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lunes, 18 de abril de 2011

Oscar Alfaro, príncipe de la poesía para niños -- EL TIGRE Y LAS HORMIGAS






EL TIGRE Y LAS HORMIGAS
Una hormiga colorada caminaba por las zarpas de un tigre dormido, cuando éste
despertó y...
—¿Cómo te atreves a caminar por las garras del animal más feroz de la tierra?
—Perdóname, lo hice sin darme cuenta.
—Eso es todavía mayor delito, no darte cuenta de que estás frente a un tigre, no
temblar de terror ante su sola presencia.
—Es que no corro peligro frente a ti. Tú no me puedes devorar, en cambio yo...
—¿Qué ibas a decir?
—Que yo sí puedo devorarte.
—¡Qué insolencia sin nombre!... ¡Muere, insecto vil!...
Y el tigre lanzó una tremenda dentellada, pero sólo logró morderse la pata. Y la
hormiguita quedó ilesa.
—Yo y mis hermanas podemos vencer a todos los tigres del mundo —habló de
nuevo la hormiguita.
El tigre echó llamaradas por los ojos.
—¡Te mataré como a una pulga! —Unió sus poderosas zarpas, sin conseguir atrapar
a su pequeña enemiga.
—Me voy, ya ves que no puedes hacerme nada —dijo entonces la hormiga—, y no
olvides que mi desafío queda en pie. Las hormigas que constituimos la multitud podemos
vencer a cualquier tirano sanguinario
Y se fue, levantando la cabeza altivamente.
El tigre sufrió un ataque de nervios de pura rabia.
—¡No dejaré hormiga en pie sobre la tierra! —bramó. Y se fue siguiendo los pasos de
nuestra diminuta amiga, que muy dueña de sí misma caminaba hacia el hormiguero.
—Si dejo que una simple hormiga me falte el respeto, ¿ qué no harán los demás
animales ? —seguía razonando el tigre, mientras los ojos se le llenaban de sangre.
La hormiguita, al parecer, ajena a la persecución de su feroz enemigo, seguía
caminando sin dignarse volver la cabeza. Llegó al hormiguero, abrió la puerta, entró y la
cerró con la mayor tranquilidad.
—¡Aplastaré el hormiguero de un solo zarpazo! —dijo entonces el tigre y ¡zas! el gran
rascacielo de las hormigas se vino abajo ruidosamente.
—¡Terremoto!... ¡Terremoto!... —gritaban las pobrecillas, corriendo de un lado para
otro, sin saber en qué sentido orientarse.
—Nada de terremotos. ¡Es el tigre que nos ataca! —dijo la hormiga que había
lanzado el desafío—. Prepárense para defenderse.
El tigre, después de aplastar el primer hormiguero, saltó sobre el próximo y lo hizo
polvo. Luego sobre el siguiente... Y así continuó hasta no dejar ni un solo hormiguero
sobre la selva.
—¡He destruido todas sus ciudades fortificadas! ¡No quedará ni una hormiga viva
para contar la historia! —dijo al fin, frotándose las zarpas con satisfacción.|
De repente sintió un fuerte escozor en la
punta de la cola, después en una pata, luego en la
otra y en la otra. Eran las hormigas que le
trepaban por las cuatro patas, formando cuatro
gruesas columnas.
El tigre trató de escapar, pero era imposible.
Toda la selva estaba cubierta de hormigas.
—¡Defiéndete, ahora, tirano carnicero!... —
le gritaron enfurecidas.
En menos de lo que se tarda para contarlo, el tigre se convirtió en un montón
hirviente de hormigas y rodaba por el suelo, lanzando horribles rugidos de dolor.
Después de una hora de revolcarse en la tierra, el pobre tigre entró en agonía.
Antes de que expirara, la hormiga que había lanzado el desafío se le paró sobre la nariz y
le dijo:
—Comprende ahora que tu poder no es ilimitado. Y que la multitud enfurecida
puede acabar con el monarca más poderoso de la tierra.
El infeliz oyó esto sin comprender una sílaba porque ya tenía los ojos nublados por
la muerte. Y cuando el día clareó sobre la selva, sólo se vio el esqueleto blanco de un tigre,
levantando las zarpas al cielo.