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lunes, 18 de abril de 2011

Oscar Alfaro, príncipe de la poesía para niños -- EL BARCO PRIMAVERA






EL BARCO PRIMAVERA
El barco Primavera iba flotando sobre el río. Estaba cargado de mariposas, que
bailaban alegremente en la cubierta. Los músicos negros, o sea los grillos, tocaban una
orquesta de jazz y las mariposas bailaban pieza tras pieza. De pronto, dos de ellas se
marearon de tanto bailar y cayeron al agua.
La alegría era tan grande en el barco que todas las demás continuaron danzando,
sin darse cuenta de lo ocurrido.
—¡Socorro!... —gritaban las pobres náufragas. Pero el barco, lleno de música,
siguió adelante, sin que nadie las oyera.
—¡Socorro!... —Y sus alas empapadas, en vez de ayudarlas a levantar el vuelo, las
arrastraban hacia el fondo.
Ya se hundían definitivamente, cuando una de ellas alcanzó a ver una isla redonda y
roja como un rubí. En realidad era una gran flor que flotaba en el agua, pero ellas dijeron:
—¡Qué suerte! ¡Hay una isla en la distancia!...
—¡Nademos hacia allí!...
Claro está que las pobrecillas no podían nadar, pero hizo la casualidad que la
corriente arrastrara la flor hasta donde ellas estaban.
—Ya llegamos.
—¡Arriba!...
Y las dos náufragas se prendieron de la flor con todas sus patas. Un esfuerzo más
y estuvieron arriba.
—¡Pero qué isla más bella! ¡Está llena de fragancia!... —dijo una de ellas aspirando
con deleite el aroma de la flor.
—Y no sólo de fragancia. ¡Si esta isla está llena de miel!... Basta chupar en cualquier
lugar y la miel sale a chorros...
—No hay mal que por bien no venga.
—Vale la pena haber perdido el barco si vinimos a dar a una isla que es un pedazo
de paraíso.
A lo lejos se perdía el barco lleno de luces.
—¡Qué pronto llegó la noche!...
—¿Quién alumbrará la embarcación?
—¿No lo sospechas?
—Francamente, no.
—Pues son las luciérnagas marinas. Nadie como ellas para dirigir un barco en la
noche.
Y nuestras amigas clavaron la vista en la embarcación hasta que se perdió en la
lejanía. En ese momento salió la Luna y el agua se tino de luces y colores. El paisaje era
bellísimo y una de las mariposas se puso romántica y dijo, lanzando un suspiro:
—¡Soy un ser tan feliz...!
—No somos náufragas sino veraneantes-contestó la otra.
—Verdad, estamos en la isla de las delicias...
—¿Pero no has notado una cosa? ¡La isla se mueve!...
En ese instante la flor giró sobre sí misma, impulsada por la corriente.
—¿Y eso?...
—Lo que te dije. ¡La isla se mueve!...
—¡Qué horror! ¿Y qué hacemos ahora?
—Nada. Esperar...
—¿Y si se hunde?
—Una isla no se hunde tan fácilmente.
—Pero ésta debe ser de origen volcánico, por eso tiene el color de fuego. ¿Y si arroja
lava y nos carboniza?
—No seas exagerada, que eso no ocurrirá.
—¿Y si ocurre?
—Mira, duérmete tranquila, que mañana trataremos de hallar un lugar más
seguro.
—Creo que tienes razón.
Y las dos mariposas cerraron los ojos. Al otro día el Sol brilló sobre el río y las
náufragas despertaron dulcemente.
—¡Mira! ¡La isla se hunde! ¡Apenas queda una porción de ella sobre el agua!...
—¡Vámonos pronto!...
—¿Pero cómo?
—Pues, volando. ¿No ves que ya tenemos las alas secas?
—Es cierto. ¡A volar, pues!...
Y las dos desplegaron las alas y se remontaron al cielo. En ese momento una gran
ola del río acabó de hundir a la flor.
—¡Nos salvamos por milagro!... —exclamó la más tímida, estremeciéndose al ver
aquella catástrofe.
—¿En qué dirección volamos?
—Espera, que me voy a orientar... Pero... ¿Qué veo?... ¡Si allá cerca está el barco!...
—¡Imposible!
—Sí, es nuestro barco.
—¿Pero cómo puede estar tan cerca si anoche lo perdimos de vista?
—Ha debido regresar a buscarnos.
La verdad era que toda la noche la flor había corrido tras el barco, siguiendo la
misma corriente. Pero esto no lo sabían ni les interesaba a nuestras amiguitas, que
siguieron volando y, al poco rato, cayeron sobre el barco, locas de alegría.
Las demás las recibieron con júbilo indescriptible. La música volvió a sonar más
alegre que nunca y las dos se unieron a la danza. Y el barco Primavera siguió navegando por
el río.