado negro, quién pagaba por mayor parte de los equipos robados… y quién tenía los mejores precios de brillestimiv, chaquetas de piel y cubos de música yerk.
Fremp y Greedo formaban un equipo y habían sido un equipo durante dos años. Pqweeduk aún era un niño bobo, jugando a estúpidos juegos callejeros con sus amigos.
¡Ska chusko, Pqweeduk! v –¡Crece, Pqweeduk!




Mientras esperaba a Fremp, Greedo miraba la calle. Cada tipo de vida, humano o alienígena, que pasaba por Nar Shaddaa. Puede que la mitad fueran comerciantes legales y transportistas de mercancías, trabajando para una u otra de las grandes corporaciones transgalácticas. El resto estaban operando en algún lugar más allá de los límites de la ley.
Un grupo que fascinaba a Greedo no parecía perseguir oro y emociones, y casi nunca los veías en la calle. Eran los llamados rebeldes políticos, forasteros que habían tomado una posición contraria al gobierno despótico del Emperador Palpatine y su cruel dictador militar, Darth Vader.
Había rebeldes en esta luna espaciopuerto, Greedo lo sabía. Se escondían en un viejo almacén del Nivel 88, el mismo nivel donde vivían los refugiados rodianos. Los rebeldes estaban acumulando allí todo tipo de armas, armas que llegaban ocultas en exóticos cargamentos de metales preciosos y especia… y salían en las horas más oscuras de la noche, en naves burladoras de bloqueos con destino a remotos puestos de avanzada entre las estrellas.
«Apuesto que el Imperio pagaría un montón por saber lo que están haciendo los rebeldes en Nar Shaddaa. Pero ¿cómo le doy esa información a los imps vi? No conozco a nadie que trabaje para el Imperio».
Justo entonces Greedo oyó las estridentes descargas de disparos láser y se agachó instintivamente, agazapándose detrás del muro de contención medio desmoronado que su hermano había saltado con el repulsor unos pocos minutos antes.
Mirando cuidadosamente por encima del muro, vio a un hombre con el uniforme verde característico de inspector de especia saliendo de las sombras y corriendo a través de la calle abarrotada. Resonaron más disparos de láser y la multitud comenzó a dispersarse rápidamente en los callejones y salones de juego de alrededor.
Greedo vio brillantes rayos de energía chocando contra edificios y vehículos. El hombre que corría fue alcanzado y cayó, ni a tres metros del lugar donde se encontraba Greedo.
Dos imponentes figuras salieron de las sombras a la intensamente iluminada explanada. Con pasos lentos se aproximaron al hombre caído.
La más grande de las dos figuras, que llevaba un casco con forma de cráneo y armadura ithullana completa, empujó con la bota a la víctima.
Está muerto, Goa.
La figura más baja se inclinó para inspeccionar a la víctima y Greedo alcanzó a ver un tipo rechoncho con manchas marrones y cara muy picuda, que vestía desarreglado con cuero y hierro y bandoleras.
Mala suerte, Dyyz –dijo el más bajo–. Yo sólo quería herirlo. Vivo valía por lo menos el doble.
«Cazarrecompensas, –pensó Greedo–. Han cobrado su presa... ahora irán a cobrar la recompensa. Apostaría a que es mucho. Apostaría que son ricos».
El más grande, al que el otro llamó Dyyz, se inclinó y recogió al inspector de especia muerto y se lo echó al hombro con facilidad.
Todo en un solo día de trabajo, ¿eh, Goa? Yo mismo soborné a esta basura una o dos veces, hace años… ¡Pero cuando los imps ponen a un hombre en la lista de recompensas, no queda otra opción! Metámosle en una bolsa, escondámosle y vamos a tomar un trago.
Por mí estupendo. Tengo más sed que un granjero de Tatooine.
Greedo se dio cuenta por primera vez de que el llamado Goa tenía un fusil bláster mayor de lo normal colgado a su espalda. Jamás había visto un bláster tan grande. Estaba encastrado en metal negro y recubierto de tubos y dispositivos electrónicos. «Un trabajo a medida, –pensó Greedo–. ¡Fíjate en el aspecto de esa cosa! Apostaría a que es un cazarrecompensas que siempre alcanza a su hombre».
Greedo esperó a que los dos cazarrecompensas desaparecieran de vuelta por el camino por el que vinieron, pero en lugar de eso caminaron directamente hacia él.
Cuanto más se acercaban al muro de contención, más aterradora era su apariencia. El grande, Dyyz, llevaba un casco de paracero corroído que le cubría toda la cabeza. La máscara facial –estrechas rendijas para los ojos en una estilizada cabeza de muerte– transmitía amenaza mortífera e inexorable. Este vestía la armadura de la extinta raza ithullana –Greedo sabía que los belicosos ithulles habían sido exterminados hace cientos de años, su civilización aplastada y aniquilada, por otra raza igualmente de belicosa, los mandalorianos–. «Por el aspecto de su armadura –pensó Greedo– ¡debe haberla robado de un museo imperial!».
El otro cazarrecompensas, Goa, estaba vestido con una mezcolanza de ropa que sugería que nunca se cambiaba o se la quitaba, simplemente había añadido nuevas piezas sobre las desgastadas, hasta que se convirtió en una colección andante de vestuario y equipos militares.
El aspecto más fascinante de Goa era su cabeza: obviamente una especie inteligente de pájaro, o descendiente de pájaro. De piel áspera marrón con manchas, sin plumas, con diminutos ojos intensos hundidos detrás de un ancho pico lleno de cicatrices.
Dyyz y Goa llegaron al muro de contención y Greedo se agachó. Lo siguiente que oyó Greedo fue una tercera voz, áspera y cruel.
Vaya, vaya, pero si son Dyyz Nataz y Jabalí Goa. ¿Dónde os habéis metido, chicos? ¡Deberíais saber que no se debe dejar tirado a un viejo amigo!
Cálmate, Gorm. Tendrás tu parte. El hecho es que Jabalí y yo hemos cogido a este inspector de especia que estaba en la lista negra. ¡Los imps nos pagarán mucho y estaremos más que contentos dándote tu parte en el trato!
Y un cuerno, Dyyz –esa era la voz de Goa–. Nosotros somos dos y Gorm sólo uno. Que se espere a los créditos que le debemos.
Uno como yo vale por seis limpiadores de jaulas como vosotros.
Resonó fuego de bláster y rojos rayos de energía fueron disparados por encima de la cabeza de Greedo. Se agachó más y los sonidos de una violenta refriega llegaron a sus oídos. De repente el gran fusil bláster de Goa salió volando por encima del muro y sonó al chocar contra el pavimento cerca de Greedo.
Mientras extendía la mano para alcanzar el arma de forma impulsiva, Greedo oyó al que llamaban Gorm dirigiéndose al que llamaban Dyyz para que le entregara el cuerpo del inspector de especia.
Entregádmelo… y os dejaré vivir un día más.
Encontrando el coraje para mirar de nuevo por encima del muro, Greedo vio una figura más imponente, dos cabezas más alto que Dyyz Nataz, vestido con una pesada armadura plateada y casco completo. Los ojos de la máscara facial eran electrónicos brillando en rojo. «Debe de ser un droide –pensó Greedo–. He oído de droides renegados asesinos dedicándose al negocio de las recompensas. O quizás no era un droide…»
De repente, Greedo tuvo una idea. Cogiendo el enorme fusil bláster en sus temblorosas ventosas, Greedo levantó el arma en posición de tiro tan silenciosamente como pudo. Buscó el seguro, lo encontró y cargó el fusil.
Entonces, subrepticio como cuando el tío Nok esperaba un gato manka, alzó el cañón del fusil por encima del muro de contención. Lo apuntó a la espalda de Gorm.
Greedo vio a los ojos de Goa dirigirse a su fusil y entonces se sacudió. Greedo apretó el gatillo.
El arma silbó y rugió y el cazarrecompensas llamado Gorm cayó hacia delante con un gruñido y un agujero de bláster ennegrecido en el centro de su espalda.
Mientras Greedo se levantaba, Goa emitió un maniático sonido cacareante y se lanzó a por el fusil. Pero Greedo giró el cañón hacia la cabeza de Goa.
¡Eh, niño! ¡Tranquilo! ¡Eso que estás apretando es un gatillo!
Dyyz resopló y se rió.
Gracias, niño. Nos has salvado el pellejo. Estaremos eternamente en deuda contigo. Ahora en cuanto le devuelvas el arma a mi compañero, seguiremos nuestro camino.
Greedo se encaramó cuidadosamente al muro, manteniendo el fusil bláster apuntando a Goa. Moviéndose cerca de la figura boca abajo de Gorm, examinó el agujero que había hecho en la espalda del gran cazarrecompensas.
¿Es un droide? –preguntó Greedo.
Se puede decir que sí –dijo Goa–. Ahora, el fusil… ¿Qué tal si te metemos en la recompensa por este inspector? Te lo has ganado.
Tengo una idea mejor –dijo Greedo–. Creo que puedo ayudaros a ganar mucho dinero, tíos.




5. El contrabandista y el wookiee


¿Spurch “Jabalí” Goa? ¿Por qué le llaman Jabalí?
Anky Fremp, el amigo callejero de Greedo, estaba sentado en el borde de una plataforma de estacionamiento, con sus cortas piernas colgando sobre un cañón de la ciudad de millas de profundidad. Anky era un sioniano skup, una raza casi humana con ojos pequeños muy juntos, pelo tan quebradizo como el cristal y la piel del color del queso de dianoga. Anky tiró una botella tras otra en el abismo.
La distancia desde la torre más alta del espaciopuerto a la superficie de la luna Nar Shaddaa era tan grande que ellos nunca oyeron como se estrellaban las botellas. Pero algunas veces las botellas colisionaban con un taxi o carguero ascendiendo a repulsión por el desfiladero, y eso era divertido.
¿Para qué haces eso? –dijo Greedo con desdén–. Esa es la clase de juegos estúpidos a los que juega el crío de mi hermano. Si el Control Portuario Corelliano te coge, pueden reclutarnos para trabajar para un transportista de mineral.
Sí… es cierto. Me estoy haciendo demasiado mayor para esto. Bueno, ahí va la última.
Una chalana de hangar emergió del desfiladero siete niveles abajo y el proyectil de Fremp golpeó al piloto de la chalana en su casco de protección. El hombre miró arriba, gritando y agitando el puño.
Cuando la chalana ascendió rápidamente hacia ellos, Greedo y Fremp decidieron que habían estado sentados en el borde bastante tiempo y empezaron a caminar rápido hacia el garaje de Ninx, uno de sus sitios favoritos.
Vale, háblame del trato, Greedo. ¿Van a hacerte rico esos cazarrecompensas que has conocido?
Sí, les hablé de los rebeldes que trafican con armas en el Nivel 88. El Imperio paga una buena recompensa por ese tipo de información. Dyyz y Jabalí me dijeron que me meterían en el trato.
¡Wow! ¿Lo compartirás conmigo?
Greedo sonó con aire de superioridad.
Sí… te pasaré unos cuantos créditos, Fremp. Pero la mayoría voy a emplearlos en comprar mi propia nave. Ninx tiene un pequeño corsario Incom muy chulo que me lo dejará en catorce mil. Todo lo que necesita son unos nuevos acopladores de energía.
Eso no es nada. ¡Podemos robar los acopladores!
Cierto. Yo puedo robar los acopladores de energía. –Greedo le dirigió a su entusiasta amigo la versión rodiana de una mirada condescendiente, mientras llegaban a la puerta secreta del garaje de Ninx. «No hay necesidad de que Fremp piense que ninguna pieza de mi nueva nave le va a pertenecer a él».




El asistente de Shug Ninx era un corelliano ambidiestro mecánico de hipermotor llamado Warb. Warb reconoció a los dos jóvenes en el monitor de la entrada.
Hey, Anky... Greedo. ¿Tenéis bombas termales robadas para mí hoy?
Lo siento, Warb. Mañana tendremos algo.
De acuerdo, os veré mañana. Shug no está por aquí y yo estoy ocupado.
Quiero enseñarle a Anky ese pequeño corsario Incom que me voy a comprar.
Hmmm… vale. Pasad. Pero como note que falta alguna herramienta ya sé a quienes voy a desintegrar.
Warb les abrió la entrada al garaje de Ninx y volvió al trabajo ayudando a un contrabandista a poner a punto el motor-luz de un destartalado carguero YT-1300 que había ganado en una partida de sabacc.
El cavernoso taller de reparación era una confusión de naves descuartizadas y el grasiento revoltijo de toda una vida –piezas por todas partes, ensamblajes completos colgando de elevadores y andamios– y los brillantes destellos de soldadura por flujo de iones de los droides técnicos trabajando arriba en andamios alrededor de un enorme Kuat Starjammer-IZX, un veloz transporte de carga que parecía ocupar la mitad del garaje.
Greedo y Anky deambularon por un laberinto de cajones de embalaje hacia donde estaba el corsario Incom sobre sus patines de aterrizaje, reluciente como una joya arkaniana. ¡Estaba como nuevo!
Aquí está –dijo Greedo orgulloso–. Voy a llamarlo el Cazador de Mankas. Bonito, ¿eh?
Anky tragó saliva.
¿Sólo catorce mil créditos por esto? ¡No me lo creo! Probablemente Shug te la va a sustituir por alguna chatarra averiada cuando tenga tu dinero.
Mi amigo Shug no. Sabe que voy a ser cazarrecompensas. Sabe que un cazarrecompensas tiene que tener una buena nave.
¿ vas a ser cazarrecompensas?
Greedo hinchó el pecho.
Sí. Mi amigo Jabalí Goa dijo que me enseñaría el oficio. Dijo que algunos de los mejores cazarrecompensas son rodianos.
Anky se volvió creyente por un instante.
¿Crees que me enseñaría a ser un cazarrecompensas a mí también?
Greedo se rió.
No creo que los skups hayan destacado jamás por haber hecho mucho en el mundo del asesinato por una recompensa.
Anky parecía alicaído. El mundo natal de los sionianos era conocido principalmente por los expertos ladrones que había producido.
Vamos, Anky. Miremos el interior de mi nave.
Pero la escotilla del corsario estaba cerrada. Como Shug no estaba por ahí, tendrían que pedirle a Warb que se la abriera. Volvieron a abrirse paso a través de los cajones de embalaje y el revoltijo y se dirigieron hacia el YT-1300 en el que Ward y el contrabandista estaban trabajando. Casi había llegado al carguero cuando Greedo vio un par de acopladores de energía Dekk-6 sobre una mesa de trabajo, próxima a la máquina fresadora de Shug.
Greedo en seguida supo que eran Dekks. Los Dekk-6 eran los mejores. Los acopladores Modog solían ser los mejores, pero la tecnología de las naves estelares estaba avanzando muy rápidamente, gracias al Imperio y a sus insaciables necesidades militares.
Fremp también vio los Dekks y ambos jóvenes se pararon a admirar los relucientes componentes. Un par de Dekk-6 podían costar veinte mil créditos –así de avanzados eran–.
Apostaría a que Warb está planeando poner estas en esa chatarra en la que está trabajando –dijo Greedo–. Va a tener que taladrar las cubiertas, para encajar las bridas del convertidor en ese viejo carguero.
Estas son justo las que necesitamos para tu nuevo corsario –dijo Anky, tocando el caro dispositivo–. Le irán bien.
Sí. Greedo ya había sentido el impulso de robar los Dekk. Estaban flamantes, eran más que bonitos y él nunca los encontraría parecidos desmontando carabelas hutt.
«Un cazarrecompensas necesita una nave rápida. Mi nave será la mejor. Reemplazaré todas las piezas de mi nave con los componentes más avanzados que pueda comprar o robar. Nadie dejará atrás al Cazador de Mankas».
Greedo miró con indiferencia y recorrió con la vista el garaje. Warb y el contrabandista estaban subiendo con un levitador unas pesadas células de energía por la pasarela del YT-1300. Desaparecieron a través de la escotilla.
No había nadie mirando.
Greedo se quitó su chaqueta de piel de rancor y la envolvió con ellas los acopladores del tamaño de un puño.
Date prisa, Anky. Vamos. Tengo que ver a Goa dentro de veinte minutos.
Vale. Vamos.
De repente Greedo sintió unas poderosas zarpas lanudas que le agarrándole alrededor de la cintura y levantándole en el aire. Cuando pataleaba y forcejeaba se le cayó la chaqueta de piel y los acopladores Dekk repicaron contra el suelo.
¡HNUUAAKN! vii
¡Te kalya skrek, grulla woska! viii –¡Bájame, cosa peluda!
El wookiee giró a Greedo con sus zarpas de forma que pudiera examinar su verde cara hocicuda.
¡NNHNGR-RAAAGH! ix–Greedo vio dientes al descubierto y ojos furiosos y se vino abajo. Anky Fremp ya iba camino de la puerta.
¿Qué pasa, Chewie? –Apareció el alto contrabandista corelliano, con Ward a su lado. El contrabandista tenía en un soporte de bláster la mano derecha.
HNNRRNAWWN x. –Los gruñidos del wookiee sólo eran un sonido aterrador para el joven, pero el contrabandista parecía entenderlos perfectamente.
¿Robando nuestros Dekk-6, eh? Genial. ¿Qué clase de negocio tenéis, Warb? ¿Sabes lo que he tenido que pagar por estos Dekk?
Lo siento, Han. Le dije a Shug que no me fiaba de esos chicos de la calle, pero él le cogió simpatía al verde... Conoces las reglas, Greedo. Voy a tener que hablarle de esto a Shug. Si sabes lo que te conviene, saldrás de aquí y no volverás nunca más… ¡eso si el wookiee no te rompe el cuello antes!
El gran wookiee todavía sostenía al aterrado rodiano a un metro del suelo, como si esperara una señal de su amigo el contrabandista.
Espera un minuto –dijo el contrabandista–. No le hagas daño, Chewie. Voy a enseñarle una lección a este pequeño ratero… ¿Dónde pusiste esos acopladores Modogs calcinados, Warb?
El wookiee bajó al suelo a Greedo, pero mantuvo su zarpa peluda sobre él mientras Warb rebuscaba por ahí en un gran bidón de desechos cercano al banco de trabajo. Un segundo después apareció Warb con dos acopladores de energía Modog ennegrecidos y corroídos. Se los dio al contrabandista y este se los pasó a Greedo.
Bien. El chico quería acopladores de energía, puede quedarse estos. Los quité del Halcón Milenario. Tienen auténtico pedigrí, chico. Y todo lo que quiero por ellos es esta chaqueta de piel de rancor. ¿Qué me dices? ¿Hay trato?
El contrabandista sonrió y el wookiee apretó el hombro de Greedo.
T-te jacta xi. –Me las pagarás por esto.
¿Ha dicho lo que creo que ha dicho? –preguntó el contrabandista.
Ha dicho trato hecho –se rió Warb.
Bien. El chico reconoce una ganga en cuanto la ve. –El contrabandista alargó la mano para un apretón de manos, pero Greedo la ignoró. En su lugar hizo un sonido con las ventosas de las manos y arrojó al suelo los acopladores quemados. Entonces se volvió y corrió hacia la puerta.
HWARWNUNH xii.
Sí, Chewie, probablemente he sido un poco duro con él. Pero tienes que enderezar a los gamberros mientras aún son jóvenes. De lo contrario no te cuento donde terminarán… Hey, Warb, ¿quieres esta chaqueta? Es un regalo de cumpleaños.
Gracias, Han. ¿Cómo sabías que hoy era mi cumpleaños?




6. El instructor


Spurch Jabalí Goa estaba sentado solo, contando una pila de créditos, en un rincón del Café Fusión Nuclear. Hizo señas con el brazo cuando vio entrar a Greedo.
¡Hey, chico, aquí!
A Greedo aún se le notaba el enfado y el resentimiento, pero trataba de aparentar que era un curtido piloto espacial cuando se movía entre la ruidosa concurrencia. Se empezó a sentir mejor cuando un viejo twi’lek grisáceo prácticamente saltó apartándose de su camino.
Hola, Spurch.
Toma asiento, chico. ¿Quieres tomar algo?... No te sientes demasiado cerca. Vosotros los rodianos no oléis bien para un diolliano.
Greedo se colocó en el lado opuesto a su nuevo mentor. Goa pidió una botella de quemadura solar xiii de Tatooine para Greedo.
E-eso es mucho dinero, Spurch. –Greedo miró la pila nerviosamente. Esperaba que Ninx aún le vendiera el corsario, después de lo ocurrido.
Llámame Jabalí, chico. No atiendo por ese otro nombre. Mi madre creyó que era efectista porque en nuestro idioma significa “valeroso capturador de bichos”. –Goa resopló. Sacó un montón de billetes de la pila que tenía en frente de él–. Toma, chico. Para ti. Gracias por el soplo acerca los rebeldes. Lo pagaron... a lo grande.
¡Cthn rulyen stka wen!” xiv ¡Wow, eso es genial! –Greedo cogió los billetes y los hojeó. Eran de poco valor… mucho menos de lo que había esperado. Las visiones pilotando su propio veloz corsario comenzaron a evaporarse.
Uh... doscientos créditos... uh, gracias, Jabalí.
¿Qué te pasa, chico? Pareces decepcionado. –Goa contempló a su nuevo protegido con un brillante ojo de pájaro.
Uh… es que creí que sería más, supongo.
Hey, chico. ¿Quieres ser cazarrecompensas, verdad? ¿No te dije que los rodianos son los mejores cazarrecompensas? ¿No te lo dije?
Greedo asintió solemnemente. «Quiero ser cazarrecompensas. Pero un cazarrecompensas necesita una nave».
¿Ahora, crees que entreno cazarrecompensas gratis? ¿Eh? ¿Lo crees?… Bébete tu quemadura solar, chico, está deliciosa.
Obedientemente Greedo tomó la botella y se tragó el espeso fluido. Le supo amargo. Se sintió avergonzado. Jabalí tenía razón.
Uh... supongo que yo.... uh, nunca pensé en eso –dijo.
¡Cierto! ¡Nunca se te pasó por tu pequeña mente codiciosa que Goa cobre por enseñar a jóvenes gamberros cómo cazar! Ahora mira aquí. –Goa cogió una de las muchas bolsas atadas a su cuerpo y sacó un montón mucho mayor de créditos–. Esto es todo tuyo, si lo quieres, veinte mil. Esa es la tercera parte de lo que pagaron los imps por la información sobre los rebeldes.
A Greedo se le saltaron las lágrimas y un ansia profunda le revolvió las tripas cuando miró el montón de billetes de créditos. Las visiones del Cazador de Mankas comenzaron a formarse de nuevo.
Goa se inclinó hacia delante y clavó sus pequeños y brillantes ojos en Greedo.
Pero si coges el dinero, se acabó, ¿entiendes? No quiero volver a verte nunca más. Tienes que aclararte, chico. ¿Quieres aprender el oficio de un experto… o quieres unas cuantas noches por la ciudad y dar la entrada para una nave trucada que probablemente estrellarás en una semana? Jabalí Goa puede hacer de ti el segundo cazarrecompensas más grande de la galaxia, chico… Jabalí Goa es el primero.
Greedo dejó que las palabras de Goa dieran vueltas dentro de su cabeza durante un minuto y se conectaran con sus deseos más profundos. Él quería ese corsario más que nada, pero sentía una necesidad más intensa de cazar… una necesidad de ser como su padre. Y el oficio de cazarrecompensas era la forma de hacer mucho dinero. Un cazarrecompensas rico podía ser dueño de su propia luna y de montones de naves: balandros, cruceros, veleros… incluso naves de guerra.
¿De verdad me enseñarás los secretos? –preguntó Greedo con inseguridad.
¿Enseñarte? ¡Haré que te tragues los apestosos secretos! ¿Tenemos un trato, chico? Créeme, no haría esto por nadie. Pero tú me salvaste la vida. Participaste conmigo y con Dyyz en tu primera captura… y por el Cron Drift xv, eres rodiano. Te lo digo, los rodianos son cazarrecompensas natos.
Greedo sentía como le recorrían oleadas de orgullo. Cazarrecompensas nato. Los rodianos son cazarrecompensas natos. «Sí, puedo sentirlo, siempre lo he sentido. Mi padre era cazarrecompensas. Yo seré cazarrecompensas. Yo soy un cazarrecompensas».
Trato hecho, Jabalí. –Greedo ululó y alargó la mano.
Goa se fijó en los dedos con ventosas y una mirada de disgusto atravesó su cara. «Hasta las manos del chico huelen raro». Tocó escrupulosamente la mano de Greedo con la suya propia.
Trato, –dijo–. Vamos, te pediré otra quemadura solar en la barra… te presentaré a alguno de los chicos.
«El tonto del chico cayó –pensó Goa, mientras se abría paso hacia la barra del bar–. Conseguí quedarme con su participación y todo lo que tengo que hacer es decirle unos pocos “secretos” y lo más probable es que consiga hacerlo bien por sí solo en un mes o dos… Bueno, quién sabe, tal vez será un buen cazarrecompensas… ¡Creo que he visto nunca que un rodiano sea bueno en nada que no sea matar ugnaughts desarmados!»




7. Vader


A quince mil kilómetros de la luna espaciopuerto, a la sombra del luminoso planeta de los hutt, el vacío estrellado se rompió y una poderosa nave de guerra triangular surgió del hiperespacio.
Un destructor estelar.
Mientras el enorme navío se movía en una órbita estacionaria sobre Nal Hutta, los soldados de choque imperiales respondían al toque de formación, ajustándose la blanca armadura corporal y sacando de las fundas cargadoras los fusiles bláster cargados.
Las botas de los soldados resonaban en la plataforma de lanzamiento mientras corrían a la formación próxima a las dos lanzaderas de asalto Gamma camufladas que los transportarían a la luna espaciopuerto.
En lo alto, en el alcázar del destructor estelar Venganza, el comandante de la misión recibía las instrucciones finales de una imponente figura completamente recubierta por una armadura negra. La voz profunda de la figura resonaba a través de una mascarilla de respiración electrónica.
Quiero prisioneros, Capitán. Los rebeldes muertos no me dirán donde están enviando esas armas. –El amenazante silbido de la grotesca mascarilla de respiración recalcaba la amenaza implícita en la voz y en las palabras.
Sí, Lord Vader. Será como ordene. El incidente de Datar fue desafortunado, señor. Los rebeldes nos combatieron hasta el último hombre.
Hemos perdido el elemento sorpresa, capitán. El Vicealmirante Slenn pagó ese error con su vida. Esta vez no habrá errores. Esta vez los rebeldes no deben saber que venimos. ¿Están preparadas las lanzaderas de asalto?
Sí, Lord Vader. He tenido que camuflarlas como si fueran cargueros ligeros, señor. Nuestros agentes han obtenido los necesarios códigos de acoplamiento prioritarios del Control del Puerto. Tenemos libertad para entrar en el Sector Corelliano de Nar Shaddaa a cualquier hora que queramos.
Bien. Parta de una vez, encuentre el enclave enemigo y capture tantos rebeldes como pueda. Les seguiré en cuanto la situación sea segura.
Muy bien, señor. La misión se pondrá en marcha de inmediato.




Cuando el centinela de la Fuerza Especial Rebelde Spane Covis vio los dos desgastados cargueros de mercancías pasar descendiendo por el desfiladero de vuelo y entrar en el Nivel 88, no pensó nada al respecto.
Desde su puesto en un mirador alquilado en la Torre Uno del Puerto, se suponía que Covis alertaría a su comandante si una circulación inusual de naves entraba en las inmediaciones. Era un trabajo aburrido. No ocurría nada fuera de lo normal. La atención de Covis estaba funcionando sobre el treinta por ciento.
Entonces cayó en la cuenta: el blindaje era totalmente incorrecto. Las puertas de carga eran demasiado pequeñas. «Nunca había visto cargueros con una configuración como esa».
Covis agarró su intercomunicador y gritó:
¡Perro Estelar Uno, aquí Dewback!
Adelante, Dewback, ¿Cuál es el problema?
Vigila tu cola, Perro Estelar. ¡Dos rancores en casa!
Los tenemos, Dewback.




Veinte comandos rebeldes ya habían tomado posiciones dentro del almacén, con sus sensores de vigilancia escaneando la calle, cuando los Gammas camuflados retumbaron a la vista.
En la parte de atrás del cavernoso edificio, otro grupo de infantería de la Fuerza Especial cargaba la bodega de un enorme transporte Z-10, despejando el almacén de tanto armamento como podían antes de que comenzara el tiroteo.
En el mismo centro del almacén, detrás de un escudo contra bláster pesado, un cañón de iones de campaña C4-CZN estaba girando en posición.
El elemento sorpresa que esperaban los Imperiales había desaparecido.
El tiroteo en el Nivel 88 fue muy intenso y todo ocurrió muy rápido.




La madre de Greedo, Neela, oyó un estruendo estremecedor y corrió hacia la ventana de la reconstruida ventilación de salida de humos donde vivían ella y sus hijos, en una maraña de estructuras apretujadas en un extremo del distrito del almacén.
En ese momento una de las lanzaderas de asalto Gamma se transformó en vapor llameante, haciéndose una esfera de luz y energía que se expandió en un fogonazo, inflamando ambos lados de la calle. La bola de fuego verde quemó los grandes ojos de Neela. Se volvió y echó a correr chillado al fondo del apartamento.
La otra Gamma encendió dos turbocompensores gemelos y la fachada del almacén rebelde se hizo añicos y reventó. La tripulación de la lanzadera bajó por la rampa. Las tropas de choque imperiales emergieron disparando.
Otra descarga del cañón de iones C4 y la segunda Gamma fue historia. Se produjo una lluvia cruzada de disparos de bláster, cayeron sesenta soldados de choque y el combate terminó. El resto se rindió.




Greedo andaba por ahí con Goa y Dyyz y un grupo de cazarrecompensas en el Nivel 92. Los cazadores tenían noticias de que se había hecho pública una lista de buscados por un importante señor del hampa. El hutt estaba asignando trabajos de cobros por orden de llegada, formalizados mediante contratos firmados.
De repente las sirenas de emergencia comenzaron a resonar y Greedo vio chalanas contra incendios corellianas descendiendo por el desfiladero de vuelo, con destellos estroboscópicos rojos.
Parece que a los imps les llegó nuestro mensaje, –dijo Jabalí, haciendo un guiño de complicidad a Greedo.
Greedo trató de sonar despreocupado.
Sí, tal vez. Podría ser sólo otro fuego iniciado por los Moradores de la Penumbra xvi. –Entonces el humo empezó a subir por el desfiladero y Greedo comenzó a preocuparse.
A Greedo no se le había ocurrido hasta después de haberle contado a Goa y Dyyz lo de los traficantes de armas rebeldes que eso podría ser peligroso para su gente. Los refugiados rodianos vivían y trabajaban en el Nivel 88, ellos estarían en la trayectoria de cualquier ataque de las tropas de asalto imperiales.
Uh… supongo que yo… uh, te veré luego, Jabalí. A ti también, Dyyz. Tengo que ocuparme de algunos asuntos.
Goa levantó una ceja.
Claro, chico. Yo y Dyyz lo más probable es nos piremos a Tatooine esta noche, así que si no te veo, ¡buena suerte!
¡Tatooine! ¡Los contratos del hutt!” Greedo se alejó sintiéndose enfadado y traicionado porque Goa no le hubiera invitado a ir con él. Hasta ahora le había dado muy poco entrenamiento–. «Y se había quedado mi parte de la recompensa».
Greedo empezó a darse la vuelta para rogarle a Jabalí y a Dyyz que le llevaran a Tatooine. Entonces el rostro de su madre gritando inundó su mente de repente. En lugar de volverse, Greedo comenzó a correr hacia el elevador por repulsión más cercano.
Greedo entró en el elevador y le dio al botón que marcaba “88”. El elevador cayó como una piedra, parando suavemente unos pocos segundos después en el Nivel 88. Sonó una alarma y las puertas del elevador se negaron a abrirse. Sensores automáticos habían bloqueado las puertas del elevador en ese nivel.
Mirando a través de la puerta transparente, Greedo vio por qué, la calle era una masa de humo y llamas. Las chalanas contra incendios corellianas estaban luchando contra el fuego con pulverizadores químicos y haciendo progresos con rapidez.
Greedo trató de atisbar a través del humo para ver si el complejo de la morada de su familia estaba en llamas. Los rodianos vivían justo detrás del núcleo de residuos. Greedo no podía ver a esa distancia, pero supuso que todo estaba bien. Sólo el almacén rebelde y los edificios al otro lado de la calle estaban ardiendo.
Greedo se relajó y empezó a disfrutar de la escena que tenía delante de él. Podía ver a rebeldes ayudando a los bomberos y empezó a preguntarse qué había pasado ahí exactamente. Los únicos soldados de asalto visibles estaban tendidos sobre sus espaldas, con el casco hecho añicos.
Justo entonces Greedo oyó el sonido de metal arrancado y vio a los bomberos girarse hacia el desfiladero de vuelo, que estaba fuera de su línea de visión. Las caras de los bomberos cambiaron expresando miedo y un segundo después una enorme máquina de guerra negra flotaba a la vista, vomitando disparos láser desde diez puntos diferentes de su intrincada superficie.
La máquina era un monstruoso instrumento de muerte, con forma de cangrejo, con pinzas desgarradoras a derecha e izquierda, una falange de armas de ráfagas a proa y popa, y en el centro un puente de mando asegurado tras blindaje pesado, más o menos donde estaría la boca del cangrejo. Flotaba con energía repulsora, se movía con mucha rapidez y mataba todo a su paso.
Greedo aporreó la puerta del elevador. Aún no podía abrirse. Parte de él estaba triste de que no pudiera abrirse. Parte de él quería marcharse. Esa parte de él golpeó el botón del Nivel 92. «Mi familia estará bien. Sólo van a morir los rebeldes».
Cuando el elevador subió lejos de la matanza, Greedo alcanzó a ver por última vez la Máquina de la Muerte mientras vomitaba un grueso chorro blanco de energía caliente dentro del almacén rebelde. Entonces su visión quedó bloqueada al moverse entre dos niveles.
Un momento después tembló todo el sector como si hubiera sido golpeado por un asteroide.




Greedo salió a trompicones a la calle del Nivel 92 e inmediatamente cayó de bruces. La calle se agitó y tembló y un estruendo terrible llenó el aire. La gente huía corriendo o agarrándose a los vehículos que pasaban dando tumbos, dirigiéndose hacia el desfiladero de vuelo.
Mientras luchaba por incorporarse, Greedo vio a los cazarrecompensas moviéndose juntos hacia la plataforma de aparcamiento reservado donde todos tenían guardadas sus naves. Vio a Dyyz Nataz pero no podía divisar a Jabalí Goa.
Una mano enguantada agarró el hombro de Greedo. Levantó la vista hacia la cara con pico ancho de su amigo.
Si sabes lo que te conviene, chico, te vendrás conmigo y con Dyyz. Los imps están de mal humor por algo. Creo que los rebeldes les dieron más guerra de la que esperaban.
Mi gente… No puedo dejar a mi familia… mi pueblo.
No te preocupes por tu familia, chico. Si vas a ser cazarrecompensas, vas a tener que despedirte de la familia, tarde o temprano. Ahora es tan buen momento como cualquier otro… Además, probablemente estarán bien.
Jabalí Goa echó una mirada inquisitiva a Greedo y después se alejó, seguido a Dyyz hacia su nave.
Greedo se quedó de pie y miró como se iba Jabalí, tratando poner en orden su mente, tratando de decidir qué es lo que quería de verdad.
Quería ser cazarrecompensas.




El crucero de líneas elegantes Nova Víbora se elevó con el grupo de naves cazarrecompensas que se dirigían fuera del puerto, haciendo cola para la autorización de salto.
Las autorizaciones no llegaban. El Control del Puerto estaba preocupado.
Así que las naves saltaron de todas formas.
Lo último que vieron Goa, Dyyz y Greedo fue el colapso de una cuarta parte completa del sector corelliano, planta tras planta, con un magnifico destello y estruendo.
¡Vaya! ¡Deben haber desaparecido veinte niveles! –gritó Dyyz–. Acaba de morir un montón de buena gente, Goa.
Y nosotros estamos vivos… ¿verdad, Greedo?
Greedo no contestó. Sólo se quedó mirando la creciente conflagración, la sucesión de bolas de fuego, las hinchadas nubes de humo negro.
El ordenador de navegación seleccionó Tatooine.
Hicieron el salto.




8. Mos Eisley


Una enorme figura con armadura estaba de pie en la entrada de la oscura y ruidosa cantina, inspeccionando la variopinta muchedumbre con ojos electrónicos rojos brillantes.
Eh, ¿no es ése Gorm el Desintegrador? ¿Qué está haciendo aquí? ¡Creí que le habíamos matado!
Claro… mi amigo Greedo frió su motivador. Pero Gorm tiene biocomponentes de seis alienígenas distintos. La única forma de matarle es vaporizar el ensamblaje entero.
Dyyz Nataz refunfuñó.
¿Por qué no me dijiste eso, Goa? Podía haber terminado con él. ¡Ahora tenemos que preocuparnos de que nos ataque por los créditos que le debemos!
Tómatelo con calma, Dyyz. Jodo Kast acaba de contarme que Jabba le dio a Gorm el trabajo más goloso de la lista de buscados – cincuenta mil créditos por traer a Zardra.
¿Estás de guasa? Zardra es una cazarrecompensas. ¿Qué tiene Jabba contra ella?
Los tres estaban sentados en las sombras llenas de humo de la Cantina de Mos Eisley, bebiendo a sorbos pica nubarrón xvii verde y mirando deambular a los cazarrecompensas de toda la galaxia: weequays, aqualish, arcona, defels, kauronianos, fennebs, cabezas de púas, bomodones, alferidianos y los inevitables ganks. Greedo incluso vio un par de rodianos. Ellos saludaron con la cabeza en su dirección, pero no les devolvió el saludo. Hace mucho tiempo que había aprendido que los rodianos desconocidos podían ser peligrosos.
Entraron un corelliano chulito y un wookiee grande y se quedaron de pie en los escalones de la entrada durante un minuto, observando a la multitud. Greedo reconoció a los contrabandistas con los que se había topado en el garaje de Ninx en Nar Shaddaa. Sintió crecer dentro de él un rencor exasperante al ver a los dos.
Entonces el corelliano se volvió y salió de la cantina, y el wookiee le siguió. Dyyz Nataz resopló:
Bien, Solo. Estás en el lugar equivocado, amigo.
¿Han Solo? ¿Está aquí? –Jabalí Goa se giró en redondo en su silla y miró por todo el recinto.
Sí. Solo y su compinche wookiee Chewbacca entraron, echaron un vistazo y salieron. Solo está en la lista de Jabba, ya sabes. ¡Si yo fuera él, haría como si fuera una rana espacial y saltaría a otra galaxia! –Dyyz se tomó un buen trago de nubarrón– Ahora, ¿qué pasa con esa Zardra? ¿Qué hizo para valer cincuenta para Jabba?
Goa se volvió a sus dos compañeros y levantó su copa. Para ser un planeta completamente seco, Tatooine, fabricaba algunas de las mejores bebidas de la galaxia; caras, pero muy ricas.
Por Zardra –dijo, y bebió, después se limpió la boca con su mano enguantada.
»Zardra y Jodo Kast estaban en una cacería en el sistema Stenness, buscando un par de piratas de especia llamados los hermanos Thig. Los Thig estaban armados hasta los dientes con blásteres imperiales que habían robado de un depósito de suministros militares. Jodo le dijo a Zardra “¿Por qué no nos separamos? Haré correr la voz por los puertos de que estoy siguiendo a los Thig… y vosotros estaréis fuera de la vista. Los Thig estarán deseando pelear, conozco a esos tipos. Vendrán a buscarme, organizaré una pequeña confrontación y vosotros les atacaréis por sorpresa. Dejarlos solamente sin sentido, ya sabéis. Los agarraremos con vida”.
»Jodo sabía que él podía contar con Zardra. Es tan intrépida como ellos y una tiradora de primera con un láser aturdidor.
Sí. La he visto en acción. La mejor. ¿Qué ocurrió entonces?
Todo ese tiempo Greedo estaba sin decir nada. Estaba saboreando el comentario de Dyyz sobre que Solo estaba en la lista de Jabba. Imágenes de venganza a medio formar se esbozaban en su mente. Estaba contento sentado escuchando a sus amigos y mirando a la multitud de cazarrecompensas. «Yo soy uno de ellos –pensó–. Spurch va a llevarme a conocer a Jabba… Jabba necesita buenos cazadores en este momento… a montones. Jabba me necesita».
Entonces Gorm el Desintegrador se puso de pie y recorrió con la vista el recinto con sus ojos rojos electrónicos. Greedo se agachó y ocultó la cara con su mano. Mirando entre dos dedos con ventosas, vio al gran cazarrecompensas y caminar con aire arrogante hacia la entrada.
Ahí va Gorm –dijo Greedo, alertando a sus amigos.
¿Ah… sí? Adiós y buen viaje, digo. Irá de camino a encontrarse con Zardra. ¡Espero que lo reduzca a escoria!
Tal vez deberíamos advertir a Zardra, Jabalí.
No te preocupes, ella lo sabe. Ella tiene un montón de amigos en nuestra línea de trabajo. Apuesto un buen filete de krayt que Jodo ya ha hablado con ella.
Probablemente tengas razón… ¿Qué hay del resto de la historia? ¿Por qué Jabba el hutt le paga a Gorm cincuenta mil por matar a Zardra?
Fácil. ¡Ella mató a un hutt, por eso! Cuando los hermanos Thig vinieron a buscando a Jodo, le encontraron esperando en la Sombra Roja; que es una taberna de Taboon, un antro situado en un planeta donde nadie salvo los nessies podría vivir. El problema fue que un hutt llamado Mageye estaba de paso, de camino a cerrar un trato con el viejo BolBol, otro hutt que prácticamente era el amo del Sistema Stenness.
Oh, ya caigo. ¿Mageye fue cogido en el fuego cruzado? –Dyyz hizo un ruido de bostezo tras su máscara.
Peor. Mageye era transportado a la taberna en un palanquín, ya ves, por cinco de esos fornidos weequays. Comenzó el alboroto, los Thigs estaban disparando a todo lo que se movía, dos weequays fueron alcanzados, soltaron el palanquín y el gusano cayó rodando… ¡justo encima de Zardra!
¡Ja! ¡Pobre Zardra!
Pobre Mageye. Zardra llevaba puesta armadura completa, pero aún así estaba siendo aplastada y las babas y el hedor casi le asfixia… ¡Así que ella saca de su bolsillo un detonador termal de calibre seis y lo hace estallar dentro de la boca del hutt!
Goa se detuvo para impresionar, dejando que sus oyentes se formaran una imagen de lo que ocurrió a continuación. Greedo hizo un suave sonido ululante. Dyyz emitió un ruido de nudo en la garganta. Goa tomó su nubarrón y tragó.
Les llevó un mes limpiar el desastre, chicos –Goa bebió más nubarrón y su pico cubierto de espuma hizo un ruido chasqueante de satisfacción.
Uh… genial. Buena historia, Jabalí –dijo Dyyz, riendo–. ¿Así que cuando nos toca ser recibidos por Jabba?
Goa miró su cronómetro.
De hecho, llegamos tarde –dijo–. Pongámonos en movimiento.




9. Jabba


Jabba el hutt, gángster preeminente, estaba recibiendo candidatos en su casa de la ciudad, a un paseo corto de la cantina.
Se formó un violento vendaval en el desierto circundante, azotando nubes de polvo sobre Mos Eisley. Las angostas calles del espaciopuerto, estaban oscuras y asfixiantes de polvo. Los tres cazarrecompensas se tapaban la cara con capas protectoras mientras se apresuraban a su audiencia con el notorio hutt.
No sé cómo pueden mantener funcionando los droides en un lugar como este –dijo Dyyz–. Mi visor ya tiene tres centímetros de arena debajo.
A los granjeros de humedad se les dañan muchos droides –dijo Goa–. La arena se mete en las juntas, obstruye las aletas de refrigeración y los circuitos se queman. La mitad de la población vive de la chatarra, que es el principal producto de este ardiente y polvoriento planeta.
Dos robustos gamorreanos colmilludos bloqueaban la pesada rejilla de hierro que protegía el patio de la casa de la ciudad de Jabba. Las bestias parecidas a cerdos hicieron gruñidos amenazadores y blandieron hachas de batalla cuando los cazarrecompensas aparecieron de entre las calles oscuras. Pero Jabalí Goa no vaciló, rugiendo la contraseña que le habían dado antes. Los gamorreanos dieron un paso atrás inmediatamente.
La verja de puntas de lanza se alzó con el chirrido de engranajes ocultos y Goa avanzó despacio bajo las amenazadoras puntas con un petulante modo de andar. Dyyz y Greedo se quedaron atrás, esperando a ver qué le pasaba a su amigo. Goa se volvió y cacareó.
¿Qué pasa, Dyyz? ¿Tienes miedo del viejo Jabba? ¡Él es el amigo de los cazadores! ¡Vamos, Greedo, te enseñaré como hacerse rico!
De repente cuatro niktos de aspecto fiero salieron de las sombras del patio y apuntaron a Goa con picas bláster.
¡Nudd chaa! xviii ¡Kichawa joto! xix –gritó uno de ellos.
¡Vosotros qué sabéis! ¡Llegamos justo a tiempo! ¡Jabba está preparado para vernos! –Goa ignoró las picas y siguió sin miedo hacia la abertura resplandeciente del domicilio de Jabba. Los niktos bajaron sus armas y gruñeron algo ininteligible.
Dyyz y Greedo le siguieron, cautelosamente.




El estridente parloteo de la chusma galáctica que abarrotaba la sala de audiencias de Jabba era ensordecedor. Alienígenas y humanos, un centenar de especies diferentes, caras crispadas por la gula y la depravación, vistiendo un surtido variopinto de trajes de piloto espacial y ropa militar.
Todos los ojos se volvieron hacia los tres recién llegados. Greedo observó la grotesca concurrencia y se asombró; le pareció que sólo reconocía unas pocas especies de sus años en Nar Shaddaa.
¿Todos esos son cazarrecompensas? –gritó a Goa.
Nah. Tal vez la mitad de ellos más o menos. El resto sólo son aduladores aprovechados que disfrutan estando alrededor del hedor y la corrupción de Jabba.
Goa no estaba bromeando precisamente. Greedo notó que un olor rancio impregnaba la sala y en pocos segundos adivinó la fuente: el gran gusano, Jabba el hutt, instalado cómodamente sobre una plataforma a su derecha, chupando de una intrincada pipa de agua.
Greedo había visto muchos hutts en las calles de Nar Shaddaa. Pero nunca había estado con uno en un espacio cerrado. Se le revolvió el estómago y retrocedió ante la vista y el olor de la masa miasmática del gran gángster, adulado por empalagosos twi’leks y cabezas de púas y… rodianos. Sí, los dos rodianos que habían visto en la cantina estaban ante el gran Jabba, inclinados servilmente, como suplicantes en el palacio de un príncipe altanero. Un droide de protocolo plateado estaba traduciendo sus abyectos comentarios para el maloliente Jabba.
Quizás se están inclinando para vomitar –dijo Dyyz, leyendo los pensamientos de Greedo.
¿Cómo va a notar la diferencia un rodiano? –dijo Goa–. Los memos verdes apestan casi tan mal como Jabba.
Greedo echó una mirada sobresaltada a Goa. «¿Por qué ha dicho eso? ¿Para él sólo soy un “memo verde”?» –Decidió que Goa pretendía hacer un chiste burdo.
Cuando los dos rodianos se perdieron en la muchedumbre, el mayordomo Bib Fortuna lanzó una ojeada desconfiada hacia los nuevos visitantes. Con un casi imperceptible gesto de la cabeza, hizo una seña para que Goa, Dyyz y Greedo dieran un paso adelante.
Cuando los tres cazarrecompensas se movieron hasta la posición frente al gran gusano la chusma se calló. Todos querían ver si estaba a punto de ejecutarse una sentencia de muerte. Cuando se hizo aparente que estos sólo eran otro equipo de codiciosos cazarrecompensas, se reanudó el barullo.
¡Vifaa karibu uta chuba Jabba! xx –comenzó Goa, hablando en perfecto huttés. Él sabía que Jabba hablaba muchos idiomas con fluidez y usaba su droide de protocolo para los varios millones de otras formas de comunicación. Pero desebaba honrar al señor del crimen de todas las formas posibles.
¡Mojajpo chakula cha asubuhi! xxi –retumbó la voz del hutt, aparentemente complacido de ser tratado con respeto por escoria.
¿Qué ha dicho? –dijo Dyyz. –¿Qué has dicho?
Le he contado que es el montón de fango de pantano más repugnante de la galaxia. Él me ha dado las gracias por postrarme ante su hinchado viscoso y putrefacto cuerpo.
¿E-en serio? –susurró Greedo–. ¿Has dicho eso?
Goa te está tomando el pelo, chico. Si hubiera dicho cualquiera de esas cosas, seríamos carnada de rancor.
Goa volvió toda su atención al hutt, esperando que Jabba no hubiera escuchado el intercambio de cuchicheos.
Si lo había oído, Jabba no dio signos de ello. Empezó a reírse bastante jovialmente y se echó a la boca un retorcido gusano de las arenas. A Greedo casi le dan arcadas a la vista de la hinchada lengua, chorreando de babas. A esa distancia, no mayor de metro y medio, el repugnante olor del aliento de Jabba era insoportable.
El seboso cuerpo del hutt parecía soltar periódicamente una grasienta descarga, enviando nuevas oleadas de hedor putrefacto a los sensibles orificios nasales de Greedo.
¡Ne subul Greedo, pombo gek fultrh badda wanga! xxii –Goa puso una mano sobre el hombro de Greedo mientras presentaba a su protegido al ilustre gangster. Greedo hizo una reverencia nerviosamente, cuando los enormes ojos se volvieron hacia él, rebajándole a polvo espacial.
Jabba y Goa intercambiaron unas pocas frases y entonces Jabba pasó a soltar un largo monólogo que terminó con las palabras…
¿… kwa bo noodta du dedbeeta Han Solo? xxiii
Goa se volvió a Greedo y a Dyyz.
El gusano se ha dignado a ofrecernos la oportunidad de cazar a uno de sus más notorios deudores; ese pirata Han Solo. Solo sostiene que perdió un cargamento de especia cuando fue abordado por los imps. Pero Jabba cree que Solo vendió la especia y se quedó con el dinero. Esto es un trabajo de cobro; Jabba quiere ese dinero.
No quiero problemas con Solo –dijo Dyyz–. Tiene demasiadas formas de vengarse… incluso después de muerto.
Yo puedo tratar con él –dijo Greedo–. Sólo es un contrabandista de especia corelliano de poca monta que se cree alguien. Me robó una chaqueta de piel de rancor. Atraparé a Solo.
Jabalí Goa miró a Greedo un momento y entonces le dio una palmada en la espalda.
De acuerdo, chico. ¡Eso es lo que quería escuchar! ¡Esta será una buena misión para echar los dientes de leche, porque Solo está en Tatooine! Le vimos hoy en la cantina, ¿te acuerdas? Incluso podría darte algún apoyo. Si lleva el dinero encima, lo obtendrás fácilmente.
Dyyz resopló.
Genial, tú ayuda al chico. Yo no quiero tener nada que ver con eso… Ahora, ¿qué pasa con nosotros? ¿Vas a arreglar un par de tratos para nosotros o vas a desperdiciar todo el viaje en el chico?
Vale, eso está hecho. –Goa intercambió unas pocas palabras más con Jabba y entonces Fortuna pasó a los cazarrecompensas tres rollos, los contratos oficiales asignándoles “derechos de caza” exclusivos por un período de dos meses de Tatooine. El rollo de Solo era por un período mucho más corto, debido al hecho de que Jabba estaba ansioso por eliminar una deuda que había permanecido sin cobrar demasiado tiempo.
A la señal de Fortuna, los tres cazarrecompensas hicieron una reverencia ceremoniosamente y retrocedieron haciendo sitio al siguiente equipo de solicitantes de empleo; un desagradable humano llamado Dace Bonearm y su droide asesino modelo IG.




Greedo se encontró separado de Goa y Dyyz, cuando se perdieron en la abarrotada sala de audiencias. Greedo se abrió paso hasta un lugar en una esquina, cerca del bar. Sin ser preguntado, el camarero aqualish deslizó un vaso lleno hasta el borde hacia donde estaba. Greedo se sintió orgulloso de sí mismo mientras apoyaba su espalda contra la pared y sorbía la espesa quemadura solar de Tatooine.
Al otro lado de la habitación podía ver a Dyyz, de pie cerca de un cazador llamado Dengar, que Greedo recordaba de Nar Shaddaa. Estaban examinando sus rollos y comparando anotaciones.
Jabalí Goa estaba inmerso en una conversación con uno de los rodianos. Greedo sintió una punzada de celos, viendo a su mentor hablando con otro cazarrecompensas rodiano.
«Soy un cazarrecompensas –pensó–. Voy a acechar a mi presa, cobraré la recompensa y empezaré a hacerme una reputación».
Voy a ser el cazarrecompensas rodiano más duro que haya habido.
«Me pregunto de que están hablando ese rodiano y Goa». –Vio a Goa mirando hacia él, entonces los ojos del rodiano se encontraron con los suyos y Greedo se dio cuenta de que estaban hablando de él. Al principio, se sintió incómodo siendo observado por el rodiano desconocido. Entonces Goa hizo señas y el rodiano levantó la mano, con las ventosas hacia afuera, en un gesto de hermandad.
Greedo sonrió con orgullo. «Bien, están hablando sobre mí; Greedo el cazarrecompensas».




10. Solo


¡RRUUARRRNN! xxiv –El wookiee dejó caer con estrépito un puño peludo sobre el generador de escudo del Halcón Milenario y echó hacia atrás su máscara de soldar.
¡Cálmate, Chewie! Yo quiero salir de esta bola de suciedad tanto como tú. Pero sin deflectores somos presa fácil para piratas de especia e imps entrometidos.
¿Hwuarrn? ¿Nnrruahhnm? xxv
Vale. Jabba está montando la mayor cacería de recompensas del sector, y tú te acabas de enterar que nuestros nombres están circulando por todo el desierto. Esa es otra razón para golpear esa ensambladura. Pero como yo digo, si la nave hubiera estado bajo cubierto durante la tormenta de arena, no estaríamos en este apuro.
Han Solo terminó de limpiar de arena los reguladores de aluvio con la aspiradora y se secó la frente con la manga. «¿Por qué un tipo libre y sin ataduras como yo siempre termino en planetas perdidos como este, cuando podría estar disfrutando de la brisa del océano de cualquier centro turístico de juego del universo?»
«Porque no soy muy bueno en el sabacc –pensó–. A veces tengo suerte, sí. Pero no muy a menudo. Al contrario que alguna gente que conozco, voy a trabajar toda la vida».
Chewbacca hizo un tenue gruñido de advertencia y Solo levantó la cabeza y miró alrededor. Dos bulbosos ojos de múltiples caras sobresaliendo de una bola verde de carne con púas le miraban fijamente. El cuerpo humanoide vestido de piel bajo la cabeza sostenía un bláster con dedos de múltiples ventosas.
¿Han Solo? –La voz procedente del largo hocico habló a través de un traductor electrónico.
¿Quién quiere saberlo? –Han sabía quién quería saberlo. Un rodiano con un bláster siempre es un cazarrecompensas… o un cobrador de facturas.
Greedo. Trabajo para Jabba el hutt.
Greedo… oh sí, te recuerdo, el chico que intentó robar mis acopladores de energía. Vale, me alegro por ti, así que ahora trabajas para Jabba. A propósito, yo entiendo rodiano, así que puedes apagar la caja de graznidos.
Han bajó del andamiaje tan tranquilamente como pudo y recogió un trapo para limpiarse las manos. Oculto en el trapo estaba un pequeño bláster Telltring-7, cuidadosamente situado allí justo para esta eventualidad. Afortunadamente no tenía que usarlo; su boca era su mejor arma.
Escucha… dile a Jabba la verdad, que vine a Tatooine por una única razón: pagarle.
Greedo desconectó el traductor. Goa había sugerido que lo usara para asegurarse de que el “cliente” entendía completamente la gravedad de la situación. Pero si Solo realmente entendía rodiano, podría usar amenazas rodianas intraducibles.
Neshki J'ba klulta ntuz tch krast, Solo xxvi. –Jabba no cree que los parásitos de la columna vertebral digan la verdad, Solo.
Sí, bueno, ¿qué sabrá ese sobrealimentado con forma de bicho? ¿De verdad crees que me acercaría siquiera a este lugar si no tuviera el dinero?
La mano de Greedo apretaba su pistola. No estaba seguro si insultar a su patrón requería una acción especial por parte de un cazarrecompensas. Aunque lo que dijo Solo acerca de su estancia en Tatooine era lógico, pensó. Si alguien anduviera tras tu pellejo, ¿volarías para meterte en su bolsillo trasero? Esto va a ir como la seda.
Skak, trn kras ka noota, Solo xxvii. –De acuerdo, entonces dame el dinero, Solo–. Vnu sna Greedo vorskl ta xxviii. –Luego Greedo se irá por su camino.
Sí, ¿sabes qué, Greedo?… ¿Sabes qué? Eso no es tan sencillo. La pasta está atornillada aquí adentro del armazón del Halcón. Un escondrijo secreto. ¿Entiendes? ¿Por qué no vuelves mañana por la mañana y te lo entrego? Será pan comido. ¿Cómo te suena eso?
Nvtuta bork te ptu motta. Tni snato xxix. –No, ve a buscarlo ahora mismo. Esperaré.
«No voy a dejar que este pez de los barrancos se escape de mi alcance –pensó Greedo–… especialmente con Jabalí mirándome desde las sombras».
No puedo ir a buscarlo ahora mismo. Escucha, si puedes esperar hasta mañana, te daré una pequeña bonificación; un par de miles de créditos sólo para ti. ¿Qué tal te suena eso?
Eso sonaba bien.
Prog mnete enyaz ftt save shuss xxx. –Que sean cuatro mil créditos.
¿Cuatro mil? ¿Estás loco?... Oh, de acuerdo, me tienes entre la espada y la pared, amigo. Lo haremos a tu modo. Cuatro mil para ti, a primera hora de la mañana. Ese es el trato.
Sin más palabra, Sólo le volvió la espalda al cazarrecompensas y empezó a limpiar una llave inglesa. Mantenía el pequeño bláster en la palma de la mano, sólo por si el chico verde cambiaba de opinión. Pero un minuto después Chewie le dio su gruñido de “todo despejado” y Solo se relajó.
Genial, Chewie. ¿Te puedes creer qué cara tiene ese tipo? Ahora vamos a terminar de preparar la nave esta noche. Cuando ese gamberro vuelva mañana por la mañana, ¡todo lo que va a encontrar es una gran mancha de grasa en el suelo del hangar!




Jabalí Goa sorbió una luz de estrellas sorpresa xxxi y echó un vistazo por toda la cantina de Mos Eisley. La multitud de cazarrecompensas estaba mermando. Muchos cazadores habían conseguido sus contratos y se habían marchado. Algunos de ellos probablemente ya estaban acechando a sus objetivos en las calles de ciudades a miles de pársecs xxxii.
Solo no piensa pagarte –dijo, mirando a su protegido–. ¿No lo captas? Es una evasiva.
Jabalí se fijó en los dos rodianos que estaban sentados en el reservado cercano a la entrada. Le saludaron con la cabeza y él le devolvió el saludo.
Deberías conocer a esos dos rodianos, Greedo. Son buenos cazadores. Apuesto que pueden enseñarte cosas que incluso yo no sé. ¿Quieres que te los presente?
Greedo bajó la mirada a su bebida. «Goa no sabe nada sobre las guerras de clanes. Nunca se lo conté. No sabe de la época en que llegaron las naves cazando a los refugiados Tetsus. Los Tetsus no hablan con rodianos extraños. Él no sabe eso, porque yo se lo conté nunca».
«Sí, ¿pero cual es la cuestión? Ahora soy un cazarrecompensas, eso es lo importante. Los cazarrecompensas andan juntos, beben juntos, intercambian historias de combate, se ayudan a salir de los aprietos. Así, después de que haga mi primera caza, después de que Solo me pague y le pase el dinero a Jabba, después de que la noticia empiece a circular… entonces haré amigo de esos tipos. Ellos me respetarán, tomaremos un trago juntos, me contarán algunas grandes historias y yo les contaré como salvé a Dyyz y Goa disparando a Gorm justo en sus tripas electrónicas».
–… pues, como digo, Greedo, todo trato con Jabba tiene dos caras. Esa es mi lección de hoy. Si cobras la deuda, tendrás buenas relaciones con Jabba. Pero si le fallas a Jabba, estás prácticamente muerto.
Greedo trató de hablar con tono despreocupado.
No te preocupes, Jabalí. Solo pagará. Primero nos enteraremos con seguridad si lleva el dinero. Después, si no lo entrega, lo mataré y lo cogeré… ¿Aún vas a actuar de apoyo en caso de que el wookiee intente algo?
Claro. Ese es el plan, ¿no?
Wknuto, Goa xxxiii. –Gracias, Goa.




La nave de Han Solo, el Halcón Milenario, estaba todavía posada en el hangar de reparaciones cuando Greedo caminaba poco antes de la salida del sol a la mañana siguiente.
A Han Solo no se le veía por ninguna parte. Greedo trató de abrir la escotilla del Halcón, pero estaba bloqueada mediante un código.
Greedo y Goa finalmente encontraron a Solo y al wookiee desayunando en una pequeña cafetería al aire libre detrás de los establos de los dewback.
Greedo tenía la mano en su pistola reforzada, pero no se molestó en quitar el seguro porque Goa tenía un rifle apuntando a la presa desde el callejón al otro lado de la calle.
¿Rylun pa getpa gushu, Solo? xxxiv –¿Disfrutas de tu desayuno, Solo?
Greedo trató de sonar con un tono duro y tranquilo, pero de hecho se estaba poniendo tenso. Si Solo se largaba sin pagar hoy, no sabría lo que hacer. Jabba no se pondría contento si mataba a Solo sin cobrar la deuda. El contrato era por el dinero, no por el cadáver.
¡Greedo! ¡Te he estado buscando por todas partes! ¿Has decidido quedarte durmiendo hasta tarde hoy? –Han se rió consigo mismo y tomó otro bocado de filete de dewback. Chewbacca arqueó una ceja y ladeó la cabeza. Tenía su ballesta apoyada contra su pierna, cargada y preparada.
Fna ho koru gep, Solo. Kras ka noota xxxv. –No tiene gracia, Solo. Dame el dinero.
Por supuesto. El dinero. Encantado de complacerte. ¿Quieres antes algo de comer primero? Tienes pinta de que no te vendría mal una buena comida.
Greedo se dio cuenta de que Solo estaba tomándole el pelo y una ira repentina brilló en sus venas. Impulsivamente extendió la mano y agarró a Solo por la camisa.
¡Ka noota! ¿Grot pleno ka Jabba spulta? xxxvi –¡El dinero! ¿O prefieres explicárselo a Jabba personalmente?
¡NNRRARRG! xxxvii–Instantáneamente Chewie estaba de pie, con un enorme brazo peludo alrededor del cuello de Greedo y el otro agarrando fuertemente la mano con el bláster del cazarrecompensas.
¡Nfuto…! xxxviii
Gracias, Chewie. –Han se puso de pie y se limpió la boca con una servilleta con tranquilidad. Extendió la mano y cogió el arma de Greedo, hizo crujir la apertura de la recámara y quitó la célula de energía. Le devolvió el bláster inservible a Greedo.
¿Sabes, chico? Casi estabas empezando a caerme bien. Ahora no estoy tan seguro. Déjame darte un sabio consejo. Mantente alejado de babosas como Jabba. Encuentra una forma honrada de ganarte la vida… Déjale que se vaya, Chewie.
¡Hnnruaahn! xxxix–Chewie soltó su agarre y Greedo cayó hacia delante. Han se apartó del camino y Greedo cayó contra la mesa, estrellando la vajilla contra el suelo.
¿Te parece bonito? ¿De dónde sacará Jabba a estos gamberros? ¿Y el tipo del callejón al otro lado de la calle, Chewie?
¡Hwarrun! xl
Desaparecido, ¿eh? Probablemente otro arrastra-recompensas al que le falta un hervor. ¡Uno hubiera pensado que Jabba podría contratar a los mejores para rastrear a un tipo como yo!
Hurrwan nwrunnh xli.
Sí, estoy de acuerdo. Estamos jugando con fuego quedándonos por aquí. El Halcón está preparado; podríamos haber despegado esta mañana si Taggart hubiera cumplido su promesa. Si no aparece antes de mañana con ese cargamento de brillestim que quiere trasladar, somos historia, ¿estás de acuerdo?
¡WNHUARRN! xlii
Eso mismo pensé.




A Jabba el hutt no le hizo ninguna gracia.
¡Kubwa funga na jibo! xliii –¡Dijiste que esta miserable verruga inexperta podía cobrarle a Solo! ¡Debería meteros a ambos en mi mazmorra privada y dejar que os pudráis!
O algo parecido. El gran gusano resopló, rugió y soltó groserías. A cada lado de la plataforma de su trono, weequays y niktos blandían sus armas de forma amenazante. Como de costumbre, el salón de audiencias de Jabba estaba abarrotado de la escoria de un centenar de civilizaciones galácticas.
Jabalí Goa estaba abatido. Se humillaba descaradamente ante el hinchado y babeante señor del crimen. Mientras lo hacía, se arrepentía de volver a traer a Greedo aquí sin el botín. Pero tenía que pedir otra audiencia para persuadir a Jabba de que dejara a Greedo matar a Solo sin cobrar la deuda. Esa era la clave. Ahora las palabras salieron en un suspiro; ¡tenía que decirlo todo antes de que Jabba dictara sentencia de muerte para ellos!
Oh, incomparable Jabba, como tú bien sabes, Han Solo, ese despreciable pedazo de estiércol de dianoga, es un tipo muy difícil. ¿Podría sugerir que permitas a mi protegido matar a Solo sin más y aceptar su nave en pago de la deuda?
Jabba resopló y chupó de su pipa de agua pensativamente. Entonces pareció ponerse de buen humor, si es que eso era posible.
Ne voota kinja xliv. –A Jabba le gusta tu sugerencia. Perdonará la superflua vida de tu protegido.
Miró directamente a Greedo antes de hablar de nuevo. A una señal de Jabba, el droide de protocolo plateado K-8LR, levantó más la voz y tradujo todas las malvadas palabras al idioma rodiano:
Puedes traerme a Solo, para que así pueda matarle, o bien puedes matarle tu mismo y entregarme los papeles de su nave. Jabba ha visto en su sabiduría que esto debe ser así.
Greedo dio un suspiro de alivio y se inclinó servilmente.
Gracias, gran Jabba. Tu sabiduría es…
¡Na kungo! xlv ¡Pero más vale que trabajes rápido! Ahora declaro una recompensa abierta por Han Solo. ¡Y aumento el precio de su cabeza a cien mil créditos!
¡Cien mil! –dijo Goa–. Todos los cazarrecompensas del…
Sí. Es cierto. ¡Si tu protegido no puede coger a Solo, con toda seguridad algún otro lo hará!
Entonces Jabba se inclinó hacia delante y clavó una vez más sus malevolentes ojos en Greedo.
Y si no cumples nuestro trato, más vale que empieces a correr, pequeño insecto verde. ¡Tráeme a Solo, vivo o muerto!




11. La cantina


Hoy había música en vivo. Los clientes estaban de mal humor.
Greedo y Goa se sentaron en un reservado cercano a la entrada. Cuando Solo y el wookiee entraron, Solo fingió no verles, pero Chewbacca articuló un bajo gruñido cuando pasó al lado de Greedo.
Ellos saben que estamos aquí, Jabalí.
Sí. Esa es la idea. ¿Estás preparado para ejecutar el plan?
Nchtha zno ta. Fnrt pwusko vtulla pa xlvi. –No estoy seguro. Tengo un mal presentimiento.
Bien, si no estás preparado sugiero que nos dirijamos al hiperespacio, antes de que Jabba se entere. Tengo trabajo que hacer.
¿Dónde está Dyyz?
Se fue esta mañana. Se enganchó de paquete a 4-Lom y Zuckuss. Dyyz tiene un suculento contrato: un caudillo que ha decidido desalojar a los hutts del sistema Kommor.
Parece un trabajo difícil.
Muy difícil. Pero Dyyz Nataz es el hombre indicado para hacerlo. Y tú eres el cazador apropiado para liquidar a Solo, Greedo mi chico. ¿Estás preparado?
Justo entonces se produjo un alboroto en la barra. Griterío, una refriega, luego el súbito resplandor y zumbido de una espada de luz. Un brazo desmembrado voló por el aire, aterrizando cerca de la silla de Greedo. La música se paró.
Greedo y Goa se habían fijado en el viejo y el chico al entrar y habían oído al camarero echar a los droides. Goa había notado la tranquila intensidad del viejo y un pensamiento atravesó su mente: Es viejo, pero no me gustaría medirme con él en una pelea de bláster.
El recinto se quedó en un silencio sepulcral. Greedo tomó aire y ululó suavemente.
Buen trabajo para un viejo –dijo.
Debe ser un Jedi –dijo Goa–. Creía que los de su clase se habían extinguido hace mucho.
Greedo nunca había visto a un Jedi.
El recinto volvió a la vida de nuevo, la banda continuó tocando, el ayudante del camarero quitó el brazo mutilado. Alguien pidió una ronda para toda la clientela.
Mira eso, Greedo. El viejo y el chico están hablando con Solo y el wook xlvii. Vas a tener que esperar tu turno.
Greedo no respondió. Sus venas estaban hinchadas de excitación por la inesperada carnicería.
Los dos cazarrecompensas rodianos entraron y Goa les hizo una señal para que se acercaran a la mesa. Greedo miró su cerveza, concentrándose en qué le iba a decir a Solo.
Chicos… Me gustaría presentaros a Greedo… mi aprendiz. Greedo, estos son Thuku y Neesh, dos excelentes asesinos a sueldo.
Greedo levantó la mirada y vio dos pares de ojos enormes estudiándole con curiosidad distante. ¿Detectó hostilidad reflejada en esos ojos de múltiples caras? El que se llamaba Thuku tendió una mano con ventosas.
Wa tetu dat oota, Greedo xlviii.
Ta ceko ura nsha xlix–dijo Greedo, permitiendo que sus ventosas contactaran brevemente con las de Thuku. Los tres rodianos iniciaron una corta conversación, mientras Goa miraba divertido. Neesh le contó a Greedo que había oído que Jabba le había adjudicado a Han Solo como presa. Neesh parecía impresionado. Thuku advirtió a Greedo:
Solo ya ha matado a dos cobradores de facturas de Jabba… Ten cuidado, hermano. podrías ser el próximo.
Gracias por el consejo –dijo Greedo, con bravuconería–. No estoy preocupado. Tengo a Jabalí de refuerzo en caso de que Solo o el wookiee intenten alguna estupidez.
Los dos compañeros rodianos intercambiaron miradas con Goa, y Greedo creyó detectar que estaban riéndose de él en silencio. «Sí, por supuesto que ellos piensan que soy un joven idiota. Bueno, así son las cosas cuando estás empezando. Yo les enseñaré».
Entraron soldados de asalto imperiales en el bar y un minuto después, cuando Greedo miró al otro lado del recinto, Solo y el wookiee estaban sentados solos. El viejo y el chico habían desaparecido.
Después de que los imps pasaron su mesa, Goa desenfundó su bláster y lo puso en frente de él.
De acuerdo, muchacho. Esta es tu oportunidad. Si el wook trata de interferir, lo convertiré en humo rojo.
Había llegado el momento. Greedo sintió una mezcla de miedo y excitación. Cerró los ojos y reunió sus energías. De repente su mente se llenó con una brillante imagen de un mundo selvático, hojas verde neón cayendo, una reunión de pequeñas cabañas y ocupados cuerpos verdes medio desnudos. Se vio a sí mismo y a su hermano Pqweeduk, corriendo debajo de los altos árboles de tendril, corriendo hacia la aldea. Vio a su madre de pie en el claro esperándolos. Se vio a sí mismo y a su hermano corriendo hacia ella y ella les tendía los brazos y abrazaba a ambos. Entonces estaba dentro de la visión, mirando sus enormes ojos. Ella estaba llorando. «¿Qué ocurre, madre? ¿Por qué estás triste?»
«Estoy triste y estoy feliz, Greedo. Estoy triste a causa de lo que debe ocurrir. Estoy feliz porque vas a venir a casa».
Greedo salió de su trance y le atravesó un sentimiento como el de un calambrazo. «¿Qué fue eso?» –pensó.
Goa tenía los ojos clavados en él con una mirada de irritación.
Vamos, chico. ¿Vas a hacer tu jugada? Solo y el wook están empezando a marcharse.
El wookiee, Chewbacca, pasó por su mesa y desapareció en el vestíbulo. El momento perfecto había llegado. Greedo se puso de pie bláster en mano.




¿Oona goota, Solo? l ¿Vas a alguna parte, Solo?
Sí, Greedo, en realidad iba justamente a ver a tu jefe. Dile a Jabba que tengo su dinero.
Sompeetalay. Vere tan te nacht vakee cheeta. Jabba warin cheeco wa rush anye katanye wanaroska li. –Greedo se rió–. ¡Chas kin yanee ke chusko! lii. –Es demasiado tarde, deberías haberle pagado cuando tuviste la oportunidad. Jabba ha puesto un precio a tu cabeza tan alto que todos los cazadores de recompensas de la galaxia estarán buscándote. Y yo te encontré primero.
Sí, pero el caso es que ahora tengo el dinero.
Enjaya kul a intekun kuthuow liii. –Dámelo y olvidaré que te he encontrado.
No lo llevo encima. Dile a Jabba…
Tena hikikne. Hoko ruya pulyana oolwan spa steeka gush shuku ponoma three pe liv. Jabba está harto de ti. No tiene tiempo para los contrabandistas que sueltan la carga en cuanto ven un crucero imperial.
Incluso a mi me atacan muchas veces. ¿Crees que tenía alguna otra posibilidad?
Tlok Jabba. Boopa gopakne et an anpaw lv. –Eso díselo a Jabba. Quizás se conforme sólo con tu nave.
Pasando por encima de mi cadáver.




Goa vio el bláster saliendo de la funda de Solo bajo la mesa. Se relajó y se echó hacia atrás, sorbiendo su quemadura solar. «Pobre Greedo» –pensó.
Ukle nyuma cheskopokuta klees ka tlanko ya oska lvi. –Esa es la idea. Llevo mucho tiempo esperando esto.
Sí, apuesto que sí.
Con una tremenda explosión de luz y sonido el bláster de Solo lanzó un rayo de energía a través de la mesa de madera. Cuando el humo se despejó quedaba muy poco de Greedo.
Perdón por el paquete que le dejo –dijo Solo, lanzando una moneda al camarero.




Spurch Jabalí Goa se reunió con los dos rodianos en el Muelle 86, mientras ponía a punto su nave, la Nova Víbora.
El más alto, Thuku, le pasó un arcón de monedas rodianas recién acuñadas, oro puro, cada moneda acuñada con la imagen de Navik el rojo.
Los rodianos te damos las gracias, Goa. Le habríamos matado nosotros mismos, pero no podíamos dejar que se supiera que estábamos cazando a los de nuestras propias especie.
Todo su clan está sentenciado a muerte –dijo Neesh, haciendo un sonido con su nariz verde.
Goa cogió una de las monedas y la observó destellar con el sol brillante y caliente de Tatooine.
Sí… pero a decir verdad, chicos, esta es una recompensa de la que no estoy demasiado orgulloso. Al menos no tuve que matarle yo mismo. Sabía que Solo se encargaría de eso.




FIN


Notas:

i En idioma rodiano: ¿A dónde vas, Greedo? (según la traducción al inglés que figura en la página … de este mismo relato y en la adaptación al cómic por Pablo Hidalgo).
ii En idioma rodiano: ¡Por aquí, Pqweeduk! (según la traducción al inglés que figura en la adaptación al cómic de este mismo relato por Pablo Hidalgo).
iii En idioma rodiano, supuestamente: ¡Quítate de en medio, Greedo! (conjetura basada en el contexto).
iv Brillestim es el nombre de una potente droga que se extrae únicamente en las minas del planeta Kessel. También se le llama o glitterstim, de forma más genérica e informal, “especia”.
v En rodiano: ¡Crece, Pqweeduk! (según la traducción al inglés que figura en la frase que le sigue).
vi Abreviatura de imperiales.
vii En idioma wookiee, supuestamente: ¡Te pillé! (conjetura basada en el contexto).
viii En rodiano: ¡Bájame, cosa peluda! (según la traducción al inglés que figura en la frase que le sigue).
ix En idioma wookiee, supuestamente se trata de una expresión amenazante (conjetura basada en el contexto).
x En idioma wookiee, supuestamente: Nos estaba robando (conjetura basada en el contexto).
xi En rodiano: Me las pagarás (según la traducción al inglés que figura en la frase que le sigue).
xii En idioma wookiee, supuestamente: Te has pasado con él (conjetura basada en el contexto).
xiii Bebida alcohólica, espesa, de sabor amargo. Fue creada al colocar dos "luces de estrellas sorpresa" (otra bebida -en básico Starshine Surprise-) en un sólo vaso. Su nombre viene del hecho de que la mayoría de los que beben uno se quedan aturdidos, como si hubieran mirado directamente a la luz de las dos estrellas gemelas Tatoo I y Tatoo II
xiv En rodiano: ¡Wow, eso es genial! (según la traducción al inglés que figura en la frase que le sigue).
xv Cron Drift es el nombre de una región del espacio que debe su nombre a una antigua supernova multiestelar, de la que ahora queda una nebulosa.
xvi Los Moradores de la Penumbra es una banda criminal de Nar Shaddaa.
xvii Bebida alcohólica, de color verde. A menudo se sirve con espuma que se forma inyectando la bebida con gas ionizado. Algunos establecimientos usan microdescargas para iluminar el gas, haciendo que parezca un nubarrón.
xviii En huttés: ¡Seguid adelante! (según la traducción de la misma frase que el droide portero TT-8L/Y7 y Bib Fortuna dicen a C-3PO en el Episodio VI: El Retorno del Jedi).
xix En huttés, supuestamente: ¡Llegáis tarde! (conjetura basada en el contexto).
xx En huttés, supuestamente se trata de un saludo respetuoso y pomposo a Jabba (conjetura basada en el contexto).
xxi En huttés, supuestamente se trata de una expresión de agrado por el halago recibido (conjetura basada en el contexto).
xxii En huttés, supuestamente se trata de la presentación de Greedo como su joven protegido (conjetura basada en el contexto).
xxiii En huttés, supuestamente se trata del ofrecimiento del trabajo de cobrar una deuda a Han Solo (conjetura basada en el contexto).
xxiv En idioma wookiee, supuestamente exclamación de disgusto o maldición (conjetura basada en el contexto).
xxv En idioma wookiee, supuestamente: ¿Escapar? ¿Por qué? (conjetura basada en el contexto).
xxvi En rodiano: Jabba no cree que parásitos de la columna vertebral digan la verdad, Solo (según la traducción al inglés que figura en la frase que le sigue).
xxvii En rodiano: De acuerdo, entonces dame el dinero, Solo (según la traducción al inglés que figura en la frase que le sigue).
xxviii En rodiano: Luego Greedo se ira por su camino (según la traducción al inglés que figura en la frase que le sigue).
xxix En rodiano: No, ve a buscarlo ahora mismo. Esperaré (según la traducción al inglés que figura en la frase que le sigue).
xxx En rodiano: Qué sean cuatro mil créditos (según la traducción al inglés que figura en la frase que le sigue).
xxxi Es una bebida alcohólica mezclada, llamada así porque la mayoría de los que la beben notan un campo de estrellas girando delante de sus ojos como si se hubieran golpeado contra el suelo. Debido a que era excepcionalmente fuerte, raramente se servía a humanos y a la mayoría de las razas cuasi-humanas.
xxxii Pársec: unidad astronómica de medida de longitud equivalente a 3,2616 años luz o 30.857.345.280.000 kilómetros, es decir, más de 30 billones de kilómetros).
xxxiii En rodiano: Gracias, Goa (según la traducción al inglés que figura en la frase que le sigue).
xxxiv En rodiano: ¿Disfrutas de tu desayuno, Solo? (según la traducción al inglés que figura en la frase que le sigue).
xxxv En rodiano: No tiene gracia, Solo. Dame el dinero (según la traducción al inglés que figura en la frase que le sigue).
xxxvi En rodiano: ¡El dinero! ¿O prefieres explicárselo a Jabba personalmente? (según la traducción al inglés que figura en la frase que le sigue).
xxxvii En idioma wookiee, de traducción desconocida.
xxxviii En rodiano, supuestamente: ¡Suéltame! (conjetura basada en el contexto).
xxxix En idioma wookiee, supuestamente, expresión de asentimiento (conjetura basada en el contexto).
xl En idioma wookiee, supuestamente: ¡Ha desaparecido! (conjetura basada en el contexto).
xli En idioma wookiee, supuestamente, expresión de prudencia o advertencia (conjetura basada en el contexto.
xlii En idioma wookiee, de traducción desconocida.
xliii En huttés, supuestamente, expresión de desagrado (conjetura basada en el contexto).
xliv En huttés, supuestamente, expresión de agrado (conjetura basada en el contexto).
xlv En huttés, supuestamente, ¡Ya basta! (conjetura basada en el contexto).
xlvi En rodiano: No estoy seguro. Tengo un mal presentimiento (según la traducción al inglés que figura en la frase que le sigue).
xlvii Abreviatura de wookie.
xlviii En rodiano, se trata de un saludo (conjetura basada en el contexto).
xlix En rodiano, se trata de un saludo (conjetura basada en el contexto).
l En rodiano: ¿Vas a alguna parte, Solo? (según la traducción al inglés que figura en la frase que le sigue y basado en los subtítulos del Episodio IV: Una nuevas esperanza).
li En rodiano: Es demasiado tarde, deberías haberle pagado cuando tuviste la oportunidad. Jabba ha puesto un precio a tu cabeza tan alto que todos los cazadores de recompensas de la galaxia estarán buscándote (según la traducción al inglés de la frase que le sigue y en los subtítulos del Episodio IV: Una nuevas esperanza).
lii En rodiano: Y yo te encontré primero (según la traducción al inglés de la frase que le sigue y en los subtítulos del Episodio IV: Una nuevas esperanza).
liii En rodiano: Dámelo y olvidaré que te he encontrado (según la traducción al inglés de la frase que le sigue y en los subtítulos del Episodio IV: Una nuevas esperanza).
liv En rodiano: Jabba está harto de ti. No tiene tiempo para los contrabandistas que sueltan la carga en cuanto ven un crucero imperial (según la traducción al inglés de la frase que le sigue y en los subtítulos del Episodio IV: Una nuevas esperanza).
lv En rodiano: Eso díselo a Jabba. Quizás se conforme sólo con tu nave (según la traducción al inglés de la frase que le sigue y en los subtítulos del Episodio IV: Una nuevas esperanza).
lvi En rodiano: Esa es la idea. Llevo mucho tiempo esperando esto (según la traducción al inglés de la frase que le sigue y en los subtítulos del Episodio IV: Una nuevas esperanza).