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lunes, 30 de mayo de 2011

T. H White Camelot INTRO





T. H White

Camelot


Camelot es uno de los libros (o conjunto de libros) que más han influido al conocimiento actual del ciclo artúrico, vía Hollywood. No sólo dos partes diferentes del libro han dado lugar a sendas películas (Camelot y La espada en la roca), sino que la mayor parte de las adaptaciones al cine, con la notable excepción de Excalibur, y a otros medios tienen una marcada influencia de esta obra. Dicho esto hay que dejar claro que, pese a lo que diga en las cubiertas, ésta no es una novela histórica sino, claramente, una novéla de fantasía que tiene una serie de anacronismos que pueden provocar convulsiones tanto a los aficionados a la novela histórica como a los puristas del ciclo artúrico: el autor sitúa los acontecimientos en torno al año 1200, los caballeros son normandos, los campesinos sajones, aparece (cómo no) Robin Hood, etc. Además tiene abundantes elementos fantásticos. Todo esto sitúa al libro claramente en el terreno de la fantasía.
White trata de unificar el conjunto principal de las leyendas artúricas en este libro, una meta enormemente ambiciosa que no alcanza el éxito, pero se acerca bastante. A su favor tiene que usa una prosa ágil en la que los acontecimientos de la saga se suceden sin lastrar el libro con momentos repetitivos como las, a veces interminables, series de torneos y batallas, que White narra de forma elíptica, cuando no aportan a la narración. Pese a tratarse de un libro de más de 800 páginas, el autor emplea una relativa economía narrativa para centrarse en los acontecimientos que definen a los personajes y sus relaciones mutuas. De esta forma se consigue que las distintas partes del libro mantengan cada una un punto de vista definido y que sus tramas no se atasquen.
Pero ahí surge el problema. Las propias aspiraciones del autor hacen que este libro en conjunto sufra de un problema de foco: las cuatro partes que lo componen no están bien enlazadas y emplean puntos de vista muy diferentes, de forma que es posible que al lector le interesen unas partes más que otras. A medida que avanza la narración, la comedia se va convirtiendo en tragedia, el elemento fantástico desaparece, los personajes cambian y los protagonistas se ven desplazados unos por los otros.
La primera parte, “La espada en la piedra”, narra la niñez de Arturo, antes de su ascenso al trono y su educación por parte de Merlín. Esta parte está narrada como una historia humorística, con un cierto tono infantil (aunque repleto de parábolas políticas). El elemento fantástico es común, abundan las transformaciones mágicas y las criaturas legendarias. Durante su educación, Arturo participa en toda clase de aventuras fabulosas y va descubriendo las verdades sobre la vida.
La segunda parte, “La reina del aire y las tinieblas”, es la más corta y cuenta hechos del comienzo del reinado de Arturo. En esta parte el discurso político es más evidente, pero el tono sigue siendo de comedia. Aunque Arturo sigue siendo el protagonista de la historia, se ve desplazado en ocasiones por el trío formado por el Rey Pelinor, Sir Grummore y Sir Palomides, que aportan gran parte del elemento humorístico. Aunque el elemento fantástico sigue estando presente, disminuye bastante e incluso se ve negado en algunos momentos. Probablemente esta parte sea la más floja de las cuatro, aunque es en la que se introducen gran parte de los personajes principales del libro.
La tercera parte, “El caballero malhecho”, se centra en la relación entre Lanzarote y la Reina Ginebra y es la mejor en mi opinión. Arturo prácticamente es un comparsa en una historia en la que el protagonismo recae en Lanzarote, contándonos su vida desde su juventud hasta su madurez, con su búsqueda de la pureza, sus caída y sus intentos de redención. A través de los sufrimientos y tribulaciones de Lanzarote se va desarrollando su personaje y, a través de su relación con él, se desarrolla el de Ginebra, siendo ambos los personajes mejor perfilados de la trama. En esta parte el aspecto humorístico desaparece, el político está muy reducido y el fantástico toma una dimensión mítica, a través de los intentos de ser el caballero perfecto y de la búsqueda del Grial, que lo hace muy diferente del resto del libro.
La cuarta y última parte, “Una vela al viento”, aunque sigue dándole importancia a los personajes de Lanzarote y Ginebra, se centra en un Arturo recuperado en su decadencia y que intenta lograr la supervivencia de sus ideales en unas circunstancias cada vez menos favorables. El aspecto humorístico ha desaparecido, así como el fantástico (salvo en la ambientación) y toda la parte final se desarrolla en un ambiente de tragedia, rematado por un final ambiguo pero que da pie a un cierto optimismo.
Además, editada de un modo póstumo en 1977, apareció El Libro de Merlín, título que sirve de divertida conclusión a toda la saga: Una divertida y deliciosa fábula moral sobre la estupidez humana y el efecto devastador de toda guerra, protagonizada por el rey Arturo y el mago Merlín, al tiempo que un alegato a favor del individualismo, la democracia y el pacifismo